Con la llegada de las bajas temperaturas, muchas personas reducen su nivel de actividad física. El frío, las jornadas más cortas y la comodidad de permanecer bajo techo suelen convertirse en excusas para postergar el movimiento. Sin embargo, especialistas destacan que realizar pequeñas rutinas diarias puede marcar una gran diferencia para mantener la energía, mejorar el estado de ánimo y cuidar la salud.
No es necesario pasar horas en un gimnasio. Con apenas 10 o 15 minutos al día es posible activar el cuerpo, aumentar la circulación y contrarrestar los efectos del sedentarismo, una conducta que suele incrementarse durante el invierno.
¿Por qué cuesta más moverse cuando hace frío?
Durante los meses más fríos es habitual sentir más sueño, menos energía y una mayor tendencia a permanecer en reposo. Además, las bajas temperaturas provocan que los músculos se encuentren más rígidos al comenzar una actividad física, lo que puede generar una sensación de incomodidad inicial.
A esto se suma que muchas personas pasan más tiempo sentadas frente a pantallas o realizan menos actividades al aire libre, reduciendo considerablemente el gasto energético diario.
Los beneficios de mantenerse activo
Realizar actividad física, aunque sea de manera breve, ayuda a:
Mejorar la circulación sanguínea.
Elevar la temperatura corporal de forma natural.
Reducir la rigidez muscular y articular.
Combatir el estrés y la ansiedad.
Favorecer un mejor descanso nocturno.
Aumentar los niveles de energía durante el día.
Fortalecer músculos y huesos.
Además, el ejercicio estimula la liberación de endorfinas, conocidas como las "hormonas del bienestar", que contribuyen a mejorar el estado de ánimo.
Una rutina simple de 10 minutos
Los especialistas recomiendan comenzar con movimientos suaves para que el cuerpo entre en calor gradualmente.
1. Marcha en el lugar (2 minutos)
Caminar sin desplazarse, elevando ligeramente las rodillas y moviendo los brazos. Ayuda a activar la circulación y preparar el cuerpo para el ejercicio.
2. Movilidad articular (2 minutos)
Realizar movimientos suaves con hombros, cuello, muñecas, caderas, rodillas y tobillos. Esto mejora la flexibilidad y reduce la sensación de rigidez.
3. Sentadillas (1 minuto)
Ejecutar una serie de sentadillas a ritmo moderado, respetando las posibilidades de cada persona. Fortalecen piernas y glúteos.
4. Elevación de rodillas (1 minuto)
Alternar la elevación de cada rodilla mientras se mantiene el equilibrio. Este ejercicio aumenta la frecuencia cardíaca y activa la zona abdominal.
5. Flexiones apoyadas en una pared (1 minuto)
Una opción sencilla para fortalecer brazos, hombros y pecho sin necesidad de equipamiento.
6. Estiramientos (3 minutos)
Finalizar con estiramientos suaves de piernas, espalda, brazos y cuello para relajar la musculatura.
Otras formas de mantenerse activo
Quienes disponen de poco tiempo también pueden incorporar movimiento mediante acciones cotidianas:
Subir escaleras en lugar de usar ascensor.
Caminar mientras hablan por teléfono.
Realizar pausas activas cada una o dos horas.
Bailar una o dos canciones.
Hacer tareas domésticas que impliquen movimiento.
Caminar algunas cuadras antes de llegar al destino.
La importancia de la constancia
Los especialistas coinciden en que los beneficios aparecen cuando la actividad física se sostiene en el tiempo. No es necesario realizar ejercicios intensos todos los días: pequeñas rutinas realizadas de manera regular pueden contribuir a mejorar la salud cardiovascular, muscular y emocional.
En invierno, mantenerse en movimiento también ayuda a combatir la sensación de desgano propia de la estación y permite afrontar las jornadas frías con más energía y bienestar.
Redacción AIM
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