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Caleidoscopio
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Denso viene el porvenir

Macedonio Fernández, abogado, escritor y filósofo, era hijo de un estanciero. Fue juez en Misiones, pero perdió el cargo porque nunca condenó a nadie. Cuando también quedó atrás su origen acomodado, sus únicas propiedades en pensiones del barrio porteño del Once eran el mate, la pava, una sartén, el calentador "Primus" y una guitarra.

Macedonio decía que no quería prescindir de ninguna de sus enfermedades, porque no sabía cuál le sería útil al final... Sin el mismo humor, nosotros enfrentamos un abanico de posibilidades que abren las enfermedades de toda índole que padecemos o podemos padecer. Entre ellas están las derivadas de la naturaleza, local o astronómica, de nuestra sociedad, del comportamiento humano y otras desconocidas por ahora.

Todo es vanidad
Todo lo que aparece en cierto momento, permanece unos instantes y desaparece. "Los universos nacen y mueren como las burbujas en la espuma del mar", dice la Baghavad Gita.

Ni la tierra que nos sostiene ni el cielo que nos cubre durarán para siempre. Nos toca tratar de anticipar cuál puede ser la causa que un día se adelantará a las otras para mostrar su eficacia final.

La mutación genética que puede estar en marcha es respuesta al rápido cambio de condiciones que viene experimentando la sociedad en buena parte como consecuencia de su propia actividad.

Se trataría de la mutación mayor y más veloz de los últimos milenios, que se podría evidenciar a mediados de este siglo.

El ADN humano estaría mutando de tener dos hélices a desarrollar otras hélices. Los niños están naciendo con una hélice triple en el ADN, de donde surgirían cambios por ahora desconocidos, pero sin duda significativos. Sería un cambio a nivel celular, mal conocido pero presentido. Estos cambios del ADN podrían tener repercusión en el estado de conciencia que alcance la humanidad.

La humanidad podría desaparecer muchas causas, algunas totalmente ajenas a ella e incontrolables, por proceder de fuentes de energía que superan lo conocido, por ejemplo, la explosión de una supernova, recibir el chorro de radiación de una estrella de neutrones que por casualidad apunte a la Tierra, imprevistos cambios en la actividad solar, el choque de cometas como el que posiblemente destruyó a los dinosaurios, grandes erupciones volcánicas como la que amenaza en el parque Yelowstone en los Estados Unidos.

La propia actividad humana, por ejemplo la explotación desmedida de los recursos naturales, los desequilibrios sociales como los que parece estar provocando el sistema económico mundial y otros provocarían un severo retroceso en la civilización, que podría pasar por épocas de extrema desorganización y postración, por ejemplo la que siguió a la ruina del Imperio Romano, pero quizá no tenga los mismos efectos que el achicharramiento por una supernova, por ejemplo. En algunos casos, como en la isla de Pascua, parece que la civilización se extinguió por completo por la actividad humana depredadora y guerrera; pero todavía no están dados los factores que puedan hacer de toda la Tierra algo similar a lo que fue la isla de Pascua.

El mundo está en la crisis y soporta una constante amenaza ecológica, que empuja a la catástrofe a la la tierra y la humanidad que vive de ella y por ella.

Al enfermo le sube la temperatura
Hay síntomas evidentes, como la extinción creciente de especies y el recalentamiento global, y la declinación de los estados nacionales, arrasados por la "globalización" que al principio fue presentada como un logro, pero luego mostró flancos no tan vistosos.

En su momento, una promotora ideológica del neoliberalismo, la primera ministra británica, Margaret Thatcher, presentó el nuevo orden mundial como la única alternativa, lo que significa que sus dirigentes entienden que tienen poder suficiente para cortar cualquier otra.

Era entonces lo que se llama "unipolaridad" nombre del imperio extendido a todo el mundo. Pero la recuperación militar de la ex Unión Soviética y el crecimiento de China demostraron que ya no es posible la unipolaridad, el imperio llega tarde para constituirse en único poder mundial, pero por eso mismo está malhumorado y agresivo.

En 1950 los Estados Unidos tenían el cinco por ciento de la población mundial y el 50 por ciento de la riqueza. Sus planificadores trazaron planes para mantener ese desequilibrio, ante la perspectiva obvia de que algunos "rencorosos" quisieran restablecer el equilibrio.

Los sueños de antaño
En las seis décadas que pasaron desde entonces, los Estados Unidos perdieron mercados, se desindustrializaron, perdieron competitividad, están amenazados por disturbios y segregacionismo en el frente interno, y sobre todo se convirtieron en una sociedad rentística, obesa y dependiente de la especulación financiera. Su destino, ante las potencias emergentes como China, India y la misma Rusia parece sellado con el triunfo de los "rencorosos".

La unipolaridad estaba comprometida por la constatación en el Oriente Medio, África y Asia de que EE.UU. y sus aliados provocan lejos de sus fronteras guerras que no ganan pero que siempre dejan caos, muertes, refugiados, miseria y destrucción económica y social. No son guerras para ganar sino para dar ejemplo y aleccionar a los díscolos, que sin embargo no ceden en sus pretensiones.

Roma ofrecía a los bárbaros la ciudadanía romana y los bárbaros la aceptaban con orgullo, incluso se ponían nombres romanos, porque pertenecer como ciudadano a Roma era ventajoso. El imperio actual ofrece la democracia, pero los países "rencorosos" la miran con desconfianza porque no les reporta ventajas ni es reconocible en sus tradiciones.

En la decadencia los imperios no ofrecen nada positivo ni deseable porque ya no pueden, pero entonces explotan a sus vasallos todo lo posible, por ejemplo mediante la deuda externa fraudulenta, a veces tomada con complicidad, como fue en la Argentina el caso de Martínez de Hoy y Cavallo, entre otros.

Los países que se sienten con fuerzas para contestar los designios imperiales forman bloques y alianzas entre ellos, y hablan abiertamente de terminar con la dictadura del dólar, moneda que carece de respaldo y es la del país más endeudado del planeta.

Pocos contra muchos
Acá se desafía el poder creciente del poder financiero en el mundo en un punto esencial: extender la hegemonía, el control, a todo el planeta. Y quizá, para volver al principio, aumentar el poder de un grupo reducido de plutócratas y enriquecidos, en total el 2% de la población mundial que tiene en sus manos el 80% de la riqueza. Por esa vía se podrían generar condiciones sociales que provoquen una explosión sin relación con cometas ni supernovas, pero que tengan un poder destructivo muy grande.

No hay alternativa, como dijo Thatcher, ni socialista ni anticapitalista al poder financiero mundial; pero no se trata del poder que imaginaron Thatcher y Reagan, porque ellos mismos y sus continuadores no están a la cabeza. Habrán perdido el control del mundo que dirigieron pero que habrá caído en otras manos para continuar por el mismo camino.

Para el lingüista y analista norteamericano Noam Avram Chomsky el objetivo de la política exterior de su país es proteger los intereses de las grandes empresas con un "nacionalismo económico (un proteccionismo que) depende en gran medida de la intervención estatal masiva", y por eso en regla general se ha opuesto por todos los medios a que los demás países tengan políticas de "nacionalismo económico".

El sostenimiento de esta política, cada vez más clara en la medida en que se torna más agresiva, explica la furia imperial contra los "regímenes radicales y nacionalistas", que responden a las presiones populares por un desarrollo independiente.

El imperio no podrá realizar su sueño de instalar un orden mundial según las doctrinas económicas de los intelectuales a su servicio; pero extenderá y acentuará sus procedimientos y contagiará al resto del mundo, de modo que al final no triunfará él pero dejará el mundo enfermo, corrompido y en disgregación que es el resultado natural de su acción.
De la Redacción de AIM.

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