El frío y la humedad hacen que el calzado tarde más en secarse, favoreciendo la aparición de olores desagradables e incluso hongos. Con algunos cuidados simples es posible acelerar el proceso sin dañar los materiales.
Lluvias, humedad, rocío y días con pocas horas de sol hacen que secar las zapatillas durante el invierno sea una tarea mucho más difícil que en otras épocas del año. Cuando el calzado permanece húmedo durante demasiado tiempo, aparecen malos olores provocados por la proliferación de bacterias y hongos, además del riesgo de que se deterioren las telas, las plantillas y los pegamentos.
Especialistas en el cuidado del calzado recomiendan evitar las soluciones rápidas, como apoyar las zapatillas directamente sobre una estufa, ya que el calor excesivo puede deformarlas o despegar la suela.
Sacar las plantillas y aflojar los cordones
Antes de comenzar el secado, conviene retirar las plantillas —si son removibles— y aflojar completamente los cordones.
De esta manera, el aire circula mejor por el interior del calzado y el secado resulta mucho más uniforme.
El papel absorbente, un clásico que sigue funcionando
Uno de los métodos más efectivos consiste en rellenar las zapatillas con papel de diario o papel absorbente.
El papel ayuda a absorber gran parte de la humedad acumulada en el interior y acelera el secado.
Para obtener mejores resultados, es recomendable reemplazarlo cada dos o tres horas durante el primer día.
Buscar un ambiente ventilado
Aunque afuera haga frío, la circulación de aire sigue siendo la mejor aliada.
Ubicar las zapatillas cerca de una ventana, una puerta o en un ambiente ventilado permite que la humedad se elimine más rápidamente.
Si se utiliza un ventilador apuntando hacia el calzado, el proceso puede acelerarse aún más.
Evitar el calor directo
Apoyar las zapatillas sobre estufas, calefactores, radiadores o utilizar un secador de pelo a máxima temperatura puede parecer una buena idea, pero no siempre lo es.
El calor intenso puede:
Despegar la suela.
Endurecer algunos materiales.
Deformar la goma.
Acortar la vida útil del calzado.
Lo ideal es favorecer un secado gradual.
¿Cómo evitar el mal olor?
Una vez completamente secas, existen algunos trucos caseros que ayudan a mantenerlas frescas:
Espolvorear una pequeña cantidad de bicarbonato de sodio en el interior durante la noche y retirarlo antes de usarlas.
Colocar saquitos de tela con bicarbonato o carbón activado cuando no se utilizan.
Lavar periódicamente las plantillas, si el fabricante lo permite.
Utilizar medias limpias y secas cada vez que se usan.
No guardarlas antes de tiempo
Uno de los errores más frecuentes consiste en guardar las zapatillas dentro del placard cuando todavía conservan humedad.
Aunque por fuera parezcan secas, el interior puede seguir húmedo, favoreciendo la formación de bacterias y hongos responsables del mal olor.
¿Cada cuánto conviene lavarlas?
Depende del uso.
Si se utilizan todos los días, un lavado profundo cada uno o dos meses suele ser suficiente, siempre respetando las indicaciones del fabricante.
En muchos casos alcanza con limpiar la superficie con un paño húmedo y jabón neutro para prolongar su vida útil.
Un buen secado también cuida la salud
Mantener las zapatillas limpias y completamente secas no solo ayuda a prolongar su duración. También disminuye la presencia de microorganismos que pueden provocar mal olor, irritaciones o infecciones en los pies.
Con unos pocos hábitos, es posible atravesar el invierno con el calzado en buenas condiciones y listo para usar, incluso durante las semanas más frías y húmedas.