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Regalos de navidad y adolescencia: por qué el primer celular debe ser una conversación seria

Por Cyntia Soto C., Gerente de Sostenibilidad y Responsabilidad Corporativa, Claro Chile, especial para AIM.- La Navidad suele traer una pregunta que se repite en muchas familias: ¿es el momento adecuado para regalar el primer celular a un adolescente? Aunque puede parecer un gesto propio de estas fechas, implica abrir la puerta a un entorno donde conviven oportunidades, riesgos y una creciente autonomía. Por eso, más que un regalo, el primer celular debe ser una conversación informada, especialmente en un momento tan significativo para el ámbito familiar.

Hoy vemos adolescentes hiperconectados, pero no siempre preparados para enfrentar el ciberacoso, la desinformación, los fraudes o la presión social del mundo online. Al mismo tiempo, muchos padres reconocen que no cuentan con todas las herramientas para acompañar este proceso. Esa brecha —jóvenes expuestos y adultos que se sienten desbordados— define gran parte del desafío digital que se vuelve aún más visible en fechas de alto consumo tecnológico como la Navidad.

Cuando un adolescente pide su primer teléfono como regalo navideño, la pregunta central es clara: ¿está realmente listo? Para orientar esa decisión desarrollamos el “Test: ¿Está mi hijo/a preparado para recibir su primer celular?”, una herramienta que permite evaluar autonomía, hábitos digitales, criterio frente a riesgos y capacidad para cumplir acuerdos. No reemplaza el diálogo familiar, pero ayuda a evitar decisiones impulsivas propias de estas fechas.

El primer celular puede convertirse en una herramienta poderosa para aprender y relacionarse, siempre que llegue acompañado de orientación y límites claros. En esta Navidad, antes de decidir qué celular poner debajo del árbol, vale la pena detenerse y pensar en cómo acompañar su llegada. Esa es, finalmente, la diferencia que más impacta en el bienestar digital de un adolescente.

Incluso cuando la respuesta es afirmativa, la tarea no termina con el armado del regalo. Entregar un celular en Navidad no consiste solo en activar un plan, sino en acompañar un proceso.

Frente a este escenario, impulsamos el Compromiso por el Bienestar Digital Familiar, que promueve la privacidad, el acceso a servicios adecuados a la edad y la educación digital para adolescentes y sus familias. Este compromiso se traduce en acciones concretas a través del Plan Más Seguro, pensado para acompañar la entrega del primer celular como un regalo responsable, con tecnología, orientación y herramientas de mediación.

Datos en Argentina

En Argentina, el acceso al celular en la adolescencia es cada vez más temprano y extendido. La gran mayoría de los adolescentes cuenta con un teléfono propio antes de finalizar la escuela primaria, y en la franja de 13 a 17 años la penetración del smartphone es prácticamente total. Para muchos chicos y chicas, el celular no solo es el principal dispositivo de conexión a internet, sino también el centro de su vida social, educativa y recreativa.

Diversos relevamientos muestran que una parte significativa de los adolescentes pasa más de cinco horas diarias frente al celular, principalmente en redes sociales, mensajería instantánea y consumo de contenidos audiovisuales. El uso con fines educativos existe, pero suele ocupar un lugar secundario frente al entretenimiento y la interacción social. Además, el teléfono está presente en casi todos los momentos del día: durante las comidas, en encuentros con amigos e incluso en el ámbito escolar.

Este nivel de exposición temprana convive con riesgos concretos. En Argentina, al igual que en otros países, se observa un aumento de situaciones vinculadas al ciberacoso, la presión social en entornos digitales, la desinformación y el contacto con desconocidos. A esto se suman efectos indirectos como alteraciones del sueño, dificultades para concentrarse y mayor dependencia del dispositivo, especialmente cuando no existen acuerdos claros ni acompañamiento adulto.

Al mismo tiempo, muchos padres y cuidadores reconocen sentirse desbordados frente a un entorno digital que evoluciona más rápido que sus propias herramientas de control y orientación. Esta combinación —adolescentes altamente conectados y adultos que llegan tarde a la conversación— refuerza la necesidad de pensar el primer celular no solo como un objeto tecnológico, sino como una decisión educativa y cultural que requiere diálogo, límites y acompañamiento sostenido.

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