A las 9 de la mañana, dos horas antes de la apertura de puertas, ya había una multitud frente al Polideportivo Gatica. No hay un vallado que organice la fila en toda su extensión, que al mediodía ya superaba las 50 cuadras. El último de la cola estaba a la altura de la sede de Independiente... Recorre tres localidades: Avellaneda, Sarandí y Domínico.
Una hora después, a las 13:30, se había prolongado diez cuadras más, hasta alcanzar la intersección de la avenida Hipólito Yrigoyen y la calle Obreros de la Negra.
Está formada de manera espontánea, por ahora sin incidentes, en el centro de la avenida Mitre. A sus lados, marcando los límites, aparecen cientos de puestos de merchandising y comida, dos filas interminables de gazebos.
Por magnitud, cantidad de gente, ya lo comparan con los funerales de Néstor Kirchner y Diego Armando Maradona, los dos en Casa Rosada (el del futbolista fue en pandemia y terminó abruptamente, con incidentes).
Nadie sabe con certeza cuánta gente puede llegar hoy hasta Villa Domínico. La familia prometió que el sepelio va a continuar “hasta que haga falta”.
Hay un anillo de seguridad alrededor del Parque de los Trabajadores, en Villa Domínico, Avellaneda. Todos el perímetro está cortado. Hay desplegados más de 700 efectivos de la policía, entre motorizados y de infantería. También participan los bomberos y Defensa Civil, entre otras instituciones.
Desde que la familia del Indio Solari reveló dónde sería velado el artista, comenzó la procesión de fanáticos desde distintos puntos del país hasta el lugar.
Algunos pasaron la noche acá. Parte de un grupo de Laferrere que llegó a las 23 horas sigue durmiendo en la vereda, al reparo del frío y el rocío, bajo un balcón.
Un grupo de Isidro Casanova expresa su luto desde la 1 am con una enorme bandera negra.
Los bomberos van por la fila viendo si hay gente descompuesta, discapacitados, familias con chicos y les dan prioridad para entrar a la capilla ardiente.
Hay puestos de merchandising improvisados en la calle y también una buena cantidad de parrillas.
Las remeras se venden a 20 mil pesos y buzos a 40 mil. “Estoy viendo la oferta, pera que recién baje”, se escucha decir a un muchacho envuelto en una bandera. “Esto es como ir caminando por la calle Avellaneda”, dice.
La gente entra de forma ordenada, con banderas o lo que traen consigo.
Hay escenas de emoción a flor de piel. Gritos de dolor y personas que se tiran al piso para expresar su pena. Mucha gente llorando.
La marea humana que compone la fila, matiza la espera cantando temas de los Redonditos de Ricota. Pero también se expresa políticamente: cantan “traigan al gorila de Milei” y “la patria no se vende”.
La Capilla Ardiente
La fila ingresa ordenada al Microestadio Gatica, pintado de verde. La organización va haciendo entrar al público por tandas. El flujo es continuo, prácticamente no hay momentos de espera.
El clima de fiesta cambia radicalmente al ingresar a la capilla ardiente, donde todo es emoción. Reina el silencio y se escucha el llanto de los seguidores del Indio.
Hay una serie de cuadros expuestos. “Es el arte digital que hacía el Indio”, explica un fanático.
La fila pasa frente al ataúd que contiene los restos mortales del Indio Solari, que es de madera, tiene ocho herrajes plateados y está cerrado.
Alrededor hay flores, banderas y remeras que ofrendan los fanáticos.
Los voluntarios contienen a aquellos que parecen más golpeados por la emoción.
Está solo, sin personas a su alrededor, a tres metros del vallado. Detrás, hay una pantalla LED que dice “INDIO, 1949-infinito”, nada más.
“Por siempre en mi corazón, desde Mendoza, miles de kilómetros, pero valió la pena cada maldito segundo”, dice una chica llorando mientras despliega una bandera frente a los fotógrafos. Acaba de despedir a su ídolo.
La escena se repite en loop. La gente sale de la capilla ardiente desconsolada. Lloran, se abrazan con amigos, familiares, parejas, se dan la mano, unos consuelan a otros. Algunos necesitan sentarse en la vereda para recomponerse. Amablemente, los voluntarios de la organización (muchos de ellos también lloran) les piden que circulen para evitar el amontonamiento de gente.
Algunas lágrimas se ocultan al reparo de los lentes de sol, pero muchas otras fluyen a la intemperie.
“Está en nosotros, loco, vamos”, dice otra mujer al salir.