Saltar menúes de navegación e información institucional Teclas de acceso rápido

El clima hoy en:

-

- -

El dólar hoy: (BCRA)

$ / $

Caleidoscopio
Caleidoscopio

Los mitos de la comida patria: La gastronomía de la Revolución

Pastelitos, chocolate y otros platos que pertenecen a la tradición del 1800 se promocionaron como reales en la historia de la cocina criolla, pero, ¿Qué tan real es esa escena que quedó en el imaginario popular y que representamos una y otra vez? ¿Cuáles eran las verdaderas comidas típicas de la época de la Revolución? En esta nota de AIM, todo lo que el imaginario popular transmitió de generación en generación.

Entre el 18 y el 25 de mayo de 1810 comenzó a gestarse en el Río de la Plata el proceso revolucionario que daría el primer paso para el surgimiento del Estado argentino. La denominada Primera Junta, encabezada por Cornelio Saavedra, se opuso a la Junta de Sevilla que gobernaba en aquel entonces, en nombre del rey español Fernando VII.

Aquel día el virrey Cisneros fue destituido y asumieron entonces los representantes designados por el Cabildo. Allí dio inicio lo que posteriormente culminaría con la declaración de la independencia el 9 de julio de 1816.

Los mitos: Pasteles y pastelitos
Uno de los mitos más repetidos de la gastronomía de 1810 tiene que ver con los pastelitos. Hoy son protagonistas absolutos de cualquier celebración patria, pero entonces no tenían el mismo nivel de popularidad masiva que poseen actualmente.

En rigor, se sabe que había pasteles y pastelitos fritos y había de dulce y con otros rellenos, como carne, pescado o fruta. Pero, no se tienen registros de su forma y la masa que los conforman.

Sí existían preparaciones fritas similares, muchas veces vendidas por vendedores ambulantes en las calles, pero el clásico pastelito hojaldrado con membrillo o batata fue evolucionando con el tiempo.

Sin chocolate caliente
También es engañosa la imagen del chocolate caliente servido en cada esquina. El chocolate era un producto caro y exclusivo, más asociado a ciertos sectores acomodados que al consumo popular generalizado. No era raro, pero tampoco algo cotidiano para todos.

El chocolate era, además, uno de los alimentos protagonistas de la época: Había chocolaterías que estaban en los alrededores de Plaza de Mayo. Y muchas chocolaterías eran al mismo tiempo confiterías y cafés, tenían las tres licencias, pero no hay indicios que se sirviera chocolate líquido y caliente en las esquinas. ¿Imaginario popular? ¿O una forma de acercar lo que la elite porteña disfrutaba a las clases populares?

Empanadas calientes, que te queman los dientes
Al parecer, las empanadas no conformaban una comida de hogar, sino que se compraban en la calle, no se cocinaban en la casa. Sin embargo, había lo que se llamaba “Pasteles de fuente” que cuentan con una larga historia en lo que respecta a Buenos Aires, de los cuales nació el famoso pastel de papa.

Para hablar de las empanadas, hay que rastrearen la historia. En su libro “La comida en la historia argentina”, Daniel Balmaceda confirma que, producto de la herencia hispana, las empanadas ya existían acá en tiempos del Virreinato del Río de la Plata y de la Revolución de Mayo, en coincidencia con los íconos que desde infancias pretéritas se recuerdan aún en nuestros días en los actos escolares.

Balmaceda aclara que no se trataba de vendedores “ambulantes”, como los conocimos siempre, sino “callejeros”, porque se instalaban en lugares fijos de la Ciudad. Ya acercándose a fin del siglo XIX, su clientela se nutría de los sectores medios de la población, aquellos que no podían regresar a sus casas para los abundantes almuerzos de entonces, y también de quienes compraban empanadas a la salida del teatro. El historiador descree de aquella copla “empanadas calientes que queman los dientes” en la época de la Revolución de Mayo, cuando se vendían frías, dato que se articula con la diversidad inmigratoria de nuestro país: ya a principios del siglo XX, los españoles las vendían frías y los italianos del sur, calientes para disimular su falta de frescura.

¿Asado? No como ahora
Otro dato poco conocido es que la carne vacuna, hoy símbolo argentino, no ocupaba exactamente el mismo lugar que en la actualidad. Si bien abundaba el ganado, muchas veces se aprovechaban cortes y preparaciones distintas a las actuales. Los asados como ritual social todavía no tenían la centralidad cultural que adquirirían décadas más tarde.

Comer a la española (o a la belga)
En la época colonial los porteños comían a la española. Si sabemos que existía la carbonada, desde el siglo anterior, un plato de origen belga que llegó a nuestra tierra con la invasión española y que fue adaptado a la cocina criolla.

Historia real o imaginario colectivo, las “comidas patrias” llegaron a nosotros, de generación en generación, a través de la transmisión oral. Se hayan comido o no, todas sirvieron para forjar, a través de la gastronomía, la identidad culinaria argentina.
De la Redacción de AIM.

Fuente: AIM, Clarin
Gastronomia de la Revolución mitos verdades 1810 platos criollos

Dejá tu comentario sobre esta nota

Artículos Relacionados

Teclas de acceso