El dato de inflación de diciembre, que marcó una suba del 2,8 por ciento, impactará directamente en la evolución del esquema de bandas cambiarias vigente desde comienzos de 2026. A partir de ese índice, el Banco Central ajustará el techo de la banda durante febrero, que pasará a ubicarse por encima de los 1.600 pesos.
Desde este año, el mecanismo abandonó el ajuste fijo mensual y comenzó a indexar las bandas según el último índice de precios disponible. Por ese motivo, los movimientos de la inflación se trasladan de forma directa a los márgenes dentro de los cuales puede fluctuar el tipo de cambio oficial.
Cómo evolucionará el techo de la banda
Con la actualización correspondiente, el límite superior alcanzará cerca de 1.564 pesos hacia el cierre de enero y se corregirá nuevamente en febrero, cuando superará los 1.608 pesos. Se trata de un nivel sensiblemente más alto que el valor actual del dólar oficial mayorista, que se ubica en torno a los 1.457 pesos.
En términos prácticos, para que el tipo de cambio alcance ese techo, debería subir más de diez por ciento en el próximo mes y medio. Por ahora, la cotización se mueve muy por debajo de ese nivel, en un contexto donde el Gobierno busca evitar saltos bruscos y contener expectativas devaluatorias.
Inflación en alza y riesgo de atraso cambiario
La aceleración del índice de precios registrada en diciembre vuelve a poner sobre la mesa la discusión sobre el atraso cambiario. Mientras los precios avanzaron casi tres por ciento en el último mes del año, el dólar oficial tuvo una variación considerablemente menor, lo que amplía la brecha entre inflación y tipo de cambio.
Este desfasaje alimenta la expectativa de correcciones futuras y genera presión sobre las decisiones económicas de empresas, ahorristas e inversores, que siguen de cerca la dinámica del mercado cambiario y la política oficial.
Intervención y control para contener la cotización
Durante las últimas semanas, el Gobierno utilizó distintas herramientas para evitar que el dólar se acerque al techo de la banda. Entre ellas se destacan la intervención en el mercado financiero, las operaciones en futuros y el manejo de las compras y ventas de divisas para administrar la volatilidad.
El nuevo escenario, con un techo más elevado y una inflación que muestra señales de aceleración, abre interrogantes sobre cuál será la estrategia oficial en los próximos meses: sostener el actual ritmo de deslizamiento del dólar o permitir un mayor ajuste para evitar que el atraso cambiario vuelva a convertirse en un problema estructural.