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Política
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Deuda externa, interna y eterna

Deuda externa, interna y eterna
Deuda externa, interna y eterna

Por Ignacio Vila, de Revista PPV, especial para AIM.Después de arduos meses de negociación, Argentina logró alcanzar un acuerdo que comienza a dar alguna respuesta a la tremenda situación patrimonial que dejó el gobierno de Mauricio Macri. Se trata de la porción de la deuda que se había tomado con acreedores del sector privado cuyos bonos estaban enmarcados bajo ley extranjera, es decir, la cuota más compleja y más difícil de negociar. En ese sentido, no es menor destacar que hace solo unos días atrás los medios de comunicación hegemónicos destacaban el fracaso de la negociación de la deuda por parte de Martín Guzmán, incluso augurando una salida del ministro.

La deuda renogociada sumaba unos 65 mil millones de dólares, teniendo en cuenta el valor nominal de los bonos emitidos, es decir, el valor de esos bonos al momento de su emisión. El ministro Guzmán logró que el grueso de los bonistas acepten un valor nominal de 54 y 55 de dólares por bono generando un ahorro para el país de unos 30 mil millones de dólares.

El segundo punto importante tiene que ver con los vencimientos de la deuda. El Centro de Economía Política Argentina (Cepa) destaca en un hilo de Twitter que “hasta 2024 vencían 63,664 millones (capital e intere?, deuda pública y privada, ley local y extranjera) pero sólo se pagarán 6.116 millones de dólares”. Es importante aclarar que esta acción no hace desaparecer la deuda, sino que permitió correr el arco varios metros hacia adelante, pero de todas formas será fundamental que el país llegue al 2025 con algún grado de holgura externa para poder afrontar los nuevos vencimientos sin sobresaltos.

En este sentido, el propio Alberto Fernández en una entrevista televisiva realizada por Gustavo Sylvestre aseguró que era necesario que “Argentina exporte y genere divisas, para poder generar desarrollo y salir adelante” y que “tenemos que tener un dólar competitivo, no tener un dólar retrasado, que le permita exportar a la Argentina”. El gran desafío en este marco, será que el tipo de cambio competitivo no sea a costa de los salarios de lxs trabajadorxs. Históricamente, ha habido en nuestro país una fuerte correlación entre “tipo de cambio competitivo” y bajos salarios. Ahora, habrá que combinar la competitividad en términos externos con salarios que otorguen buena capacidad de compra a los ciudadanos/as.

Finalmente, en términos de deuda externa, todavía falta la negociación de la deuda tomada por Mauricio Macri con el Fondo Monetario Internacional. A pesar de los fuertes condicionamientos que el organismo internacional fija ante estos contextos, todo indica que los términos de la negociación serán un poco más laxos, teniendo en cuenta la postura que públicamente ha tomado el Fondo. Semanas atrás el propio FMI, tras hacer una revisión técnica sobre la situación nacional, afirmó en un comunicado que “la deuda argentina no es sostenible” y que no es “económicamente ni políticamente factible” para el país realizar más ajustes para reducir su deuda. Este tipo de comunicado es de un perfil tan extraño que ha sido generador de artículos periodísticos específicos. El 5 de agosto, por ejemplo, la BBC publicó un artículo titulado “La paradoja de cómo el FMI se convirtió en un aliado de Argentina en la renegociación de su deuda externa privada (y por qué es buena señal para otros países).

Deuda interna eterna

Desde el primer préstamo internacional requerido a la inglesa Baring Brothers por Bernardino Rivadavia, nuestro país ha pagado deuda a acreedores extranjeros siempre, o casi siempre. Cada vez que un gobierno conservador llevó adelante las riendas del Estado la película fue la misma: aumento de la deuda externa, pero sin un correlato en la mejora de la calidad de vida de lxs argentinxs. Finalmente, es el propio pueblo argentino quien se ajusta el cinturón y paga con sangre las consecuencias de una deuda que se debe devolver.

El gobierno encabezado por Macri no se diferenció de experiencias conservadoras previas, más bien llevó a adelante un proceso de endeudamiento jamás visto en nuestra larga historia deudora. Esa impresionante cantidad de dinero que ingresó a nuestro país no se tradujo en bienestar, sino que durante los años macristas aumentó el desempleo, el endeudamiento de las familias, el cierre de empresas, las tarifas de los servicios básicos saltaron por el aire y la inflación se aceleró.

Ante la obvia pregunta de “dónde está la plata que nos prestaron”, nadie tiene una respuesta que ofrecernos. En ese marco, meses atrás, Cristina Fernandez de Kirchner decía: “Deberíamos estar discutiendo quién va a pagar la deuda. Qué pasó en estos 3 años y medio con esos 157 mil millones de dólares. Los que pagan son siempre los mismos y los que se la llevan son también siempre los mismos. Yo quiero saber quién se la llevó porque quiero pedirle a ese que la pague. ¿Porqué la va a pagar otro?” ¿Será posible que esta vez nuestro gobierno popular logre pagar la histórica deuda interna que tiene con los argentinos de bien?

El gobierno del Frente de Todos encabeza nuevamente un ordenamiento de la deuda dejada por un gobierno conservador y neoliberal. El reciente acuerdo sienta las bases para retomar un camino de desarrollo con algún grado de normalidad, aunque no deja de sentirse la injusticia de que nuevamente tendremos que remar contra la corriente del endeudamiento externo. Esto implica que debemos negociar con el Fondo Monetario Internacional, histórico instrumento norteamericano cuyo mayor éxito ha sido el de impedir el desarrollo de los países como el nuestro. Los acuerdos alcanzados y los que están por venir mejorarán las condiciones heredadas y el presidente de la Nación contará con el respaldo de una sociedad que evalúa con buenos ojos estas gestiones. Pero, sobre todo, contará con un apoyo mayoritario si decide avanzar con la deuda interna: que los responsables del endeudamiento más salvaje del cual tengamos antecedentes sean juzgados por los delitos cometidos.

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