Un informe de Naciones Unidas advierte que más de 770 millones de habitantes de áreas costeras de baja altitud enfrentan riesgos crecientes de inundaciones, salinización de acuíferos y desplazamientos debido al avance del nivel del mar.
La crisis climática global alcanza una de sus manifestaciones más críticas con el constante ascenso del nivel de los océanos. Según las proyecciones más recientes divulgadas por agencias especializadas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y paneles científicos internacionales, aproximadamente 770 millones de personas, equivalentes a cerca del 10 por ciento de la población mundial, viven en zonas costeras ubicadas a menos de diez metros sobre el nivel del mar y se encuentran bajo una amenaza directa y creciente.
El fenómeno es impulsado tanto por la expansión térmica del agua marina como por el derretimiento acelerado de las masas de hielo continental de Groenlandia y la Antártida. Sus consecuencias afectan los mapas de riesgo poblacional, la economía global y la estabilidad de numerosas regiones.
Entre los principales riesgos se encuentran las inundaciones permanentes y las marejadas extremas. El aumento del nivel base del océano incrementa la frecuencia y la intensidad de las intrusiones marinas durante ciclones, huracanes y sudestadas, convirtiendo fenómenos meteorológicos episódicos en eventos cada vez más recurrentes.
Otro de los impactos es la salinización de acuíferos y suelos agrícolas. La intrusión de agua salada en reservas subterráneas de agua dulce compromete el abastecimiento de agua potable para millones de personas y afecta la fertilidad de los suelos productivos en importantes deltas fluviales.
También se encuentran amenazadas infraestructuras estratégicas como puertos, centrales energéticas, carreteras costeras y centros urbanos, lo que puede provocar desplazamientos poblacionales y procesos de migración climática.
El impacto del ascenso del mar es especialmente grave en los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (Peid), ubicados principalmente en los océanos Pacífico e Índico y en el Caribe. Archipiélagos como Tuvalu, Kiribati, las Islas Marshall y las Maldivas enfrentan la posibilidad de quedar parcialmente sumergidos o volverse inhabitables antes de finalizar el siglo.
En estos países, donde los puntos más elevados del territorio en muchos casos no superan los dos o tres metros sobre el nivel del mar, la erosión destruye playas, la salinización afecta los pozos de agua dulce y las mareas altas alcanzan regularmente viviendas e infraestructuras públicas.
Los líderes de estas naciones han denunciado reiteradamente en las cumbres climáticas de la ONU que afrontan algunas de las consecuencias más graves de un problema al que contribuyeron en una proporción mínima y reclaman compensaciones financieras por pérdidas y daños a los países industrializados con mayores emisiones.
Las grandes ciudades costeras también concentran elevados niveles de vulnerabilidad económica y demográfica. Alejandría, Daca, Bangkok, Yakarta, Lagos, Miami y Nueva York albergan infraestructuras financieras y comerciales estratégicas que requieren inversiones multimillonarias en obras de defensa costera.
Entre las medidas se incluyen murallones de contención, barreras, sistemas de bombeo y la restauración de humedales costeros y manglares. Economistas especializados en cambio climático advierten que la falta de adaptación de estas grandes urbes podría generar fuertes impactos económicos debido a la desvalorización de activos inmobiliarios, problemas en las cadenas de suministro portuarias y el aumento de las primas de seguros en áreas de alto riesgo.
Los expertos internacionales señalan además que, incluso si las emisiones globales de gases de efecto invernadero disminuyeran de manera drástica en el corto plazo, la inercia térmica de los océanos hará que el nivel del mar continúe aumentando durante décadas.
Ante este escenario, las políticas públicas de los países costeros deberán fortalecer las medidas de adaptación y la planificación territorial de largo plazo, incluida la reubicación planificada de las poblaciones más expuestas.
La comunidad internacional enfrenta, además, el desafío de financiar la adaptación de las comunidades más vulnerables del Sur Global y garantizar que la respuesta al ascenso del nivel del mar combine criterios científicos, equidad económica y protección de los derechos humanos de las poblaciones desplazadas por causas climáticas.
Fuente: IPS Noticias, Ipcc y Pnuma.