En noviembre de 1841 el gobernador de Entre Ríos, el santafesino Pascual Echagüe, sufrió una derrota completa en la batalla de Caaguazú, en el sur de Corrientes, a manos de las tropas del general unitario José María Paz, uno de los estrategas argentinos más dotados.
Esa derrota provocó la posterior ocupación de Paraná por las tropas de Paz y favoreció el surgimiento de una figura decisiva en la historia entrerriana y argentina: Justo José de Urquiza, que fue nombrado gobernador por la legislatura en reemplazo de Echagüe.
Urquiza fue protagonista principal de la política argentina durante más de dos décadas, hasta la batalla del arroyo Pavón, en el sur de Santa Fe en setiembre de 1861. Era ya vencedor en Pavón cuando se retiró al tranco del campo, dejando la victoria al porteño Bartolomé Mitre.
Cuenta un historiador que Mitre, como de costumbre, huyó cuando se vio perdido, pero un chasqui lo alcanzó y le dijo" "no dispare general, que ganó"
Esa derrota inexplicable provocó la declinación definitiva del prestigio político y militar de Urquiza, que se refugió en su palacio San José, a unos 20 kilómetros de Concepción del Uruguay, reteniendo el cargo de gobernador de Entre Ríos y su enorme fortuna.
Pero el retorno de Urquiza al gobierno de Entre Ríos fue un error porque la oposición ya era manifiesta.
Los opositores no aceptaban la actitud de acatamiento al gobierno de Mitre frente a la guerra del Paraguay cuando el sentimiento popular entrerriano la rechazaba –las deserciones de Basualdo y Toledo lo evidencian-; la presencia del presidente Sarmiento visitando a su antiguo adversario político en el Palacio San José para conmemorar la batalla de Caseros; las medidas económicas adoptadas ante la grave crisis que vivió Entre Ríos. Sarmiento era un "amigo" de tal índole que después de Pavón dijo que Urquiza debía elegir entre "Southtampon o la horca"; es decir, el exilio como Rosas o la muerte.
Todos esos factores, en especial la negativa a encabezar la resistencia a las "guerras de policía" que Mitre había emprendido contra los gobiernos del interior a pesar de los reclamos del Chacho Peñaloza, condujeron al movimiento revolucionario que provocó su asesinato el 11 de abril de 1870 en su dormitorio del palacio San José, donde en lugar de ponerse a salvo intentó enfrentar a la partida.
Las consecuencias de la muerte del Urquiza fueron la intervención de las tropas nacionales y los enfrentamientos armados, campos devastados, estancias saqueadas, gobiernos inestables, pérdida de peso político entrerriano en el contexto nacional.
Urquiza fue alcanzado por un disparo en el rostro de un miembro de una partida de 50 hombres que asaltaron el palacio y rematado a cuchilladas en brazos de su esposa.
La venganza
El 22 de junio de 1889 en Esmeralda al 500, en la ciudad de Buenos Aires, un hombre recibió dos disparos en la cabeza cuando entreverado entre el público asistía a un desfile militar. Los transeúntes lo llevaron aún moribundo a una farmacia próxima mientras el agresor era detenido
El muerto era Ricardo López Jordán, posiblemente el autor intelectual del alzamiento contra Urquiza. López Jordán tenía 66 años y había pasado 10 años exiliado en el Uruguay
El asesino era Aurelio Casas, de 27 años, quien manifestó haber vengado a su padre, degollado por orden de López Jordán.
Adrián Pignatelli narra el momento del crimen: Urquiza, gobernador de Entre Ríos, gustaba sentarse en la galería de su magnífico palacio cerca de donde sus hijas, Dolores, familiarmente llamada “Lola” de 17 y Justa de 15, tomaban lecciones de música en dos pianos a la vez.
En otro ambiente, jugaban Micaela, Flora y Teresa, otras de sus hijas. Conversaba con su administrador mientras otros empleados y funcionarios de su gobierno trabajaban en ambientes cercanos.
En las elecciones a gobernador de 1864 impuso a José María Domínguez, quien venció a Ricardo López Jordán. Este era su amigo, colaborador y además estaban emparentados. López Jordán había hecho toda su carrera política y militar a su lado; era visto como un soplo de aire fresco, pero en 1868 bajaría su candidatura cuando Urquiza anunció la suya.
Fue en la estancia que López Jordán tenía en Arroyo Grande donde se armó el golpe. El plan consistía en sorprenderlo en su casa, tomarlo prisionero y luego de obligarlo a renunciar se le ofrecería la opción de retirarse a la vida privada o irse al extranjero. Pero no todos estuvieron de acuerdo: los hermanos Querencio y Robustiano Vera pretendían ir más allá. Jordán alertó: “Quiero que me cuiden a la familia de Urquiza”.
El ataque estaría al mando del coronel Simón Luengo, apoyado por Robustiano Vera y por José María Mosqueira. También serían de la partida los capitanes Facundo Teco y Angel Alvarez; el teniente Agustín Minuet y otros como Pedro Aramburú y Juan Pirán. Posteriormente se sumarían Ambrosio Luna y Nicomedes Coronel, también conocido como Nico, que era mayordomo de San Pedro, una de las estancias del gobernador.
Los atacantes redujeron a Carlos Anderson, el jefe de la guardia e ingresaron según lo planeado. A los de la casa había llamado la atención el ruido de galopes, cada vez más intensos. La alarma cundió cuando se escucharon disparos y gritos. Las últimas luces del atardecer dificultaban distinguir qué era lo que sucedía.
Urquiza se incorporó rápidamente y comenzó a transitar por la galería y comprendió de qué se trataba. “¡Abajo el tirano! ¡Viva el general Ricardo López Jordán!” gritaban los intrusos. El gobernador entró en sus habitaciones y le pidió a su esposa un arma.
Urquiza se asomó a la puerta y disparó. El proyectil le rozó el rostro a Alvarez. Los agresores respondieron el fuego y Urquiza fue impactado por una bala arriba de su labio superior. Lo hizo caer y arrastró a su esposa. El uruguayo Nicomedes Coronel, el primero en entrar, vio a Urquiza aún con vida. Ambas mujeres lo abrazaban. Su hija Dolores, con un espadín, quiso defenderlo. Pero Coronel lo apuñaló cuatro o cinco veces.
Los agresores quisieron violar a las mujeres pero el propio Luengo lo impidió. Luego, dueños de la situación, obligaron al mucamo que les sirviera comida a sus hombres y abandonaron el palacio.
Los rémington
Ese mismo día fueron asesinados otros dos hijos de Urquiza en Concordia: Justo Carmelo y Waldino.
López Jordán fue nombrado gobernador por la legislatura, pero el gobierno nacional envió fuerzas armadas con fusiles Remington, que necesitaron tres campañas y vencer muchas dificultades para anular la resistencia jordanista y poner fin fin a la hegemonía militar de la caballería entrerriana.
En diciembre de 1876 López Jordán fue capturado en Goya, traicionado por un amigo. El 12 de agosto de 1879 se fugó de la cárcel de Rosario y se asiló en el Uruguay.
Dolores Costa
Los restos de Urquiza fueron velados al día siguiente del asesinato en la casa de Benjamin Victorica en Concepción del Uruguay y llevados hasta el cementerio con un cortejo que algunos reconocieron como masónico. Dolores Costa, la gualeguaychense esposa de Urquiza, hizo grabar en el lugar del atentado: “En esta habitación fue asesinado por López Jordán mi malogrado esposo el Capitán General Justo José de Urquiza a la edad de 69 años el día 11 de abril de 1870 a las siete y media de la noche. Su amante esposa le dedica este pequeño recuerdo”.
Dolores Costa era un joven de una familia acomodada de Gualeguaychú cuando conoció a Urquiza. Tras la muerte de su marido baleado y apuñalado en sus brazos se hizo cargo del Palacio y los negocios del difunto; entre otras cosas, siguió enviando a Rosas el dinero que Urquiza le mandaba a Inglaterra y donó a pedido del intendente Jaime Baucis los terrenos llamados entonces La Batería, donde luego se levantó el monumento al vencedor de Caseros en el parque que lleva su nombre en Paraná.
El mausoleo
Ochenta años después, en 1951, cuando la ubicación del cadáver parecía imposible de determinar, hubo otra búsqueda en la Basílica uruguayense. Mientras golpeaban las paredes buscando sonido a hueco, se cayó un ladrillo y dejó al descubierto dos ataúdes completos y los restos de otro destruido. En un nicho sin identificación había una cruz de metal, con la inscripción 'Gloria Deo'. El cadáver en el interior de una caja de zinc estaba cubierto con una mortaja.
El cadáver estaba vestido con pantalón de brin, camisa, chaleco, saco, medias de lana y botines de color negro con elásticos en la parte superior. El examen médico legal determinó que era un cadáver masculino, de una altura de 1,68 a 1,70 metros; muerto hacía de 80 a 100 años. Los médicos establecieron que era de Urquiza y que no había fallecido como consecuencia de la bala que le disparó el oriental Pardo Luna, como se creía, sino por las heridas de arma blanca recibidas en el tórax.
Los restos de Urquiza están en la Basílica de la Inmaculada Concepción, en la calle 3 de Febrero junto a la plaza Ramírez de la ciudad histórica, en un mausoleo que diseñó el pintor Luis Gonzaga Cerrudo y que fue inaugurado el 7 de mayo de 1967.
De la Redacción de AIM.
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