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Caleidoscopio
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Cinco puntos para entender la carta “J’accuse” de Emile Zola, que acusaba al gobierno francés de antisemitismo

J’accuse, (en francés: “Yo acuso”) es celebre carta abierta que Émile Zola escribió al presidente de la República Francesa, Félix Faure, en defensa de Alfred Dreyfus, un oficial judío que había sido acusado de traición por el ejército francés.

Estos son los cinco puntos que nos ayudan a entender esta famosa carta:

1. Fue publicada en el periódico L’Aurore el 13 de enero de 1898

2. La carta, que comenzaba con la frase denunciatoria “J’accuse”, culpaba al ejército de encubrir su convicción errónea de Dreyfus. Fue fundamental
para generar una respuesta pública a lo que se conoció como el caso Dreyfus.

3. Zola fue juzgado el 7 de febrero de 1898 y condenado a un año de prisión y una multa de tres mil francos tras ser declarado culpable de difamación.

4. Como resultado de la nueva atención centrada en el asunto, Dreyfus se sometió a un nuevo consejo de guerra.

5. Aunque todavía declarado culpable, fue indultado por el presidente de la república. No fue sino hasta 1906 que Dreyfus fue absuelto de todos los delitos.

J’accuse es la portada más famosa de la historia del periodismo. Su titular de una palabra: “¡Acuso!”, es incluso más famoso.

La extraordinaria carta abierta de cuatro mil palabras de Emile Zola sobre el caso Dreyfus, una parodia de la justicia en la que un capitán inocente del ejército francés, Alfred Dreyfus, había sido condenado por traición y condenado a confinamiento solitario de por vida en la Isla del Diablo, una colonia penal infernal frente a las costas de América del Sur.

Zola era entonces el escritor más popular de Francia, y su apasionado ensayo defendiendo a Dreyfus y acusando a la corte militar y al gobierno francés de un encubrimiento masivo electrificó a la nación y resonó en todo el mundo.

La batalla del caso Dreyfus se prolongó durante una docena de años, dividiendo a la sociedad francesa y cambiando irrevocablemente el siglo XX.

Dreyfus finalmente fue liberado y exonerado, reinstalado como oficial y condecorado públicamente con la Legión de Honor. Su patriotismo intacto, vio el servicio activo en la Primera Guerra Mundial, luego vivió tranquilamente en el retiro hasta su muerte en 1935.

Los efectos del asunto Dreyfus perduraron mucho después de que Dreyfus fuera enterrado. El antisemitismo que despertó se institucionalizó, y los anti-Dreyfusards se convirtieron con el tiempo en el núcleo pro-fascista del régimen de Vichy.

El periodista austríaco Theodor Herzl, asombrado por lo que vio durante la “degradación” de Dreyfus, pasó a escribir “El Estado judío”, el libro que lanzó el sionismo moderno.

Pero de todo lo que puso en marcha el asunto Dreyfus, es el dominio de la prensa lo que, para bien y para mal, ha moldeado la vida moderna. “¡J’accuse!” Zola escribió y nació una nueva era.

Al respecto, el cineasta judío francés Roman Polansky escribió y dirigió “El oficial y el espía”, basada en la novela homónima de Robert Harris.

Estrenada en enero de 2020, esta cinta ha sido galardonada con el León de Plata (Gran Premio del Jurado) en la última edición del Festival de Venecia y la Federación internacional de críticos (Fipresci), le otorgó el premio a la mejor película de la sección oficial.

El “J’accuse” de Émile Zola cambió para siempre la política en Europa

El antisemitismo era una moda y criticar al Estado equivalía a traición, pero un nuevo libro muestra que cuando el novelista francés escribió “J’accuse”, dio nueva forma a una nación.

El 18 de julio de 1898, Émile Zola desapareció de su casa parisina.

El novelista francés y celebridad mundial acababan de causar una sensación nacional en Francia escribiendo una carta abierta publicada en la portada del periódico liberal de principios de siglo L’Aurore. La carta estaba dirigida al primer ministro francés, Félix Faure, bajo el título “J’accuse” (Yo acuso).

En consecuencia, Zola entró en un secreto exilio político, replegado en el sur de Londres durante casi un año hasta junio de 1899.

“J’accuse” estaba relacionado con el caso de Alfred Dreyfus, un oficial del ejército judío que había sido etiquetado falsamente como traidor a la República Francesa después de que se le acusara de pasar secretos a Alemania.

Zola se había comprometido plenamente a defender públicamente a Dreyfus, sin embargo, al final, el soldado judío fue declarado culpable, despojado de su rango y condenado a prisión en la Isla del Diablo, una prisión notoriamente brutal en la Guayana Francesa.

Era, en términos limitados, una simple historia sobre una grave injusticia. Pero, desde un ángulo más amplio, había otras cuestiones en juego, principalmente el antisemitismo, que había estado burbujeando en Francia durante algún tiempo antes de explotar. El escándalo político dividió el país ideológicamente por el centro.

En un libro recientemente publicado titulado “La desaparición de Émile Zola: Amor, Literatura y el caso Dreyfus”, el escritor británico Michael Rosen explora cómo en ese momento, el escándalo político puso en duda la legitimidad fundamental del Estado francés.

Hoy en día, señala Rosen, puede parecer un curso normal de eventos para un miembro de la intelectualidad criticar al estado con vigor e incluso con arrogancia. Pero a finales del siglo XIX, la mayoría de los ciudadanos reverenciaban al Estado como un noble sistema de justicia y gobierno.

“Zola simplemente destrozó eso”, dice Rosen desde su casa en Londres. “Y para algunas personas eso era obviamente espantoso”.

En diciembre de 1900, la Asamblea Nacional en Francia aprobó una ley de amnistía que oficialmente indultó a todos los que habían estado involucrados en el caso Dreyfus. Pero el ejército francés nunca ha admitido sus malas acciones. Técnicamente, incluso hoy en día, Dreyfus sigue siendo culpable en Francia.

“Fundamentalmente Zola tenía razón”, dice Rosen. “El Estado francés y el ejército habían colaborado y conspirado para provocar esta injusticia”.

La carta que Zola escribió en 1898 pedía la inocencia de Dreyfus. Por otra parte, Zola acusó a solas al ejército y al gobierno francés de ser culpables de varios delitos, a saber, ilegalidad en los diversos juicios, encubrimientos, una campaña para engañar a la opinión pública y corrupción.

Zola también continuó diciendo en su infame carta que “apelando al odioso antisemitismo, [la acusación]destruirá [a una]Francia amante de la libertad”.

‘J’accuse’ se convirtió en un leitmotiv para los intelectuales desde ese momento.

Zola ya era un exitoso novelista de renombre mundial. Pero antes del caso Dreyfus no había estado involucrado activamente en política.

Y así Zola se encontró en conflicto directo con la izquierda y la derecha en Francia sobre la cuestión del antisemitismo, inusualmente logrando establecer una discusión sobre el tema en el discurso público general francés. Antes de esto, el antisemitismo sólo había sido discutido en general en las comunidades judías de toda Francia.

Zola también introdujo el tema en una discusión pública más amplia sobre discriminación racial, señalando que el prejuicio y la persecución no deben ser tolerados en la vida pública francesa.

Rosen dice que esto se debió principalmente a que estas características discriminatorias negativas se oponían directamente a los valores del pluralismo que se suponía que habían surgido de la Revolución Francesa.

“Zola no parecía tener mucho contacto con los judíos directamente”, explica. “Pero estaba firmemente comprometido a escribir una serie de artículos – antes de apoyar a Dreyfus – que públicamente decían: “¿Por qué tenemos este loco movimiento político de antisemitismo en Francia?”

Los esfuerzos de Zola por defender públicamente a Dreyfus quizá no hayan librado completamente a Francia de su cultura profundamente arraigada de antisemitismo para siempre, sin embargo Rosen sostiene que la campaña creó dos cambios importantes.

Introdujo un nuevo tipo de política, y también marcó el comienzo de un cambio cultural en Francia y el mundo en general – especialmente para los de la izquierda.

“El caso Dreyfus fue la primera vez que los socialistas, la izquierda y, hasta cierto punto, la intelectualidad liberal, asumieron que su trabajo consistía en defender a una víctima de la injusticia que era judía”, dice Rosen.

Esencialmente, “J’accuse” se convirtió en una poderosa manera de criticar la clase, la cultura y el Estado, sostiene Rosen.

“Ese artículo periodístico de Zola realmente transformó la forma en que la izquierda pensaba sobre la sociedad”, dice Rosen.

Fuente: The Times of Israel – Traducción: Silvia Schnessel

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