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Inflación: Las falsedades del supuesto éxito de Milei

La propaganda oficial, tanto por boca de los máximos funcionarios nacionales como de los grandes medios de in-comunicación y des-información, y hasta de los economistas “serios” del establishment, vienen insistiendo en el supuesto éxito de la política anti inflacionaria de Milei. Por Luis Lafferriere (*). Especial para AIM.


Junto a otras grandes mentiras, como asegurar que se logró eliminar el déficit fiscal, tales logros son puestos como evidencias de que “la macro” anda bien. Entonces, la cuestión sería esperar a que llegue la bonanza a la gente.

En realidad, tanto los indicadores oficiales, como las estadísticas y los estudios serios, muestran que más allá de las mentiras y falsedades, los resultados anti inflacionarios de la política intervencionista de Milei son un claro fracaso.

Ni siquiera tomando los índices truchos que manipula el gobierno, o las propias declaraciones del presidente, se puede aceptar esa cadena de falsedades, que muchos periodistas y políticos (algunos ‘ensobrados’, otros por ignorancia) repiten como loros.

Las primeras grandes mentiras
Milei ha afirmado que la inflación en la Argentina es un problema histórico, que ningún gobierno ha podido resolver (salvo su ‘exitosa política’). Y menciona como la causa principal a la creación del Banco Central en 1935, que permitió la emisión de dinero para financiar el déficit fiscal.

Para instalar el mito de la emisión monetaria inflacionaria, afirma el presidente que desde entonces y hasta hoy, la inflación y la pérdida de valor de nuestra moneda alcanzan un acumulado de más de 13 trillones por ciento.

Se trata de una verdad a medias, porque se olvida de mencionar un ‘pequeño’ detalle: esa inflación acumulada desde 1935 hasta el inicio de su gobierno (diciembre de 2023) era de 3 trillones por ciento. Y desde ese momento durante su gestión, la misma se multiplicó por cuatro, para llegar a los 13 trillones actuales.

Es decir que, según su propio argumento, la inflación histórica tan criticada se multiplicó y se potenció durante su gobierno.

Y haciendo un cálculo con esos datos históricos, llegamos a otra conclusión: tomando los 13 trillones por ciento de inflación desde 1935 a la actualidad, el promedio anual acumulativo arroja una cifra del 54 por ciento de inflación cada año de todo el período histórico.

Pero la inflación anual acumulada durante la gestión ‘exitosa’ de Milei fue del 74 por ciento. Mucho más que la elevadísima inflación durante la historia del Banco Central.

Está claro que su verdad a medias oculta una mentira enorme.

La supuesta culpa de la emisión y el déficit fiscal
Insiste y repite Milei (junto a los economistas ‘serios’ y a la prensa cómplice) que la alta inflación histórica en nuestro país se debe a la emisión monetaria realizada por el Banco Central para financiar el déficit fiscal de los distintos gobiernos de turno. Lo cual contiene gruesas contradicciones que quedan al desnudo cuando se hace un análisis de nuestra historia económica.

Durante el denominado Período ISI (de Industrialización por Sustitución de Importaciones), entre mediados de los años ’30 y de los años ’70 del siglo pasado, la inflación anual tuvo un promedio aproximado del 20 por ciento, con un comportamiento cíclico que mostraba años de un 10/12 por ciento de inflación, y picos de entre 22/25 por ciento.

El período comenzó con cifras menores en 1935-1944 (del 3,5 por ciento anual), y luego ascendió gradualmente: 1945-55 un 20,3 por ciento anual; 1956-69 un 25 por ciento anual, y 1970-75 un 38 por ciento anual.

Pero siempre fueron subas menores en comparación con la inflación anual durante el gobierno actual, que llega al 74 por ciento. Y eso considerando que en todos esos años de vigencia del modelo ISI hubo déficit fiscal, y que el Banco Central cubría con emisión monetaria.

La experiencia histórica es clara y demuestra el falso argumento de que la emisión monetaria es la que genera alta inflación en la Argentina.

Y más importante aún, en todo ese período histórico tan criticado y denigrado por el presidente, la sociedad argentina logró las mejores condiciones de vida para la amplia mayoría de la población.

A pesar de las indudables limitaciones, fueron épocas de la movilidad social ascendente generalizada, donde cada generación vivía mejor que la anterior, con muy bajas tasas de pobreza (entre el 3 y 4 por ciento del total de la población), de empleo para todos y con todos los derechos legales y laborales (que desde la última dictadura se fueron perdiendo), con avances indudables del sistema educativo y de la salud pública; con desarrollo ejemplar del sistema científico y tecnológico (ejemplo en todo el continente y el mundo), y un estado que intervenía activamente a favor de la industrialización, de la producción nacional, de las mejoras en los ingresos de la mayoría, de la defensa de nuestro mercado interno.

La crítica a los gobiernos anteriores
Siguiendo con las comparaciones, que tanto usa, disfruta y abusa el presidente (pero siempre mintiendo, obviamente), podemos observar que la inflación anual durante su período sólo es comparable a la del gobierno de Alberto Fernández, pero mucho más alta que la de cualquiera de los que gobernaron el país durante este siglo XXI, después de la debacle del 2001/2002.

Comparando la inflación anual durante todo el período de Milei, que llega al 74 por ciento, la cifra sólo es apenas superada por el promedio anual del gobierno de Alberto Fernández (que llegó al 78 por ciento anual).

Pero la inflación anual de Milei supera ampliamente la que hubo durante los restantes gobiernos anteriores: con Macri fue del 40,5 por ciento, con Cristina Fernández fue del 25,9 por ciento y con Néstor Kirchner de sólo el 8,2 por ciento.

¿Dónde está, entonces, la exitosa política antiinflacionaria de Milei?

Otra mentira: la prometida “inflación cero”, ¿dónde está?
El presidente aseguró públicamente en abril del año pasado, que para el mes de julio de este año tendríamos una inflación cero, o de cero coma. Promesa que como tantas otras se manifestó errada e incumplida.

La inflación mensual oscila alrededor del 2 por ciento, lo que implica una continuidad del proceso de deterioro de los ingresos de la amplia mayoría de la población, arrojada a situaciones dramáticas de pobreza e indigencia.

La inflación de Milei no logra bajar del 30 por ciento anual, aun tomando indicadores incorrectos y truchos, con metodología inapropiada, que sólo defienden él y su delincuente ministro de economía (otra de las falsedades de la política oficial).

Si bien es cierto que en los últimos meses tenemos una inflación más baja que al comienzo de su gobierno, no se logró que disminuya a niveles cercanos a los que había durante las décadas del modelo ISI, ni mucho menos a la prometida ‘inflación cero’.

Además, fue el propio Milei quien generó un fuerte salto inflacionario al generar una brutal devaluación del peso frente al dólar (salto de más del 118 por ciento) al inicio de su gestión. Inflación elevada que implicó una enorme transferencia de ingresos del grueso de la población hacia los sectores más concentrados que dominan los mercados monopólicos y oligopólicos en la Argentina.

La falsedad de la emisión monetaria como causa de la inflación
Se viene afirmando hasta el hartazgo que la principal causa de la inflación en nuestro país se debe a la emisión monetaria para financiar el déficit del Tesoro nacional.

Pero la información oficial, el análisis de los procesos inflacionarios de las últimas seis o siete décadas, y los estudios más rigurosos y fundamentados que se han hecho sobre las causas de la inflación en la Argentina, demuestran sin ninguna duda que el factor central que explica los diferentes procesos inflacionarios (y los períodos de baja inflación) se asocia al valor del dólar.

En el período histórico que abarcó el modelo ISI ya mencionado (hasta mediado de los años 70 del siglo XX), los procesos inflacionarios fueron cíclicos. Períodos de relativa estabilidad, con un dólar que no tenía grandes variaciones, y momentos de crisis que se iniciaban en el estrangulamiento del sector externo por falta de esa divisa. Eso llevaba a una devaluación del peso frente al dólar, y la posterior inflación.

Y si tomamos el último medio siglo, que fueron de elevada inflación y hasta momentos de hiperinflación, siempre los procesos se producían por saltos en los valores del dólar. Lo mismo si consideramos las relativamente exitosas políticas antiinflacionarias, que se asocian al sostenimiento del valor de dólar sin variación frente al peso (como fue durante los años 90, cuando se fijó su valor en un peso –el recordado uno a uno-).

Y la propia evolución de la inflación durante el actual gobierno demuestra ese vínculo: la devaluación dispuesta por Milei al comienzo de su gobierno, provocó elevadísimas tasas inflacionarias en los primeros meses (diciembre 2024, enero-febrero-marzo 2025).

Pero luego el gobierno mantuvo una activa política de intervención sobre el mercado cambiario, para sostener un dólar cada vez más barato en relación al peso, lo que constituyó un factor fundamental para hacer descender la inflación en los niveles actuales.

En resumen, se miente sobre las principales causas de la inflación, ocultando la burda manipulación estatal sobre el valor del dólar. Manipulación que es posible sólo porque el Estado consigue poner más dólares en el mercado, a costa de endeudarse cada vez más y de una manera irresponsable e insostenible en el tiempo.

Otra gran mentira: la pregonada ‘libertad de mercado’
Este gobierno se destaca ante la gran mayoría de la sociedad (que desconoce lo que se oculta debajo de la superficie) como un poderoso defensor de la libertad de mercado, como eje central de sus políticas, incluyendo la política antiinflacionaria. Pero resulta que lleva adelante medidas de política económica que son claramente intervencionistas.

Es el Estado desde diferentes planos (en especial el Tesoro nacional y el tan denostado Banco Central) el que viene determinando el valor del dólar, como principal ancla contra el aumento de los precios.

No es el ‘libre mercado’ el que determina a través de la oferta y la demanda, el valor del dólar. Es el Estado como interventor activo el que lo regula, a través de muchos instrumentos.

Justamente el gobierno es quien interviene al margen de las fuerzas de mercado, para incidir en el valor de una mercancía clave, que a su vez afecta al precio de casi todos los bienes que se transan en el mercado.

Y no sólo manipula el mercado cambiario (a costa de endeudar a todos los argentinos con una deuda que será impagable), sino que también manipula los intereses que rigen en el sistema financiero, al disponer altas tasas en pesos, para evitar que los inversores usureros no compren dólares.

De esa manera, también garantizan que siga el juego macabro y delictivo de la bicicleta financiera, que es promovido por el Estado para beneficiar con rentas fabulosas a los grandes especuladores, que luego fugan esas rentas al exterior.

Otra falsedad de la inflación: usar un indicador incorrecto
El gobierno mide la inflación con un indicador que está totalmente desfasado en el tiempo, y que no refleja la canasta de consumo que tienen actualmente las familias argentinas.

El propio Indec (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) venía trabajando desde años atrás en actualizar la canasta de consumo familiar, para considerar el peso de los diferentes bienes y servicios en el presupuesto mensual.

La metodología vigente se basa en una canasta de consumo de principios de siglo (año 2004), que estaba desactualizada, por los cambios en el peso de muchos ítems en los gastos mensuales. Pero ya se había avanzado con la nueva metodología, tomando información sobre el consumo de 2017/2018, que contempla la fuerte incidencia de gastos en servicios públicos indispensables (como la electricidad, el gas, el agua, los transportes, etc) y otros servicios muy necesarios (como las comunicaciones a partir del uso masivo de internet).

Había anuncios, promesas y acuerdos de este gobierno, de usar el nuevo índice a partir del inicio del corriente año 2026. Pero el mismo gobierno resolvió postergar el cambio, ya que el indicador actualizado mostraría la incidencia de los aumentos sobre la inflación, y de esa manera dejaría más en evidencia el fracaso.

Prefirió usar un índice erróneo, para ocultar una inflación mayor, que daría como resultado un porcentaje entre un 15 y un 18 por ciento más elevado en el crecimiento de los precios al consumidor.

¿Por qué ocultar una inflación real mayor? Por varios motivos.

En primer lugar, el motivo propaganda. Es decir, evitar críticas a uno de los principales ‘éxitos’ de la política económica del gobierno.

Pero también para impedir que los reclamos salariales pretendan recomponer la pérdida del poder adquisitivo. Y más importante aún, poner topes más bajos a los ajustes mensuales de los haberes previsionales, que tienen en cuenta las variaciones del IPC oficial del Indec.

En resumen, la supuesta exitosa política antiinflacionaria del gobierno no tiene sustento en la realidad. Es propaganda oficial mentirosa, como casi todo lo que sostiene el gobierno de Milei, para ocultar los desastrosos resultados de su gestión, y los verdaderos objetivos de su Plan Masacre.

Luis Lafferriere (*) es Contador Público Nacional y Promotor de la Cátedra Abierta por un mundo nuevo.

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