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El Inca Yupanqui en las cortes de Cádiz

Las finalidad de las cortes de Cádiz, reunidas en la única zona libre de una España dominada por Napoleón, fue aprobar una constitución liberal. Las discusiones que se dieron en ellas son un tema polémico  para pensar. Involucran la idea de una Nación mucho más amplia que la balcanizada actual, con inclusión de España. Por eso no dejan de tener  actualidad como origen de muchas cosas que vinieron después, más como retroceso que como progreso.

Dioniso Inca Yupanqui, llevó a las cortes un  mensaje revelador que obtuvo respuestas reveladoras.
Dioniso Inca Yupanqui, llevó a las cortes un  mensaje revelador que obtuvo respuestas reveladoras.

Entre los 60 delegados americanos estaba Dioniso Inca Yupanqui, que llevó a las cortes un  mensaje revelador que obtuvo respuestas reveladoras.

El 16 de diciembre de 1819, el Inca Yupanqui, "vástago de la antigua y real estirpe de los incas" hizo oír una voz genuinamente americana y les dijo a los españoles;  un pueblo que oprime a otro no merece ser libre.

Su intervención fue la siguiente:

"Señor: (Soy) diputado suplente por el virreinato del Perú y no he venido a ser uno de los individuos que componen este cuerpo moral de V.M. para lisonjearle; para consumar la ruina de la gloriosa y atribulada España ni para sancionar la esclavitud de la virtuosa América. He venido sí...a decir verdades amarguísimas y terribles (...)

No haré, señor, alarde de ostentación de mi conciencia; pero sí diré que reprobando esos principios arbitrarios de alta y baja política empleados por el despotismo, sólo sigo las recomendaciones por el evangelio que  V.M. y yo profesamos.

Me prometo, fundado en los principios de equidad que V.M. tiene adoptados que no querrá hacer propio suyo este pecado gravísimo de notoria y antigua injusticia, en que han  caído todos los gobiernos anteriores (...)

Señor, la justicia divina protege a los humildes y me atrevo a a asegurar a  VM, sin hallarme ilustrado por el espíritu de Dios, que no acertará a dar un paso seguro en la libertad de la patria mientras no se ocupe con todo esmero y diligencia en llenar sus obligaciones con las Américas. V.M. no las conoce. La mayor parte de sus diputados y de la Nación apenas tienen noticias de este dilatado continente. Los gobiernos anteriores le han considerado poco y solo han procurado asegurar las remesas de ese preciado metal, origen de tanta inhumanidad, del que no han sabido aprovecharse. Le han abandonado al control de hombres codiciosos e inmorales; y la indiferencia absoluta con que han mirado sus más sagradas relaciones con este país de delicias ha llenado la medida de la paciencia de padre de las misericordias, y le ha forzado a derramar parte de la amargura con que se alimentan aquellos naturales sobre nuestras provincias europeas.

Apenas queda tiempo ya para despertar del letargo y para abandonar los errores y preocupacioneos hijas del orgullo y vanida. Sacuda V.M. apresuradamente las envejecidas y odiosas rutinas y bien penetrado de que nuestras presentes calamidades son el resultado de tan larga época de delitos y prostituciones, no arroje de su seno la antorcha luminosa de la sabidurìa ni se prive del ejercicio de las virtudes.

Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre. V.M. toca con sus manos esta terrible verdad.

Napoleón, tirano de Europa su esclava, apetece marcar con este sello a la generosa España. Este, que lo resiste valerosamente no advierte el dedo del Altísimo ni conoce que se castiga con la misma pena al que por espacio de tres siglos hace sufrir a sus inocentes hermanos.

Como Inca, indio y americano, ofrezco a la consideración de V.M. un cuadro sumamente instructivo. Dígnese hacer se él una comparada aplicación y sacará consecuencias muy sabias e importantes. ¿Resistirá V.M. tan  imperiosas verdades? ¿Será insensible a las ansiedades de sus sñbditos europeos y americanos? ¿Cerrará V.M. los ojos para no ver con tan brillantes luces el camino que aún le manifiesta el cielo para su salvación? No, no sucederá así, yo lo espero lleno de consuelo en los principios religiosos de V.M. y en la ilustrada política con que procura señañar y asegurar sus soberanas deliberaciones.

Los liberales españoles, que en ese momento estaban cercados en Cádiz por los franceses de Napoleón, no querían aflojar ni abajo del agua. Uno de ellos, al cabo de varias semanas de analizar el discurso de Yupanqui, concluyó: "En cuanto a que se destierre la esclavitud, lo apruebo como amante de la humanidad, pero como amante del orden público, lo repruebo". El diputado Palacios tenía dos amores, uno más útil que el otro...

Otro diputado fue más contundente: "Háblese de los indios, pero solo para conservar las Indias, es lo que nos interesa". No hay nada nuevo bajo el sol.

Cadiz cortes Dioniso Inca Yupanqui

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