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Salas culturales a la intemperie y al borde de la extinción

Este martes se conoció que una tradicional sala-taller de teatro independiente cierra sus puertas. “No alcanzamos a cumplir los 20 años”, lamentó a AIM Carlos Vicente, uno de los gestores de Saltimbanquis. Esta actividad cultural, junto con la de los múltiples talleres de expresión y artes son las más golpeadas por las restricciones impuestas por las medidas sanitarias por la pandemia de Coronavirus. También son las que no cuentan con ayuda suficiente para afrontar el freno total de los ingresos. La Red de Espacios Culturales Autogestivos todavía aguarda las promesas de ayuda realizadas por la Provincia.

El “darwinismo social” que ha impuesto las medidas sanitarias para evitar el Covid-19 poco a poco se va llevando algunas actividades imposibilitadas de abrir sus puestas en una extraña cuarentena. De las más golpeadas, las primeras en tomar un respiro fueron bares y restaurantes que fueron habilitadas en pleno pico de casos en la capital provincial. Luego de batallar y protestar, ayer dieron vía al pedido de los gimnasios de poder retomar el trabajo. Pero las salas y talleres culturales siguen sin poder llevar adelante sus propuestas. Y quizás cuando se anuncien las habilitaciones sea tarde, porque muchas habrán desaparecido. El cierre de Saltimbanquis hoy cayó como un balde de agua fría para los más despistados, pero era un escenario que se preveía. Justamente esta Agencia entrevistó a su responsable, Carlos Vicente hace unos días en oportunidad realizar una colecta para trabajadores vinculados con esta actividad en situación desesperante. Este martes, con la voz quebrada por la tristeza, contó que ya no pudieron más. “Cerramos, son siete meses sin trabajar, es insostenible e insoportable la situación; no le encontramos la vuelta. Es muy difícil sostener económicamente”, contó. El dramaturgo planteó que el Gobierno debe hacerse cargo de las salas que pueden seguir perdiéndose para poder “garantizar el derecho de acceso a la cultura”. Pero la realidad “es muy oscura”, porque estos espacios “se han manejado a pulmón”, dijo.

El director y docente de teatro dijo que la situación de incertidumbre les consumía mucha energía, “que no está bueno”, y por eso decidieron “cortar para poner la energía en otra cosa, que no sé qué será, pero así no podíasmo seguir, porque íbamos a terminar enfermándonos”, afirmó. “Esperemos que esto pueda ser una pausa y cumplir el año que viene los 20 años”, cerró.

Terrible, desesperante, agobiante

Por su parte, el dramaturgo Juan Carlos Gallego de la Red de Espacios Culturales Autogestivos Oté Danán, dijo a AIM que desde este espacio colectivo analizan que la “situación más desesperante que nos ha tocado atravesar en la historia del teatro independiente. Es así de dramático. Hace poco cerró la sala de (el plástico y humorista gráfico) Jaimo, su centro cultural, ahora Saltimbanquis, y sabemos de dos o tres salas más que están a punto de cerrar en Paraná y el interior de Entre Ríos. En Concordia la sala Pueblo Viejo está a punto de cerrar. Las salas generalmente terminan de trabaja a mediados de diciembre y reabren en marzo, para talleres, cursos y funciones. Bueno, en momento que íbamos a abrir sucedió lo que sucedió y nos dejó en una precariedad muy grande. En mi caso tengo sala propia, y si bien no tengo ningún tipo de ingreso, me permite zafar porque no tengo que alquilar. Pero hay salas que pagan alquiler y no pueden sobrevivir, incluso con la escueta ayuda del Instituto Nacional del Teatro”, explicó.

En cuanto a las estrategias de supervivencia que se han planteado, apuntó que “obviamente se han intentado algunas cosas, pero la situación es verdaderamente compleja. Porque dar teatro, hablando específicamente de lo nuestro, vía videoconferencia, es anti natural. Podríamos hablar de otros tipos de lenguaje, audiovisual, pero el teatro necesita del convivio, necesita del otro, necesita del espectador, necesita de la presencia humana. Eso es lo que diferencia el teatro. Sí se han intentado algunas manera clases virtuales, pocos, pero con suerte bastante negativas No hay opciones si se quiere ser fiel con el teatro. Lo más terrible de todo esto es la imposibilidad de transmitir el teatro a través de otro lenguaje. El teatro requiere de presencia física”.

Sobre las medidas urgentes, Gallego contó que la Asamblea tuvo una reunión con la secretaria de Cultura provincial, Francisca D´Agostino, para gestionar medidas que permitan afrontar las necesidades básicas del sector. “Se le solicita una ayuda extraordinaria y una política cultural. La ayuda por la pandemia, para que no sigan cerrando salas, para una ayuda para pagar el alquiler de aquellas que la necesiten, que el esfuerzo sea parejo. La provincia de Entre Ríos tiene tres salas que maneja la secretaría de Cultura. Todos los demás son municipales o autogestivas, independientes. La situación es terrible, desesperante, agobiante. Los compañeros ya no pueden más. Hemos hecho varias colectas de alimentos, porque muchos no tienen un plato de comida para llevar a la mesa. Hemos hecho pedido de dinero, aportes a la sociedad, que se han portado muy bien, para algunos pagar el gas o la electricidad, cuestiones muy básicas”, enumeró. “La situación es muy terrible, humillante, porque notamos que no hay algún tipo de ayuda. La secretaria de Cultura dijo que iba a haber una ayuda, pero no precisó ni cuándo ni cuánto, que es lo básico”, dijo en referente de la red que agrupa a 24 salas independientes de teatro de toda Entre Ríos.

La gestión de la peste

Consultado al respecto, Armando Salzman, del Centro Cultural La Hendija, planteó la situación de este modo: “La pandemia no es responsabilidad del Estado, pero la gestión de la pandemia sí. Entonces si el Estado no quiere abrir las actividades culturales en las condiciones que las actividades culturales necesitan para poder realizarse sin ridiculeces, entonces que vaya espacio por espacio y pague los gastos mensuales de sostenimiento. Si no, que permita que cada padre o cada adulto decida si va a un taller y toma un cierto riesgo o no, o si manda un hijo o no, pero sin protocolos ridículos, útiles para la cola del Banco pero no para la vida”, fustigó.

En una reflexión que va más allá, el referente del señero espacio de la cultura en Paraná planteó: “La reclusión no es la única forma de enfrentar una peste. Los que necesitan –y quieran– salir a trabajar o participar de otras actividades de la vida son tan altruistas –si lo queremos ver de ese lado–, como los que quedan encerrados, porque son los que contribuyen a formar el porcentaje de población contagiada –la mayoría sin darse cuenta de los síntomas– que hace caer la propagación del virus. Yo nunca supe que un virus pasa de largo si estás encerrado en tu casa. En cuanto a la política cultural de Estado no hay de que sorprenderse, algo cambia con algún funcionarie més interesade, pero en nuestro caso, La Hendija hace 30 años que está abierta y en pie por el esfuerzo del colectivo multicolor que a lo largo de los años la sostuvo. Del Estado siempre recibimos algunas migajas, distribuidas entre las permanentes trabas y sinvergüenzadas”, recordó.

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