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Las Lágrimas de Lorenzo: Un espectáculo difícil de disfrutar desde nuestras latitudes

Este año la lluvia de Perseidas se verán del 17 de julio al 26 de agosto, pero no es un fenómeno que se vea bien desde nuestra latitud. Nosotros deberemos esperar a octubre para ver estos espectáculos que nos brinda el cielo, constató AIM.[{adj:76893 alignright}]


Desde la latitud en la que nos encontramos casi no puede verse la lluvia de estrellas que se viene. Por lo tanto, este fenómeno que se puede visibiliza desde algunos lugares del mundo pasará desapercibido en nuestra zona. Podrá ser observada entre el 17 de julio y el 26 de agosto. La máxima actividad de ese fenómeno está prevista para el próximo 12 de agosto.

En este caso, el número de meteoros observables por hora es muy variable, aunque su velocidad es más alta: 60 kilómetros por segundo. Según los expertos, este año es bueno para observar las Perseidas, ya que sucederán cuando la luna esté en fase menguante.

Nosotros deberemos esperar a octubre, cuando llegará la principal lluvia de meteoros de las Oriónidas (ORI), ya que es el mes del encuentro de nuestro planeta con un chorro de partículas dejadas a su paso por el cometa 1P/Halley, cuyos corpúsculos nos brindan una lluvia de meteoros muy interesante en una de las constelaciones más conocidas: Orión (las Tres Marías). Este año, las Oriónidas está activa los primeros días del mes. La misma puede verse desde el hemisferio sur, constató AIM.

Pero ahora, es el turno de las Perseidas o lágrimas de San Lorenzo y son probablemente la lluvia de estrellas más popular del año, no sólo por ser una de las más activas y espectaculares, sino también probablemente por ocurrir agosto.

Las estrellas fugaces, un fenómeno de nombre muy confuso, no tienen nada que ver con las estrellas, astros situados a años luz de distancia, sino que en realidad se producen aquí mismo, en la propia atmósfera de nuestro planeta Tierra. También llamadas meteoros, estos fenómenos son en realidad los trazos de luz dejados por pequeños fragmentos de roca al entrar en nuestra atmósfera a gran velocidad y desintegrarse. Mayoritariamente su origen está relacionado con los cometas, y en concreto con el rastro de material que dejan al acercarse estos a las proximidades del Sol. Son en realidad los trazos de luz dejados por pequeños fragmentos de roca al entrar en nuestra atmósfera a gran velocidad y desintegrarse.

Lo que sucede cada año a mediados de agosto es que nuestro planeta atraviesa el rastro de polvo y rocas dejado por el cometa Swift-Tuttle. Durante varias noches, estos pequeños trozos de cometa chocan con la Tierra a más de 200.000 km/h y producen una lluvia de meteoros. La mayoría de estos meteoros son producidos por fragmentos de no más de unos milímetros de tamaño, y se desintegran unos 100 kilómetros antes de chocar con la superficie terrestre.

Cada 133 años el Swift-Tuttle se aproxima de nuevo al Sol, lo que hace que se funda una parte su superficie por la radiación solar y dejando tras de sí un rastro de escombros. Su último paso fue en 1992, cuando las lágrimas de San Lorenzo fueron especialmente activas, y no volverá a acercarse al sistema solar interior hasta el 2126. Sin embargo, la gran cantidad de escombros dejados por el cometa prometen mantener esta lluvia de meteoros activa durante todo el próximo siglo.

Pequeños trozos del cometa Swift-Tuttle chocan con la Tierra a más de 200.000 km/h y producen una lluvia de meteoros.

De dónde viene el nombre

Las Perseidas no son la única lluvia de estrellas que se conoce. A lo largo del año, nuestro planeta se cruza, en su movimiento de traslación alrededor del Sol, con otros múltiples rastros de algunos de los miles de cometas conocidos, lo que produce otras lluvias de meteoros. En abril, por ejemplo, se observan las Líridas, y alrededor del 13 de diciembre se pueden ver las Gemínidas, seguramente la más activa de todas.

Los nombres de las lluvias de estrellas, asociados a algunas constelaciones (Oriónidas, Líridas, Leónidas, etc.) tienen su razón de ser. En el caso de las Perseidas, por ejemplo, la combinación entre el movimiento de la Tierra y el de la nube de escombros del cometa Swift-Tuttle hace que todos los trazos de meteoros parezcan venir de una misma dirección del cielo, un punto que se denomina el radiante.

Perseidas (Oriol Vidal), es algo parecido a lo que pasa cuando vamos en coche bajo una tormenta de lluvia o nieve, y todos los copos parecen venir de una misma dirección, delante nuestro, hacia nuestro parabrisas. En el caso de las lágrimas de San Lorenzo, el radiante se encuentra hacia la constelación de Perseo. Este es el motivo por el cual a esta lluvia de estrellas se la conoce como las Perseidas. El nombre más popular de “Lágrimas de San Lorenzo” viene de su proximidad con la festividad de San Lorenzo, el 10 de agosto, aunque a decir verdad, suelen ser las noches del 11, 12 y 13 de agosto cuando se observa mejor esta lluvia de meteoros.

El nombre más popular de “Lágrimas de San Lorenzo” viene de su proximidad con la festividad de San Lorenzo, el 10 de agosto.

Para quienes puedan disfrutar de esta lluvia de estrellas

En el momento del máximo de la lluvia, desde lugares especialmente oscuros y en noches sin luna pueden llegar a contarse hasta unos 100 meteoros por hora. En 2009 Incluso pudieron llegar a contarse más de 170 por hora, puesto que la Tierra cruzó una rama más densa de la corriente de restos del Swift-Tuttle. Algunos años, sin embargo, el espectáculo ha quedado algo deslucido por la presencia de la Luna en el cielo; cuando está cerca de su fase llena impide con su intenso brillo que se puedan ver los meteoros más débiles.

Para poder observar las lágrimas de San Lorenzo no hace falta ningún aparato óptico, como prismáticos o telescopios. De hecho, hay que observarlas a simple vista para tener el mayor campo de visión posible. Aunque el radiante de la lluvia se encuentre en la constelación de Perseo, que aparece por el horizonte noreste poco después de medianoche, los meteoros se pueden ver en cualquier parte del cielo, así que lo mejor es tumbarse boca arriba para no perdernos ninguno. Se pueden empezar a ver estrellas fugaces ya desde los primeros momentos de oscuridad, pero lo ideal es salir a verlas durante la madrugada, cuando el radiante se encontrará más alto en el cielo.

Lo ideal es salir a verlas durante la madrugada, cuando el radiante se encontrará más alto en el cielo.

Lo que sí es importante para disfrutar del fenómeno es estar en un lugar alejado de la contaminación lumínica y donde podernos tumbar o sentar bien cómodos para ver el mayor trozo de cielo posible, sin que nos entorpezcan los elementos del horizonte, y aún menos las farolas o luces directas. Los puntos geográficos ideales para ver bien la lluvia de estrellas son los que estén lo más alejados posibles de la contaminación lumínica de las grandes ciudades. Así que quienes, por ejemplo, tengan la fortuna de estar de viaje por el viejo continente para esta época, podrán darse un lujo más, mirar al cielo y disfrutar de este fenómeno.

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