Investigadores y comunidades expuestas advierten sobre los efectos sanitarios y ambientales asociados a la aplicación reiterada de plaguicidas en zonas rurales y periurbanas de la Argentina.
Los estudios citados señalan que la deriva de las pulverizaciones y la escorrentía pueden transportar sustancias como glifosato, atrazina y organofosforados hacia viviendas, escuelas rurales y fuentes de agua.
Las investigaciones también analizan la exposición por inhalación, contacto dérmico e ingestión, y reportan biomarcadores compatibles con daño celular y genético en poblaciones expuestas de manera crónica.
Entre los principales riesgos se mencionan la deriva secundaria de las aplicaciones, la presencia de residuos de plaguicidas en pozos y napas y la exposición prolongada a mezclas de diferentes productos.
Estudios desarrollados por el Conicet y universidades públicas argentinas han evaluado alteraciones mediante pruebas como ensayos de micronúcleos y cometa, utilizadas para detectar daño genético.
También existe preocupación por la posible llegada de plaguicidas y sus metabolitos a acuíferos someros utilizados para consumo humano.
La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (Iarc), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), clasifica a algunos plaguicidas dentro de categorías de riesgo carcinogénico, lo que alimenta el debate sobre los criterios de aplicación y los límites de exposición.
Especialistas y comunidades reclaman revisar las distancias de resguardo alrededor de zonas habitadas y escuelas, fortalecer el monitoreo ambiental y promover sistemas productivos con menor dependencia de agroquímicos.
Entre las medidas planteadas aparecen franjas de exclusión, barreras forestales y el impulso de prácticas agroecológicas en áreas periurbanas.
Fuentes: Perfil, RDI (Radio de la Iglesia), Agencia Télam, Infobae y La Nación