El pollo es una de las carnes más consumidas por los argentinos debido a su valor nutricional, versatilidad y precio accesible. Sin embargo, si no se manipula y cocina correctamente, puede convertirse en una fuente de enfermedades transmitidas por alimentos.
Especialistas en inocuidad alimentaria recuerdan que una adecuada conservación, cocción y manipulación son fundamentales para reducir el riesgo de contaminación por bacterias como Salmonella y Campylobacter, dos de las principales responsables de cuadros gastrointestinales.
La importancia de una cocción completa
Uno de los errores más frecuentes es consumir pollo insuficientemente cocido. A diferencia de otras carnes, el pollo debe cocinarse completamente para garantizar la eliminación de microorganismos que pueden afectar la salud.
La temperatura interna recomendada es de al menos 75 grados centígrados. En el hogar, una forma sencilla de comprobarlo es verificar que la carne no presente zonas rosadas y que los jugos salgan transparentes al pinchar las partes más gruesas.
Las piezas con hueso, como muslos o patas, suelen requerir más tiempo de cocción que las pechugas o los trozos pequeños.
¿Hay que lavar el pollo antes de cocinarlo?
La respuesta es no.
Los organismos de seguridad alimentaria coinciden en que lavar el pollo crudo no elimina bacterias y, por el contrario, puede favorecer su dispersión por la cocina a través de las salpicaduras de agua, contaminando utensilios, mesadas y otros alimentos.
Lo recomendable es cocinarlo directamente y mantener una correcta higiene de manos y superficies después de manipularlo.
Cómo conservarlo correctamente
El pollo crudo debe mantenerse refrigerado a una temperatura inferior a los 5 grados centígrados y consumirse dentro de los plazos indicados por el fabricante o el comercio.
Si se congela, puede conservarse durante varios meses, aunque es importante descongelarlo dentro de la heladera y no a temperatura ambiente.
Una vez cocido, no debería permanecer más de dos horas fuera de la heladera. En días muy calurosos, ese tiempo se reduce a una hora.
Para guardarlo, se recomienda colocarlo en recipientes limpios y herméticos y refrigerarlo lo antes posible.
¿Se puede recalentar?
Sí. El pollo cocido puede recalentarse sin inconvenientes, siempre que haya sido conservado correctamente en la heladera.
Los especialistas aconsejan calentarlo hasta que alcance una temperatura elevada en toda la porción y evitar recalentar varias veces el mismo alimento, ya que cada ciclo de enfriamiento y calentamiento incrementa el riesgo de proliferación bacteriana.
Por ese motivo, resulta conveniente dividir las sobras en porciones individuales antes de almacenarlas.
Consejos para una manipulación segura
Además de cocinarlo adecuadamente, existen otras medidas simples que ayudan a prevenir problemas:
Lavarse las manos antes y después de manipular pollo crudo.
Utilizar tablas y cuchillos diferentes para carnes y vegetales.
Limpiar mesadas y utensilios después de cada uso.
Evitar que los jugos del pollo entren en contacto con otros alimentos.
No consumir pollo que presente olor desagradable o signos de deterioro.
Respetar la cadena de frío durante el transporte desde el comercio hasta el hogar.
Adoptar estos cuidados permite disfrutar de una carne nutritiva y saludable minimizando los riesgos asociados a las enfermedades transmitidas por alimentos.
Redacción AIM
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