Sufismo es el nombre con que se conoce en occidente a una rama del Islam que en árabe se denomina "tasawuf", a la que pertenecieron el gran poeta persa Rumi, el filosofo árabe español Ibn Arabi y el astrónomo y poeta persa Omar Khayyam. En nuestro tiempo, el sufí inglés Llewellyn Vaughan-Lee, nacido en Londres en 1953, entiende que es preciso infundir en la Tierra una energía que conduzca al despertar y anuncia una humanidad nueva en nuevas condiciones.
Esas condiciones recuerdan a las del no-nato que en cierto momento empieza a tener en el vientre de su madre un vislumbre de ser, una luz apenas perceptible que se enciende en la inmensidad del No Ser, “el milagro de nuestro despertar”.
Despertar es lo que anhelamos a veces confusamente los que estamos inmersos en una oscuridad profunda que sentimos como un molestar difuso de origen indiscernible.
Despertar no ya como un niño que se reconoce existente, lo que suele acontecer en la pubertad, sino como un adulto que de pronto advierte que vive como antes no sabía, al punto de creer que estuvo dormido mientras usaba toda su energía para conseguir lo que ofrece el mundo para mantenerlo atado como perro a la cadena.
A un sufí le preguntaron por su edad: "Cuatro años". Ante la sorpresa de ver a un viejo confesando la edad de un niño pequeño dijo que hacía cuatro años había despertado, como dice Vaughan Lee, y que en los 70 años anteriores en realidad no había vivido.
Esta transfiguración es necesaria para aproximar simbólicamente otra vez el Cielo a la Tierra, que según el saber tradicional estaban mucho más cerca en los orígenes, lo que con una figura pretende mostrar qne las influencias vivificantes se han alejado de nosotros, o nosotros de ellas.
La barbarie del extractivismo y la depredación son denunciadas sin cesar por los que ven acercarse un desastre pero no pueden proponer sino soluciones que están al nivel del desastre.
Para Vaughan-Lee, el mundo debe despertar de su sueño. Sostiene que el sopor que induce al olvido, más que la contaminación, es lo que está matando la Tierra.
"Colectivamente estamos muriendo, hemos olvidado nuestro propósito; y la forma viviente que ha olvidado su razón de ser no puede sobrevivir, la razón fundamental de su existencia se diluye”.
Preparándose para la oscuridad sosteniendo la luz
Vaughan Lee cuenta cómo vive: "tengo la fortuna de vivir en una pequeña comunidad aquí en la costa (en California), donde la niebla estival refresca los días y el ruido de las ciudades se percibe muy lejos. Pero incluso aquí es imposible escapar de la toxicidad del presente, del miasma que flota en el aire y de las extrañas distorsiones que crea".
Puede sentir cómo se desgarra el tejido de la vida. "Todos formamos parte de una comunidad viva, y sus ecos distópicos se perciben incluso cuando mis vecinos más cercanos son los ciervos y sus cervatillos que comen la hierba de principios de verano".
La pregunta que debemos hacernos es cómo responder a este tiempo roto, cómo respira nuestra consciencia en este paisaje presente, momento a momento.
Relata cómo las circunstancias de la vida moderna han cambiado el camino tanto del sufí como del cabalista, tanto del cristiano como del hindú, del budista o de los sabios que persisten en la cultura ancestral de Abya Yala. Recuerda como al principio su enfoque se centraba en una realidad interior más allá del tiempo y del espacio; es decir, en el camino antiguo.
Pero con los años la vida colectiva ha cambiado, existe una realidad en el mundo que requiere la atención de un corazón en sintonía con el amor.
Pone como ejemplo la respuesta budista que combina la práctica espiritual interior con la acción compasiva exterior, que fusiona la atención plena y la conciencia ecológica. Es un llamado de atención al "Buda de caridad".
Hoy se habla de crisis tanto ecológica como social, y de la posibilidad real de un colapso militar por enfrentamiento entre potencias nucleares. Se debería responder a esta posibilidad con la resiliencia necesaria para transitar un futuro incierto.
"Algunos, como el Movimiento de Ciudades en Transición, están creando comunidades que se adaptan mejor al cambio. Estas comunidades, y otras similares, se centran en la restauración: la regeneración de ecosistemas, la reconexión con nosotros mismos y la naturaleza, la renaturalización de paisajes, la agricultura regenerativa y otras maneras de reconciliarnos con la Tierra. Todas estas son acciones que deben tomarse con amor y atención, cuidando nuestro hogar común."
Sugiere la necesidad de "reencontrarnos con la gran conversación" con los ríos y las montañas, con el viento y la lluvia. Esa consciencia lleva a comprender que la contaminación del aire y los océanos, y la toxicidad del presente, forman parte de una historia que pertenece al fin de una era.
Fiel a las doctrinas cíclicas sufíes, y no solo sufíes, Vaughan-Lee llama a comprender qué significa vivir al final de una era, que implica no poder participar plenamente ni vivir nuestra naturaleza en este momento. Se nos necesita para vivir la verdad del momento presente, incluso mientras trabajamos por el futuro.
Anuncia una catástrofe climática y un colapso social de un mundo que cambiará más allá de cualquier patrón actual. Por supuesto, desconoce los detalles: cuánto aumentará la temperatura, cuántos millones de refugiados huirán del hambre o la violencia, o cómo fallarán nuestros sistemas actuales. Pero la historia de nuestra civilización actual ha terminado. Y poco podemos hacer para cambiar realmente este hecho esencial.
Se trata de lo que en palabras del sufismo se llama el oscurecimiento de la luz: cómo al final de una era la chispa se desvanece, la luz se retira y deja de alumbrar el camino.
Pero con la luz que queda "necesitamos saber qué se puede salvar, qué virtudes transmitir, qué sueños pertenecen a nuestro destino"
Los ciclos de la vida son homólogos a los ritmos primarios de la respiración: la expansión de la exhalación seguida de la contracción de la inhalación. Y la exhalación está llegando a su fin; la vida individual comienza con la primera inhalación del recién nacido y termina con la última exhalación del moribundo.
Seguimos viviendo la historia de los combustibles fósiles y la explotación colonial, incluso mientras observamos cómo destruye nuestro ecosistema con la pérdida de biodiversidad y el aumento de la temperatura ambiental.
Pero el futuro obligará a afrontar la realidad del colapso de la modernidad. Es urgente aprender a adaptarnos, no acumulando provisiones ni construyendo muros, sino desarrollando comunidades resilientes.
Una característica actual, que Vaughan-Lee nota puntualmente, es la creencia en el mito colectivo del racionalismo científico según el cual solo existe el mundo físico, que relegó la consciencia de cómo el oscurecimiento externo de la destrucción ecológica se refleja en un oscurecimiento interno.
Trata de ver lo que se pueda en el futuro: "¿Cómo será vivir en los próximos años y décadas? Las sencillas alegrías y tristezas de la vida continuarán: las flores que se abren en primavera, la nieve invernal, la alegría y las lágrimas de los niños y los amantes. Y la transformación del corazón seguirá revelando su misterio para quienes pertenecen al amor, quienes se mantienen fieles a sus prácticas y principios.
Pero será difícil observar cómo los patrones profundos de la vida siguen el camino elegido por la humanidad.
La humanidad tendrá que vivir un capítulo especialmente visible en los puntos de inflexión climáticos y el acelerado colapso ecológico. Debido a que estamos condicionados por la idea del cambio y la autodeterminación, esto será difícil de aceptar. Pero la humanidad ha tomado su decisión y ciertas puertas se han cerrado durante muchas décadas.
"La próxima era surgirá de los escombros de nuestro presente, así como los brotes verdes abren la tierra del invierno".
Por ahora, toca esperar y observar, ver tanto la oscuridad que crece como la luz que permanece; el sueño que se desvanece y el sueño que espera nacer. En los próximos años, la oscuridad contará su historia: la de un mundo sin cimientos y una catástrofe nacida de nuestra avaricia. Veremos cómo la civilización actual se desmorona y nos preguntaremos si podría haber sido diferente.
Los planes políticos, al mismo nivel que los problemas que prometen resolver, no nos protegerán; pero hay semillas plantadas en el cuerpo de la Tierra y en los corazones de los seres humanos, como sostienen los indígenas hopi en el desierto de Arizona. Esperan la llegada de la primavera tras un invierno largo.
De la Redacción de AIM.
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