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Nuevamente, la ciencia corrobora el daño de los agroquímicos

El licenciado en química Damián Marino explicó los resultados de los estudios que evidencian las consecuencias de los agroquímicos

"Con la ciencia demostramos cómo los plaguicidas dañan la salud" Damián Marino es doctor en ciencias exactas, investigador del Conicet, licenciado en química con orientación en química orgánica y durante su carrera realizó diversos estudios de la contaminación ambiental derivada de las actividades agropecuarias en la región pampeana. Uno de ellos es específico sobre la escorrentía de glifosato y su presencia en el agua de lluvia y el suelo subterráneo en el área cercana de campos agrícolas en Argentina.

Durante un conversatorio, realizado junto a los científicos Delia Aiassa (Universidad Nacional de Río Cuarto) y Rafael Lajmanovich (Conicet-Universidad Nacional del Litoral), que trató sobre la evidencia científica acumulada por la ciencia digna argentina y a nivel mundial, Marino se explayó sobre las derivas de agroquímicos y sus consecuencias y advirtió que, cuando llegan a trabajar a un lugar determinado, “terminamos demostrando lo que los vecinos ya sabían. Lo único que hubo en el tiempo es pérdida de vidas que no deberían haber ocurrido”. El químico también remarcó que “Argentina debe comenzar a debatir de una vez por todas qué modelo de agricultura quiere para el futuro”.

“Como decía Pepe Mujica, «la crisis no es ecológica sino política». Cuando uno revisa la bibliografía nacional, hablamos no ya de cientos sino de miles de publicaciones. Otros investigadores del mundo están publicando trabajos y resúmenes que indican que Argentina y Brasil lideran los estudios en el ingreso de plaguicidas en los ambientes y en los efectos sobre la biota y en salud humana”, expresó el investigador. “Me siento muy incómodo en tener que decir o poner datos en estas cuestiones cuando lo único que hacemos nosotros es, con algunos ensayos y artesanías, demostrar lo que viven en carne propia los distintos habitantes a lo largo y ancho del país y de Latinoamérica”, sentenció.

El especialista en química detalló que “en los campamentos socioambientales en los que trabajamos aparece la matriz epidemiológica como dato y se obtiene la matriz ambiental de exposición por aire, por agua o por suelos. Vemos así que en aquellos lugares donde la matriz aire es complicada hay problemas de salud respiratoria. Donde la matriz agua es complicada hay problemas de salud digestivos”.

En todas partes

“Cuando uno va a un lugar y aplica, llamémosle «la ciencia», con toda su parafernalia, terminamos demostrando lo que los vecinos ya sabían. Lo único que hubo en el tiempo es pérdida de vidas que no deberían haber ocurrido. Lo digo porque necesito decirlo”, resaltó y prosiguió: “Hace más de 20 años que estudiamos los plaguicidas en el ambiente. No sabemos más donde buscarlos porque ya los encontramos en grandes cuencas hídricas, en aguas subterráneas, en suelos, en sedimentos de fondo y en la biota”.

“Demostramos también en 2017 que era falso aquel cuento, de los cuales los medios de comunicación hegemónicos fueron cómplices, al instalar que se podía tomar un vaso de glifosato y no hacía nada o que esa sustancia era pseudopersistente en suelos. Es decir que demostramos que sí llega al suelo, se acumula y permanece durante años. No es que lo toca y desaparece”, disparó refutando las afirmaciones del entonces secretario de Agroindustria del gobierno de Mauricio Macri, Luis Etchevere.

Lluvia de glifosato

“Este año salió la publicación que demostró que el glifosato es pseudopersistente en aguas superficiales. Es decir que los ríos y arroyos tienen glifosato durante todo el año. Demostramos además que está presente en el agua de lluvia, lo que pone a toda la población frente a una misma exposición.

No es que hay diferencia entre quienes viven en el campo, los de sus alrededores y los habitantes de las grandes ciudades. Ante eso estamos todos iguales. Y hablo del glifosato porque es la columna vertebral del modelo del agronegocio de hoy pero el glifosato tiene muchísimos amigos”, explicó en referencia al cóctel de agrotóxicos que acompañan a las numerosas formulaciones químicas que introdujo el modelo de agricultura industrial que asocia el paquete tecnológico basado en transgénicos más agroquímicos.

“A las mezclas de sustancias conocidas se incorporan permanentemente nuevos elementos químicos sintéticos, de los cuales sabemos poco y nada. Así fue como nos pasó en su momento y nos llevó 20 años generar toda esta información que hoy tenemos sobra sobre la mesa. Leemos constantemente que se incorporan sustancias cuya información es tremendamente escasa y no hay en ese marco ningún sistema científico que pueda acompañar esa dinámica de la agroindustria que incorpora moléculas nuevas poco conocidas y cuyos efectos sobre el ambiente y la población se desconocen”, advirtió.

Disculpas

“Debo pedir disculpas porque no hay forma de sostener esa dinámica y esa presión del actual modelo de agronegocio. Por lo tanto, lo que está por delante es discutir qué modelo de agricultura queremos para Argentina. Evidencias sobran y no solo científicas sino que la clave está en el mensaje de las comunidades a lo largo y ancho del país que relatan lo que ven, viven, les falta y las consecuencias y situaciones que hoy están viviendo”.

Finalmente, Marino aseguró que “no hay ciencia que transforme esto de una manera única. Es un trabajo y un desafío que hayque discutir para determinar cuáles son los retos que tenemos por delante porque lo debemos hacer entre todos y todas”.

Fuente: La Capital

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