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Caleidoscopio
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Acqua que no has de beber

En 1659, cincuenta y nueve años después de la ejecución del filósofo Giordano Bruno en el mismo lugar, la hoguera de la Piazza dei Fiori de Roma quemó vivas a varias mujeres, acusadas de integrar una red de envenenadoras que había acabado con 600 hombres.

Giulia Toffana, la inspiradora del grupo, murió ahorcada en la Piazza; su hijastra Girolama Spana sufrió un destino de hoguera junto con algunas colaboradoras del negocio de su madrastra. Se conservan sus nombres Giovanna de Grandis, Maria Spinola, Laura Crispolti y Graziosa Farina.

Giulia era una boticaria siciliana, nacida en Palermo a fines del siglo XVI, que había inventado el "acqua toffana" (agua toffana), posiblemente una solución de sales de arsénico y plomo con belladona.

Giulia padecía como en carne propia el sufrimiento de las mujeres humildes sometidas a malos tratos por sus maridos en tiempos de patriarcalismo sin discusión, y usó sus conocimientos quimicos con intención de arreglar las cosas.

El agua toffana era un veneno indetectable con los recursos del análisis químico de entonces. Era incolora, insípida y transparente y llegaba a manos de las futuras viudas como cosmético, apenas agua de tocador.

Se podía administrar agregando unas gotas a la comida, de modo que produjera su efecto en días o en meses, y que el desenlace pasara por muerte natural, sin sospechas.

El arsénico es un metal pesado, venenoso como el mercurio o el plomo porque reemplaza al zinc, al calcio y al hierro en el interior de las células, impide la producción de energía y el cuerpo no puede eliminarlo.

En el juicio que precedió al desenlace en la Piazza, Julia y las mujeres que la ayudaban a distribuir el agua, algunas monjas y otras boticarias, fueron encontradas culpables de 600 asesinatos pero el número seguramente no es real porque fue arrancado con tortura.

Julia había montado una red de distribución del agua toffana a cientos de mujeres que en las condiciones de la época debían aguantar el maltrato de sus maridos sin ningún respaldo legal ni social, sobre todo si eran pobres.

La condición de pobres era crucial para Julia, aunque no excluyente, posiblemente por su infancia y juventud en Palermo y porque su propia madre, Teofanía di Adamo, fue ahorcada por envenenar a su marido, lo que convirtió a Julia en huérfana a los siete años.

En Palermo y luego en Nápoles y en Roma montó una red de distribución de su veneno. Todo anduvo durante décadas como lo había ideado, hasta que una clienta se arrepintió de la intención de matar a su marido y confesó el plan.

Buscada por la policía, Giulia se refugió en una iglesia, donde obtuvo asilo. Pero el rumor de que había envenenado el agua de Roma hizo que la policía forzara la entrada a la iglesia.

Giulia fue arrestada. Torturada por la policía papal, confesó haber facilitado a lo largo de décadas la muerte de unos 600 maridos golpeadores.

Giulia no era feminista según se entiende el feminismo en la actualidad; pero era justiciera en el sentido de que no toleraba la injusticia y estaba dispuesta a pasar a la acción. En aquellos tiempos no había divorcio y las mujeres eran propiedad legal de sus maridos, lo que dejaba habitualmente impunes los feminicidios.

Solo como conjetura extemporánea: quizá su idea sumaria y ejecutiva de la justicia hubiera llevado a Giulia a coincidir en parte con el manifiesto Scrum de la estadounidente Valerie Solanas, cuatro siglos posterior ya que fue escrito en la década de los 60 del siglo XX: según Valerie los hombres han creado una sociedad basada en la violencia, la explotación económica y la subordinación de las mujeres.

Giulia hizo lo que pudo, lejos sin embargo de las propuestas extremas de Valerie para abrogar el mundo masculino: construir un mundo utópico habitado solo por mujeres, condición ideal que solo se alcanzaría después de exterminar a los varones, abolir el dinero y automatizar el trabajo.

La guerra ancestral entre los sexos continúa con aspectos externos diferentes según las épocas, pero movidos por la misma fuerza interior. En la Grecia clásica Lisístrata propuso a las atenienses, según Aristófanes, una huelga de relaciones sexuales hasta que sus maridos terminaran con la guerra del Peloponeso. Giulia fue menos ingenua con su propia guerra, pero pagó un precio mayor.
De la Redacción de AIM.

Fuente: AIM
Construcci´n de un mundo utópico quemadas hoguera Giulia Toffana

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