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La lucha contra la crisis climática se complica sin Rusia

Sin la ayuda de Rusia, los climatólogos se preocupan de cómo podrán continuar con su trabajo de documentar el calentamiento en el Ártico.

En campos científicos con profundas implicaciones para el futuro y el conocimiento de la humanidad, la incursión del presidente ruso Vladimir Putin en Ucrania está provocando un rápido y amplio deterioro de las relaciones y proyectos que unían a Moscú y Occidente. La construcción de puentes mediante la ciencia después de la Guerra Fría se está desmoronando a medida que las naciones occidentales buscan castigar y aislar al Kremlin secando el apoyo a los programas científicos que involucran a Rusia.

Los costos de este desacoplamiento, consideran los científicos, podrían ser altos para ambos lados. Abordar el cambio climático y otros problemas será más difícil sin colaboración y se perderá tiempo. Rusos y occidentales se han vuelto dependientes de la experiencia de los demás, ya que han trabajado juntos en acertijos que van desde desbloquear el poder de los átomos hasta lanzar sondas al espacio. Separar la densa red de relaciones será complicado.

El robot de Marte planeado por la Agencia Espacial Europea (AEE) con Rusia es un ejemplo. Los conjuntos de sensores rusos para olfatear, rastrear y estudiar el entorno del planeta puede que tengan que ser desarmados y remplazados y encontrar un cohete lanzador no ruso si la suspensión de su colaboración se vuelve una ruptura duradera. En ese caso, el lanzamiento, no podría darse antes de 2026.

“Necesitamos desenredar toda esta cooperación que teníamos. Es un proceso muy complejo, doloroso, también les puedo decir”, señaló el director de la ESA, Josef Aschbacher, en una entrevista con Associated Press. “La dependencia mutua, por supuesto, crea también estabilidad y, hasta cierto punto, confianza. Esto es algo que perderemos, y lo hemos perdido ahora, con la incursión de Rusia en Ucrania”.

La indignación internacional y las sanciones a Rusia están dificultando o imposibilitando las colaboraciones formales. Los científicos que se hicieron amigos se mantienen en contacto de manera informal, pero sus proyectos, grandes y pequeños, se desconectan. La Unión Europea está congelando a las entidades rusas fuera de su principal fondo de investigación de 105 mil millones de dólares, suspendiendo los pagos y diciendo que no obtendrán nuevos contratos. En Alemania, Gran Bretaña y otros lugares, también se está retirando la financiación y el apoyo para proyectos que involucran a Rusia.

En Estados Unidos, el Instituto Tecnológico de Massachusetts rompió lazos con un centro de investigación que ayudó a establecer en Moscú. La universidad más antigua y más grande de Estonia no aceptará nuevos estudiantes de Rusia y su aliado Bielorrusia. El presidente de la Academia de Ciencias de Estonia, Tarmo Soomere, consideró que la ruptura de las conexiones científicas es necesaria pero también dolerá.

“Estamos en peligro de perder gran parte del impulso hacia un mejor futuro. A nivel mundial, corremos el peligro de perder el punto central de la ciencia: obtener información nueva y esencial y comunicarla a otros”, agregó.

Lev Zelenyi, destacado físico del Instituto de Investigación Espacial de Moscú que participó en la colaboración ahora suspendida en el robot ExoMars, describió la situación como “trágica”. Por correo electrónico, declaró que él y otros científicos rusos ahora deben “aprender a vivir y trabajar en este nuevo entorno no propicio”.

El distanciamiento creciente también es impulsado por las autoridades rusas. Una orden del Ministerio de Ciencias sugirió que los científicos ya no necesitan molestarse en publicar investigaciones, pues ya no se utilizarán como puntos de referencia para la calidad de su trabajo.

Fuente: La Jornada

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