
Mientras el gobierno ajusta el gasto público, millones de jubilados ven cómo su poder adquisitivo se erosiona día a día. El debate sobre el sistema previsional y el derecho a una vejez digna sigue abierto.
Argentina es un país que históricamente se ha caracterizado por su movilidad social ascendente. Sin embargo, esa promesa de progreso hoy se encuentra en riesgo para quienes trabajaron toda su vida y esperan una jubilación digna. Con una inflación que no da tregua y un sistema previsional que sufre ajustes constantes, los jubilados ven cómo su calidad de vida se deteriora mes a mes. En un contexto donde el gobierno prioriza la reducción del gasto, los sectores más vulnerables son los primeros en pagar el costo de la crisis.
El haber mínimo jubilatorio apenas supera los 200 mil pesos, mientras que la canasta básica de una persona mayor ronda los 600 mil, según estimaciones privadas. Esto significa que millones de jubilados deben elegir entre pagar los servicios o comprar medicamentos, entre alimentarse bien o costear su salud. La eliminación de bonos y la falta de actualización real de las jubilaciones profundizan esta situación, generando un clima de angustia e incertidumbre en quienes ya dieron todo por el país.
A pesar de esta realidad, el discurso oficial insiste en que el sistema previsional es insostenible y que es necesario seguir ajustándolo. Se desconoce así que el problema no es el gasto en jubilaciones, sino la falta de políticas que garanticen una recaudación previsional eficiente, basada en empleo formal y salarios dignos. Mientras tanto, las jubilaciones son vistas como una carga, y no como el derecho adquirido de quienes aportaron durante décadas.
En este escenario, las organizaciones de jubilados y pensionados alzan la voz, exigiendo medidas urgentes. La reactivación del consumo interno, políticas de acceso a la salud y la implementación de una movilidad jubilatoria real son algunas de las propuestas que pueden cambiar la realidad del sector. Pero más allá de cualquier solución técnica, lo que está en juego es una cuestión moral: un país que abandona a sus mayores no solo falla en lo económico, sino también en su esencia como sociedad.
La historia argentina ha demostrado que los derechos se conquistan con lucha. Así como en su momento se logró la universalización del sistema previsional y la inclusión de millones de personas mayores, hoy la pelea es por mantener esos derechos frente a un modelo que prioriza los números por sobre la gente. Porque la dignidad de los jubilados es la dignidad de todo el país.
De la Redacción de AIM