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El 40 por ciento de los suelos del país presenta signos de degradación

Las principales causas son el avance de la frontera agrícola, desmontes, pastoreos intensos sin descanso, monocultivo y el uso excesivo de agroquímicos.

El 40 por ciento de los suelos de Argentina están degradados y es necesaria una legislación para preservarlos
El 40 por ciento de los suelos de Argentina están degradados y es necesaria una legislación para preservarlos

El uso irracional o indebido del suelo, junto con la explotación insostenible de los recursos hídricos, provocan la progresiva alteración de sus propiedades, lo que deviene en una pérdida total o parcial de su capacidad. Este proceso se conoce comúnmente como degradación.

Este fenómeno es cada vez mayor a causa de múltiples factores interrelacionados: el avance de la frontera agrícola, que implica desmontes, pastoreos intensos sin descanso, reemplazo de la vegetación natural por pasturas implantadas u otros cultivos, entre otras, atentando directamente contra los servicios ecosistémicos.

De las 280.000.000 hectáreas que abarca la Argentina, 112.000.000 están afectadas en algún grado por procesos de degradación, lo que representa un 40 por ciento de nuestros suelos.

Monocultivo y agroquímicos. Por otra parte, en muchos lugares, se sigue operando mediante prácticas poco sostenibles como el monocultivo y el uso excesivo de agroquímicos. Estos tipos de manejo de suelos resultan, tarde o temprano, en el aumento de la erosión eólica y/o hídrica de este recurso, generando en algunos casos inundaciones intensas, pérdida de fertilidad y hasta la pérdida total de su capacidad de uso, sin mencionar siquiera los daños en infraestructuras y el consecuente desplazamiento de familias o comunidades hacia otras localidades.

Además de las razones vinculadas a la negligente mano del hombre, en ocasiones la erosión del suelo puede ser producida por la acción de agentes meteorológicos como el agua o el viento. Estos fenómenos se perciben incluso de manera más intensa durante el último tiempo debido al cambio climático.

Todo lo anterior resulta en una simple ecuación: la inadecuada gestión de los sistemas productivos actuales es sinónimo de un inadecuado e insuficiente plan para la conservación de los suelos y el ambiente a largo plazo.

Soluciones. Desde la sociedad, podemos contribuir a través de pequeñas acciones diarias: activando para proteger áreas naturales de nuestro territorio; apoyando la tarea y el trabajo de organizaciones de la sociedad civil que luchan en defensa de estos recursos; fomentando y exigiendo la creación de políticas públicas que protejan el ambiente; impulsando el desarrollo y el consumo de bienes que provengan de sistemas de producción agroecológicos llevados a cabo mediante un uso racional y sostenible de este recurso; defendiendo lo que es nuestro.

La cooperación desde el Poder Legislativo también es de vital importancia para tomar acción y empezar a preservar una de nuestras principales fuentes de vida.

El suelo provee de forma directa casi el 80 por ciento de los alimentos que consumimos; es sostén de toda la flora del planeta que, a su vez, almacena y filtra el agua mejorando la resiliencia de la tierra ante las inundaciones y sequías; contribuye a combatir el cambio climático mediante grandes extensiones de bosques naturales; y es hogar de gran parte de la biodiversidad; entre otras.

Los suelos se clasifican a partir de sus características y, según las mismas, se sugieren o recomiendan ciertos usos para preservar sus propiedades y conservar el equilibrio de los ecosistemas. Por tanto, son imprescindibles para nuestra vida.

Fuente: Perfil

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