El 6 de septiembre de 1997, Londres se convirtió en el escenario de una de las despedidas públicas más multitudinarias de la historia contemporánea. Seis días después de la muerte de Diana de Gales en París, alrededor de un millón de personas se congregaron en las calles de la capital británica para acompañar el funeral de quien había sido bautizada popularmente como la “princesa del pueblo”.
La ceremonia se realizó en la Abadía de Westminster y fue seguida por una audiencia televisiva estimada en 2.500 millones de personas alrededor del mundo. Imágenes de flores, silencio y multitudes marcaron una jornada que trascendió a la propia familia real y se convirtió en un acontecimiento global.
Diana había muerto el 31 de agosto de 1997, a los 36 años, luego de un accidente automovilístico ocurrido en el túnel del Pont de l'Alma, en París. También murieron su compañero, Dodi Fayed, y el conductor del vehículo, Henri Paul.
La noticia provocó una reacción inmediata. Miles de personas comenzaron a acercarse al Palacio de Kensington y otros edificios vinculados con la familia real para dejar flores, cartas y recuerdos. Durante los días siguientes, el duelo popular alcanzó una dimensión pocas veces vista en Reino Unido.
Una despedida seguida en todo el mundo
El sábado 6 de septiembre, cientos de miles de personas ocuparon calles, plazas y parques de Londres para acompañar el paso del féretro.
En la Abadía de Westminster estuvieron representantes de distintas casas reales, dirigentes políticos, celebridades, familiares y personas vinculadas a las organizaciones solidarias con las que Diana había trabajado.
Uno de los momentos más recordados fue la interpretación de Elton John de una nueva versión de Candle in the Wind, canción originalmente dedicada a Marilyn Monroe y adaptada especialmente como homenaje a la princesa.
También tuvo un fuerte impacto el discurso de Charles Spencer, hermano de Diana, quien habló sobre la enorme exposición pública y mediática que había acompañado a la princesa durante buena parte de su vida.
William y Harry detrás del féretro
Otra de las imágenes que quedó grabada en la memoria colectiva fue la de los hijos de Diana, William y Harry, entonces de 15 y 12 años, caminando detrás del féretro.
Junto a ellos participaron de la procesión el entonces príncipe Carlos, el príncipe Felipe y Charles Spencer.
La escena se transformó con el paso de los años en una de las fotografías más representativas de aquella jornada y del enorme impacto que tuvo la muerte de Diana.
Una crisis para la monarquía
Los días transcurridos entre la muerte y el funeral también expusieron una profunda distancia entre la reacción popular y la respuesta inicial de la familia real.
Mientras miles de personas dejaban flores y reclamaban una manifestación pública de duelo, la reina Isabel II permaneció inicialmente en Balmoral junto a la familia. La ausencia de una respuesta inmediata y la decisión inicial de no colocar a media asta la bandera del Palacio de Buckingham provocaron críticas.
Finalmente, la monarca regresó a Londres y el 5 de septiembre, un día antes del funeral, ofreció un mensaje televisado en el que rindió homenaje a Diana y reconoció la magnitud del dolor que atravesaba al país.
Aquel episodio sería posteriormente señalado como uno de los momentos más difíciles de la monarquía británica moderna.
El descanso final en Althorp
Luego de la ceremonia en Westminster, el féretro fue trasladado a Althorp, la propiedad ancestral de la familia Spencer, en Northamptonshire.
Allí Diana fue enterrada en una ceremonia privada, en una pequeña isla ubicada en el centro de un lago dentro de la propiedad.
Casi tres décadas después, la figura de Lady Di continúa despertando interés. Su relación con la monarquía, su exposición mediática y, especialmente, su participación en causas humanitarias vinculadas al VIH, las personas sin hogar y la campaña contra las minas antipersonales forman parte de un legado que permaneció mucho más allá de aquel 6 de septiembre de 1997.
Ese día, sin embargo, quedó como una fotografía imborrable de finales del siglo XX: una ciudad cubierta de flores, millones de personas frente al televisor y una multitud despidiendo a una princesa que había conseguido construir una relación con el público muy diferente a la tradicional distancia de la realeza.
Redacción AIM
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