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Caleidoscopio
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Argentina,entre la socialdemocracia y la izquierda
Argentina,entre la socialdemocracia y la izquierda

Progreso e ilusión

La socialdemocracia sufre una crisis particular dentro de la crisis general de la civilización moderna, en que arriesga perder lo que consiguió desde el inicio de su carrera política.

El proyecto socialdemócrata ha tenido oscilaciones fuertes, desde el reformismo inicial a la aceptación del capitalismo y el libre mercado, con promesas de suavizarlo o limarle las aristas más cortantes y finalmente convertirlo al socialismo.

Después de la segunda guerra mundial se hizo evidente la tensión entre el socialismo soviético y el fundamentalismo de mercado, que se enfrentaron irreconciliablemente en la "guerra fría".

El jamón del medio
La socialdemocracia vino a ocupar un lugar intermedio que se centraba en la defensa del Estado de bienestar, un aflojamiento táctico de riendas por las democracias occidentales, que comenzaron a recogerlas cuando terminó con la guerra fría.

Actualmente, la socialdemocracia sigue en defensa de sus banderas políticas fundamentales y proponiendo en teoría la intervención del Estado a favor de los ingresos de los trabajadores, la inversión en infraestructura, en sanidad, educación, investigación, ciencia y tecnología, todo a partir de la regulación estatal.

Estas propuestas arriesgan ser barridas otra vez, como antes hicieron Thatcher y Reagan, por la crisis desatada en 2007, que sería enfrentada drásticamente con un reinicio de la sociedad que no dejaría lugar para soluciones anacrónicas.

De Bonn al mundo
La socialdemocracia tuvo su camino de Damasco con el programa de Godesberg, alcanzado en Bonn en 1959. Fue un sinceramiento necesario de la socialdemocracia alemana, con influencia decisiva en toda la socialdemocracia europea, que puso por escrito lo que los dirigentes tenían in pectore, como diría Menem.

En Godesberg la socialdemocracia abandonó el marxismo en la letra, porque en espíritu lo había abandonado mucho antes, posiblemente ante la tiesura del dogmatismo soviético y la perspectiva de estar dejando pasar algunos "bocados de cardenal"; como los que Ferdinand Lasalle había saboreado de su alianza política con príncipe prusiano Otton von Bismarck, un "socialista" de la primera hora.

El programa de Godesberg resignó posiciones teóricas y liberó manos y cabezas incomodadas por las condenadas "verdades últimas". No vengan por favor a menear la verdad ante los ocupados en cosas serias, como el toma y daca.

Que el paquete no nos empaquete
El mantenimiento de los "valores fundamentales del pensamiento socialista", como la libertad, la justicia, la solidaridad y la "mutua obligación derivada de la común solidaridad", suena siniestro si en adelante deben entenderse sobre la base de la propiedad privada y el mercado libre.

Los acostumbrados de tomar un Geniol diario deben saber que antes era aspirina y ahora es paracetamol, y los socialistas que el envoltorio es el mismo pero el contenido del paquete no.

La finalidad en lo sucesivo del socialismo "apto para los salones" como lo calificaron algunos burlones, sería crear un nuevo orden económico y social. Según David Graeber esta alta finalidad se conseguiría de “una absurda fusión de los peores elementos de la burocracia y del capitalismo: es como si alguien hubiera intentado crear la postura política menos atractiva posible”. Por ahí puede alumbrar alguna comprensión de por qué hay un boom de la derecha en buena parte del mundo.

Lo que vendrá
Graeber era un antropólogo estadounidense que murió en 2020. Dijo poco antes estar seguro de que nuestros nietos no vivirán toda su vida bajo el sistema capitalista. La pregunta es si lo que vendrá será algo mejor o algo peor". A estas alturas, con un reformateo social en marcha a escala mundial desde meses después de su muerte, con toda la riqueza en manos de un minoría ínfima que está provocando en todo el mundo el "paisajicidio" que denunció Abella y cosas peores también, con las viejas solidaridades rotas, con un ensayo exitoso de hacer marcar el paso a todos como hubiera envidiado Hitler, la respuesta no parece difícil.
De la Redacción de AIM,

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