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Salud y Bienestar
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Pensar la sexualidad de manera integral sigue siendo una conversación necesaria

Durante mucho tiempo, hablar de sexualidad fue hablar solamente de sexo, de anatomía, de reproducción, de prevención, como si pudiera reducirse únicamente a lo biológico en un acto interno entre dos personas; sin embargo, es mucho más amplia, más compleja y profundamente humana”, dijo a AIM la terapeuta en sexualidad integral y vínculos, Lorena Mercedes Díaz.

“La sexualidad atraviesa toda nuestra vida, está presente en cómo habitamos el cuerpo, en cómo nos vinculamos, en la manera en que damos y recibimos afecto, en el deseo, en la autoestima, en la identidad y hasta en los silencios que cargamos. Incluso quienes creen que está bien no hablar nunca de sexualidad están atravesados por ideas, mandatos y emociones vinculadas a ella”, explicó Díaz a esta Agencia.

“Muchas generaciones crecieron aprendiendo que la sexualidad era un tema prohibido, incómodo o vergonzoso. Se enseñó a cuidar el cuerpo, pero pocas veces se enseñó a escuchar lo que sentimos; se habló del riesgo pero no del placer, de enfermedades pero no de vínculos saludables, se enseñó a callar más que a preguntar, y ese silencio todavía tiene consecuencias”.

La terapeuta resaltó que “muchas personas llegan a la adultez sin poder nombrar lo que desean, sintiendo culpa por experimentar placer, creyendo que el cuerpo tiene que responder de determinada manera, o sosteniendo vínculos donde cuesta poner límites y expresar necesidades emocionales. Otras, atraviesan etapas naturales de la vida como la menopausia, el envejecimiento, los cambios corporales pensando que el deseo debería desaparecer o que ya no tienen derecho a una vida afectiva plena”.

“La sexualidad no termina con la juventud, tampoco empieza únicamente con el encuentro sexual. La sexualidad comienza mucho antes, en la construcción de la identidad, en las primeras experiencias de afecto, en la mirada sobre el propio cuerpo y en la forma en que aprendemos a vincularnos con los demás y con nosotros mismos”.

Díaz señaló: “Desde la salud mental comprender esto resulta fundamental porque no hay sexualidad separada de las emociones. El estrés, la ansiedad, la depresión, los duelos, el cansancio extremo, los conflictos vinculares y las experiencias traumáticas impactan profundamente en el deseo y en la forma de vivir la intimidad. Del mismo modo, una sexualidad vivida con culpa, miedo o violencia también afecta la salud emocional”.

“Hablar de sexualidad de manera integral no significa promover determinadas prácticas, ni invadir la intimidad de las personas; significa habitar conversaciones más honestas, más cuidadas y más humanas. Significa comprender que todas las personas tienen derecho a vivir su cuerpo y sus vínculos desde el respeto, la información y la dignidad”.

“Quizás una de las grandes deudas que tenemos como sociedad es no haber aprendido a hablar del afecto con la misma naturalidad con la que hablamos de otras cuestiones cotidianas. Nos enseñaron muchas veces qué debíamos hacer, pero pocas veces nos preguntaron cómo nos sentimos, y tal vez ahí empieza una verdadera educación sexual, no solamente en el conocimiento del cuerpo, sino también en la posibilidad de construir vínculos más sanos, más libres y más empáticos, porque la sexualidad no habla solamente de sexo, sino sobre todo de humanidad porque somos cuerpos que sienten, buscando vínculos que abrecen”.

Fuente: De la Redacción de AIM
LO QUE NUNCA NOS ENSEÑARON SOBRE SEXUALIDAD LORENA MERCEDES DÍAZ

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