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París y otras ciudades de Francia se acercan al toque de queda

París y otras grandes ciudades de Francia se asoman despacio a un probable toque de queda y a otra dimensión de la pandemia. El presidente francés, Emmanuel Macron, se dirigirá al país este miércoles mediante un encuentro con periodistas para anunciar otro apretón de tuercas y contener con ello la expansión de la covid-19.

Tal como lo habían adelantado la semana pasada los expertos, el porcentaje de ocupación de los servicios de reanimación de los hospitales crece con el correr de los días, muy especialmente en París y sus alrededores, así como en Lile, Lyon, Burdeos, Marsella. Hace siete días ese porcentaje era del 40 por ciento. Martin Hirsch, director de la Asistencia Pública-Hospitales de París, calcula que de aquí al 24 de octubre ese porcentaje subirá “al 70 y al 90 por ciento” (diario Le Parisien). El ascenso, según el responsable,” es ineluctable”. De estas cifras y del análisis de la situación que se llevó a cabo este martes en un consejo de defensa se desprende la intervención televisiva del presidente, con él telón de fondo de una serie de preguntas y respuestas con un grupo de periodistas. Será el primer formato entrevista de este tipo desde el pasado 14 de julio.

Las opciones que se contemplan van desde la exigencia de más responsabilidad de la población hasta toques de queda en la capital francesa y otras capitales regionales expuestas ya a la “segunda ola”. La perspectiva de las vacaciones de todos los santos que se avecina fuerza al poder a instaurar más restricciones. Ya no estamos en julio cuando, en pleno verano, después del extenso confinamiento, todo tenía sabor a paraíso.

El panorama es preocupante y, aunque varía de un lugar a otro, las cifras siguen en aumento en su conjunto. En la región del Gran Este, por ejemplo, sólo el 10 por ciento de las camas de reanimación están ocupadas. La problemática se concentra desde ahora en las metrópolis del país. Una enfermera del hospital Saint-Louis de París anunciaba: “nos esperamos otra vez lo peor. Estamos todos en estado de alerta progresiva”. En el distrito cuatro de la capital, los médicos del barrio entrevistados por este diario calculan que en los últimos 10 días las consultas de pacientes covid subió alrededor del 30 por ciento. Los casos constatados de infecciones oscilan en este momento entre los 8.000 y 20.000 por día.

El lento pero seguro otoño viene también a complicar la situación sanitaria: hace cada vez más frío, la gente sale menos y permanece más tiempo en el interior con todo cerrado y mucho menos aire que circula. En París, los testeos positivos rozan el 17 por ciento mientras que la tasa de incidencia sobrepasó los 410 casos por cada 100 mil habitantes. La incidencia es particularmente elevada entre las personas con edades que van de los 20 a 30 años. En esta categoría de la población se registran 645 casos por cada 100 mil habitantes, lo que equivale a 13 veces el umbral de alerta establecido a 50. La pandemia regresa a sus días más negros al mismo tiempo que el Ejecutivo mantiene su postura: no cerrar el país, permitir que “la vida social siga su curso”, no detener la economía. El primer ministro, Jean Castex, repite desde el mes de agosto que un nuevo reconfinamiento “sería peor que todo”.

Los científicos exigen mano más dura al tiempo que admiten que un escenario como el del pasado mes de marzo no puede volver a repetirse: en marzo la pandemia irrumpió por sorpresa cuando ahora ya se cuenta con sólidos conocimientos para tomar medidas más matizadas. Por consiguiente, la hipótesis de un reconfinamiento general o local está excluida. Sin embargo, algo se mueve en el fondo porque, de lo contrario, el jefe del Estado no intervendría este miércoles en la televisión.

Precisamente, en vísperas de esa intervención presidencial una misión de evaluación sobre la gestión de la pandemia sacó conclusiones bastante críticas. En un informe de dicha misión compuesta por cinco expertos que empezó a trabajar en el mes de junio, los especialistas verificaron “defectos manifiestos de anticipación, de preparación y de gestión”. Escasa disponibilidad de tapabocas, tardanza en la realización de test, fallas en la coordinación entre los diferentes actores y abandono de la prioridad acordada a la prevención constituyen el eje de las observaciones negativas.

Didier Pittet, el infectólogo que preside la comisión, observa que hubo un “atraso” en el análisis de la gravedad de la crisis y que sólo se tomó conciencia de la amplitud del problema sanitario cuando los pacientes llegaban en masa a los servicios de reanimación. Por otra parte, Francia no es el único país europeo al cual la covid-19 obligó a revertir sus pasos: España, Italia, Gran Bretaña, Bélgica, y los Países Bajos está nuevamente inmersos en el redespliegue de un virus que no acaba de llevarse puestas vidas humanas, economías, futuros y esperanzas.

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