La escritora Josefina Licitra participó de la Feria Paraná Lee, donde presentó en el escenario mayor su último libro: Crack. Reflexionó sobre su vínculo con la escritura, el avance de la Inteligencia Artificial (IA) entre las nuevas generaciones y el rol del Estado en el financiamiento de la cultura. “La lectura y el teléfono no conviven, lo que hace que para leer entrés hoy en una especie de refugio”, afirmó a AIM.
Clara, precisa y contundente. La autora platense consideró que el libro conserva un lugar particular frente al avance de las pantallas. Aunque se definió como “un poco derrotista” frente a las miradas épicas sobre la cultura, admitió que en este punto se permite ilusionar: “Encuentro en la lectura casi el único lugar en el que estás en silencio y creo que estamos empezando a necesitar silencio”.
“Creo que la lectura de un libro es, en este momento, casi la única actividad cultural que podés sostener sí o sí si no tenés el teléfono abierto. No es posible leer mirando el celular. Todo lo demás lo podés hacer convivir, malamente, con el teléfono, pero la lectura y el teléfono no conviven, lo que hace que para leer entres hoy en una especie de refugio”.
En ese marco, comentó que la Inteligencia Artificial “está, es inevitable, la podemos usar a nuestro favor, pero tengo la sensación de que está llegando a un límite, me refiero a la tolerancia neurótica de las personas”. Al respecto, sostuvo que percibe un regreso a prácticas analógicas entre los más jóvenes. “Están empezando a volver desde los vinilos hasta las ganas de tocar; están empezando a comprar rollo fotográfico, les gustan los vinilos…”.
Crack, una obra de varias capas
Por otro lado, contó su vínculo con la escritura. “Es una relación de amor; que la sostengo y me sostiene”. Así Crack, es una obra de “varias capas”, atravesada por el desencuentro con su padre que marcó sus “posibilidades o imposibilidades a la hora de escribir”. Además, es un relato de las esquirlas del terrorismo de Estado en la última dictadura cívico-militar-clerical: “Hubo más de una manera de romper cosas en los 70”, remarcó, y señaló que buscó narrar la experiencia de las familias afectadas por el exilio y la clandestinidad “sin que haya habido necesariamente un desaparecido o una desaparecida involucrados”. En ese sentido, indicó que esa historia estaba “subnarrada” y que consideró necesario visibilizarla, aunque reconoció que es “lógico” que como país se haya priorizado la memoria de las víctimas fatales, “porque de la muerte no se vuelve...”.
“Que el Estado se retire de financiar la cultura me parece atroz”
Por último, la autora fue categórica al advertir sobre los riesgos de desfinanciar las políticas culturales. “No financiar la cultura es un tiro en el pie. Y espero que se den cuenta más temprano que tarde, porque después del tiro en el pie pueden venir cosas peores”, denunció. Consultada por el rol del Estado, planteó que éste debe garantizar transparencia en su gestión, pero que “la posibilidad de que el Estado se retire de financiar la cultura me parece atroz”.
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