La Casita de la Resiliencia vuelve a abrir sus puertas en Paraná. AIM conversó con la licenciada Melody Varisco (*), coordinadora del espacio, para conocer de qué se trata la propuesta y qué ofrece a la comunidad.
¿Qué es La Casita de la Resiliencia?
La Casita de la Resiliencia es un espacio de encuentro, aprendizaje y crecimiento destinado a las infancias. Es un taller vivencial inspirado en los principios de la pedagogía Montessori y orientado hacia la psicoeducación emocional. La propuesta integra el aprendizaje a través de la experiencia, la autonomía, la creatividad, el respeto por los ritmos individuales y el desarrollo de recursos para que cada niño pueda conocerse, reconocer lo que siente y relacionarse de una manera más consciente consigo mismo, con los demás y con su entorno.
La Casita funcionó originalmente en 2022 y ahora vuelve a abrir sus puertas en agosto, renovada, pero conservando su esencia: acompañar el desarrollo integral de las infancias desde una mirada respetuosa, preventiva y profundamente humana.
¿A quiénes está dirigida?
Por el momento, el espacio está destinado a infancias de entre 4 y 9 años, organizadas en grupos de acuerdo con sus edades y momentos evolutivos. Más adelante, a medida que el proyecto avance, posiblemente se abra también un grupo para mayores de 9 años.
La propuesta está abierta a todas las familias que quieran ofrecerles a sus “peques” un espacio diferente para aprender, explorar, vincularse, desarrollar su autonomía y adquirir recursos emocionales. No es necesario que presenten una dificultad específica, porque no se trata de un tratamiento psicológico infantil, sino de una experiencia psicoeducativa, vivencial, promotora de la salud mental y preventiva.
Los grupos van a ser reducidos, justamente para poder acompañar de manera cercana los intereses, las necesidades y los procesos de cada participante.
¿Cuáles son las metodologías que se utilizan?
Es un taller inspirado en los principios de María Montessori, aunque no pretende reproducir de manera completa una institución o un aula Montessori tradicional. Se trabaja a partir de un ambiente preparado, con materiales y propuestas accesibles para las infancias, que promueven la curiosidad, la exploración, la concentración, la autonomía, la responsabilidad y la libertad dentro de límites claros. El adulto ocupa acá un lugar de guía y contención: observa, acompaña y ofrece la ayuda necesaria, procurando no hacer por el niño aquello que ya puede comenzar a realizar por sí mismo.
Se desarrollan actividades de vida práctica y cotidiana, experiencias sensoriales, propuestas creativas, juegos, relatos, dinámicas corporales y momentos de intercambio grupal. A todo esto, se suma la psicoeducación emocional. La idea es que los niños puedan reconocer sus emociones, observar cómo se manifiestan en el cuerpo, ponerles nombre, comprender qué función cumplen y encontrar formas saludables de expresarlas.
La educación emocional no se plantea como una clase teórica, sino como un aprendizaje que atraviesa toda la experiencia del taller: la elección de una actividad, la espera, la frustración, el cuidado de los materiales, la convivencia, los desacuerdos, la posibilidad de poner límites y aceptarlos, y también la reparación cuando una acción afecta a otra persona.
¿Las metodologías cambian según el segmento etario?
Sí. Los fundamentos generales son los mismos, pero las actividades, los materiales y la forma de acompañar se adaptan a las características de cada etapa. En el grupo de 4 a 6 años se van a priorizar las experiencias concretas, sensoriales y lúdicas. Se trabajará especialmente sobre la autonomía cotidiana, la coordinación, el orden, la espera, la identificación de emociones y la posibilidad de expresar con palabras lo que sienten o necesitan.
En el grupo de 6 a 9 años se podrán incorporar propuestas de mayor complejidad, actividades cooperativas, resolución de problemas, reflexión sobre los vínculos, reconocimiento de diferentes puntos de vista y una mayor responsabilidad sobre las propias decisiones y acciones.
En ambos grupos se va a respetar el ritmo de cada niño, entendiendo que no todos necesitan aprender lo mismo, de la misma manera ni en el mismo momento.
¿Cuál es el objetivo del trabajo?
El objetivo es acompañar el desarrollo integral de las infancias promocionando la salud mental, fortaleciendo su autonomía práctica, emocional y vincular. Se busca que puedan conocerse a sí mismos en contacto con otros, confiar en sus capacidades, explorar, tomar pequeñas decisiones, responsabilizarse progresivamente por sus acciones y desarrollar una relación más consciente con aquello que sienten.
La propuesta tiene también una finalidad preventiva. Desde la psicología profunda hablamos de la “sombra” para referirnos a aquellas emociones, necesidades, cualidades o aspectos de la personalidad que una persona aprendió o necesitó ocultar, negar o rechazar porque no eran aceptados por su entorno, porque necesitaba adaptarse, pertenecer o sentirse amada. Y lo importante es entender que en la sombra no quedan solamente emociones consideradas difíciles, como el miedo, el enojo, la envidia o la tristeza. También pueden quedar relegadas la sensibilidad, la creatividad, la espontaneidad, la firmeza, la capacidad de poner límites, de expresar una opinión o de mostrarse tal como uno es, además de un sinnúmero de virtudes y potencialidades de cada personalidad.
En mi profesión, como psicóloga y psicoterapeuta integrativa de jóvenes y adultos, observo con frecuencia que muchas personas llegan a la adultez habiendo relegado partes importantes de sí mismas para poder adaptarse, pertenecer, ser aceptadas o sentirse amadas. Aquello que en algún momento no encontró un lugar para expresarse puede continuar actuando fuera de la conciencia e influir en las elecciones, en los vínculos y en las maneras de reaccionar. A veces, esto se manifiesta a través de patrones que se repiten, autoboicot, desbordes emocionales, conductas compulsivas o malestares que la persona no logra comprender. Esto no significa que todo síntoma tenga una causa exclusivamente emocional, pero sí que aquello que no puede ser reconocido o elaborado muchas veces busca alguna forma de expresión.
En la psicoterapia que llevo a cabo con jóvenes y adultos, parte del trabajo consiste en reconocer e integrar aquello que quedó relegado a la sombra. Con las infancias, en cambio, la propuesta es educativa, promotora de la salud mental y, además, preventiva: generar condiciones para que sus emociones, cualidades y modos de ser puedan ser reconocidos, expresados y acompañados desde temprano, sin quedar innecesariamente asociados a la vergüenza, al rechazo o al temor de no ser aceptados.
El propósito no es evitar que exista una sombra, porque forma parte del desarrollo humano, sino procurar que menos aspectos de la personalidad tengan que quedar reprimidos, relegados u ocultos y que los niños puedan relacionarse con su mundo interno de una manera cada vez más consciente.
¿Pueden participar niños de qué edades?
Actualmente pueden participar infancias de entre 4 y 9 años. Se van a conformar dos grupos diferenciados: uno de 4 a 6 años y otro de 6 a 9 años. Esta organización permite adaptar las actividades a cada momento del desarrollo y, al mismo tiempo, conservar cierta diversidad dentro de cada grupo, favoreciendo la cooperación y el aprendizaje compartido.
¿Cuáles son los resultados que se observan?
Cada niño tiene su propio proceso y los cambios no se producen de la misma manera ni en los mismos tiempos. Sin embargo, a través de este tipo de experiencias pueden observarse avances en la autonomía, la concentración, la confianza para intentar cosas nuevas y el cuidado de los materiales y del entorno. También se favorece una expresión más asertiva de las emociones, la ampliación del vocabulario emocional, la posibilidad de identificar con mayor claridad lo que les sucede, pedir ayuda, poner límites y aceptarlos, esperar, tolerar progresivamente la frustración y encontrar formas menos impulsivas de expresar el enojo o resolver los desacuerdos.
Otro aspecto muy importante es el reconocimiento de las propias cualidades y de las de los demás, sin comparaciones permanentes. Me gusta decir que cada niño tiene su propio “superpoder”. La idea es que pueda descubrir qué lo hace único, cuál es esa cualidad, sensibilidad o capacidad especial que tiene para ofrecer. Y que pueda comprender que no necesita tener el mismo superpoder que otro para ser valioso. Lo interesante, lo curioso y también lo emocionante es poder descubrir cuál es el propio.
El objetivo no es formar niños obedientes ni emocionalmente perfectos, sino acompañarlos para que puedan ser cada vez más conscientes de lo que sienten, de lo que necesitan, de sus capacidades y potencialidades, y de las consecuencias de sus acciones.
¿A partir de cuándo y en qué horarios funcionará?
La Casita de la Resiliencia comenzará a funcionar a partir de agosto. Inicialmente, las actividades se van a desarrollar los lunes y los viernes por la tarde. La conformación definitiva de los grupos se organizará de acuerdo con las edades y las necesidades de las familias.
A medida que se incorporen nuevos participantes, se irán sumando más turnos durante la semana, de acuerdo con la demanda. La intención es ampliar progresivamente la propuesta para que todas las infancias interesadas puedan vivir la experiencia de La Casita de la Resiliencia.
Las familias pueden realizar sus consultas por WhatsApp, o a través de las redes sociales del espacio (Ig @la.casita.de.la.resiliencia)
¿Hay algo más que le gustaría agregar?
La Casita de la Resiliencia vuelve a abrir sus puertas con la intención de ofrecer un espacio cuidado, cercano y respetuoso, en el que los niños puedan aprender haciendo, descubrir sus capacidades y comprender que todas las emociones tienen algo para comunicar. La propuesta integra el hacer, el pensar, el sentir y el convivir.
Parte de la convicción de que, cuanto más podemos conocernos, comprender lo que sentimos y aceptar las distintas dimensiones de quienes somos, más posibilidades tenemos de elegir conscientemente cómo actuar y cómo relacionarnos con los demás.
(*) Melody Andrea Solange Varisco | Lic. en Psicología | MP 2698
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