“El dispositivo comunitario Boina de Vasco, enclavado en el Barrio Anacleto Medina, tiene una raíz y un entramado en la resiliencia. El merendero, surge de la pérdida de mi madre, Mirta Graciela Martínez, y hoy cumple nueve años”, dijo a AIM el referente del espacio, Emanuel Cornejo.
“Al querer recordarla con mi hermano y tenerla presente tal cual ella era, colaborando, sumando, poniendo el hombro y el pecho a las circunstancias, a los infortunios propios y ajenos”, relató Cornejo a esta Agencia.
“Cuando ella fallece, un 19 de junio, nosotros quisimos traerla de nuevo a nuestras vidas en cierta manera con su energía y forma de ser. Fuimos pensando y construyendo este dispositivo que hoy alberga y contiene a tantas personas, tantos pibes en Barrio Anacleto Medina. Desde ahí empezamos a trabajar con los gurises en una primera instancia, siempre pensando en las familias que los contienen y están alojados, con un plato de comida y una taza de leche caliente, pero también en que se sientan contenidos y tengan actividades para empezar a despejarse de la cotidianeidad que ellos traen y a la que están continuamente expuestos”.
Boina de Vasco “siempre fue pensado desde una construcción colectiva; no es una cuestión individualista, sino que siempre pensamos en construir entre todos, si bien empezó con mis hermanos Hugo y Gaby, sumando otras miradas, escuchando a los pibes que han pasado por este lugar, que sumaron su experiencia e inexperiencia”.
“El Boinas no es algo propio de Hugo o Ema, sino que es parte de cada tallerista, de cada gurí. Algunos de ellos que pasaron por aquí hoy están estudiando abogacía, arrancando sus ganas de estudiar trabajo social, a querer laburar, que batallan con sus problemáticas e inconvenientes”.
Cornejo remarcó: “Apostamos a esta construcción colectiva, comunitaria, donde siempre es posible alojarlos y sostenerlos desde la comunidad. Lo comunitario y lo humano salvan, el cocinar, el querer estar y brindarle algo al otro siempre fue lo más significativo y la apuesta más grande que hemos tenido en estos nueve años de laburo en el Boina de Vasco”.
“El nombre del merendero surge a raíz de una de las plantas que más amaba mi vieja. La boina de vasco es una planta muy significativa, delicada, que cuesta mucho que eche raíces, pero una vez que lo hace y empieza a florecer es casi imposible matarla, sacarla, arrancarla. Eso es lo que queremos traer a la diaria. En el camino puede haber un montón de inconvenientes, como los que pasan hoy los comedores y merenderos de Paraná y de toda la Argentina”.
Cornejo explicó: “Estamos dentro del MTE y ya hace cuatro meses que no estamos recibiendo los alimentos. Las filas van creciendo, los números también, pero el alimento está escaseando. También faltan manos a la hora de sumarse a los talleres. Estamos combatiendo cuerpo a cuerpo el qué ofrecerle a los gurises en la diaria para que se sientan seguros”.
En Boina de Vasco, “los gurises tienen un lugar seguro donde estar alojados, donde pueden ser ellos. Tienen desayuno, taller de panadería, un espacio de infancias, ronda para las mujeres y disidencias, es un centro de práctica que forma a futuros trabajadores sociales con una perspectiva comunitaria y abordaje humano con el acompañamiento de la facultad”.
“Es hermoso poder construir desde el amor porque va a seguir floreciendo, estando y perdurar en el tiempo. Muchos de los gurises que ya están en otros tramos de sus vidas se siguen acordando de nuestro espacio, de los profes. Es importante remarcar que tras un gran dolor se puede tener la capacidad de recuperarse, salir, enfrentar los peores momentos y fortalecerse, pero siempre en colectivo, con una perspectiva comunitaria. Frente a lo adverso y de fuerte tensión lo que prevalecerá es la construcción desde el amor y lo humano”.