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Acciones individuales y la incidencia sobre la crisis climática

¿Pueden medidas como hacerse vegano o volar menos servir para detener el cambio climático? ¿O son acaso estos cambios individuales de estilo de vida una distracción de los problemas de fondo?

Apagar las luces, comer menos carne o hacerse vegano, caminar al trabajo, volar y comprar menos o reciclar; estas son algunas de las soluciones más populares para reducir la huella de carbono. Si los habitantes de los países ricos cambiaran sus estilos de vida, estos emitirían menos gases generadores del efecto invernadero en la Tierra, evitando así que el planeta se caliente a niveles cada vez más mortíferos.

Puede que esto no suene controvertido, pero los activistas climáticos rechazan cada vez más que el enfoque en las huellas de carbono personales sea una distracción. Muchos científicos, por su parte, consideran que modificar el estilo de vida individual es un paso fundamental para cambiar los sistemas. En el centro del debate hay una pregunta sencilla: ¿cuánto de lo que hacemos por el clima realmente importa?

¿Qué es la huella de carbono?

La huella de carbono es la cantidad de dióxido de carbono que se libera a la atmósfera a través de las acciones de un individuo, organización o país. El concepto se le atribuye a dos investigadores canadienses en la década de 1990 como metáfora del impacto de la humanidad en el planeta.

Una década después, el gigante del petróleo y el gas BP popularizó el concepto de huella de carbono como parte de una campaña de marketing a través de anuncios en periódicos como el New York Times y publicidad en los aeropuertos de todo el mundo. Incluso creó una calculadora para que cada individuo averiguara por sí mismo el tamaño de su huella de carbono.

De esta forma, las grandes empresas trasladaron la responsabilidad de los daños causados al medio ambiente a las acciones de cada individuo. Este tipo de comparaciones "nivela el campo de juego de una manera que no representa la verdadera naturaleza del desafío climático", dijo el investigador de la Universidad de Harvard Geoffrey Supran, quien estudia cómo las empresas de combustibles fósiles han engañado al público sobre el cambio climático.

¿Qué tienen que ver los cigarrillos y el plástico?

Las empresas extractivistas no fueron las primeras en promover la idea de una huella de carbono personal y la acción individual. Ya en la década de 1970, el grupo ecologista Keep America Beautiful criticaba en sus anuncios a la gente por tirar basura y la animaban a reciclar. Sin embargo, la organización estaba financiada por empresas que fabricaban botellas de plástico y que luchaban contra una normativa que abordara la raíz del problema.

La industria tabacalera llevó estas tácticas más allá. Se distanció del daño que causan los cigarrillos, restando importancia a la ciencia y publicando anuncios centrados en la idea de la "libertad de elección" del individuo. Y cuando fueron llevadas a los tribunales, argumentaron que las muertes por enfermedades cardíacas y pulmonares eran culpa de los fumadores por comprar sus productos.

¿Es culpa de las grandes empresas?

Las compañías petroleras privadas ExxonMobil, BP, Shell y Total, son responsables indirectas del 11 por ciento de las emisiones de CO2 y metano procedentes de la quema de combustibles fósiles entre 1965 y 2018, según un estudio publicado en la revista Energy Research & Social Science. Sumadas las estatales de Arabia Saudita, Rusia e Irán, siete compañías están detrás del 20 por ciento de las emisiones.

"Tú y yo contribuimos relativamente poco a la crisis climática. Nuestras huellas personales de carbono no importan tanto en el gran esquema del cambio climático", dijo Emily Atkin, periodista especializada en el clima. No obstante, aunque existan empresas extractivistas, la responsabilidad sigue siendo compartida con las personas que compran sus productos.

¿Qué puede lograr la acción individual?

La Agencia Internacional de la Energía proyecta que el 40 por ciento de las reducciones de emisiones necesarias para descarbonizar la economía mundial de aquí a 2050 procederá de políticas sobre las que el público tiene poco control como, por ejemplo, la producción de electricidad a partir de energías renovables o el uso de tecnologías más limpias-, mientras que solamente el 4 por ciento se espera que proceda de acciones puramente personales, como volar menos o ir a pie al trabajo.

El 55 por ciento restante procede de cambios que necesitan una combinación de medidas gubernamentales y decisiones activas de los consumidores. Eso significa -con la ayuda de subvenciones y avances tecnológicos- comprar automóviles eléctricos o aislar mejor las viviendas.

En los países ricos, eso seguiría exigiendo enormes cambios en los estilos de vida. Un estudio publicado en la revista Nature en noviembre concluye que estas soluciones pueden reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la mitad para 2050 y mejorar la calidad de vida al mismo tiempo.

Fuente: Agencia DW

cambio climático industrias - empresas - economía internacional política ambiental

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