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Política
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¿Qué es un financista?

Soros no arrojará ninguna luz sobre la  Argentina.
Soros no arrojará ninguna luz sobre la  Argentina.

Con ingenio galo y mordacidad, Montesquieu dice en "El Espíritu de las Leyes" que si los tártaros invadieran otra vez Europa, como en tiempos de la caída de Roma, sería muy difícil explicarles qué es un financista.

Quizá una posibilidad de comprensión para los nómadas de las estepas sería enfrentarlos con lo que para nosotros al menos es una cualidad propia de todos los seres humanos, por mucho que haya sociedades en que es enteramente desconocida: el deseo incolmable de acaparar, retener y aumentar: la avaricia.

Sobre esta cualidad el gran filósofo Baruch Spinoza anota en "La Reforma del Entendimiento" que hay tres cosas que los hombres vulgares estiman como sumo bien: las riquezas, la reputación y el placer.

"Estas tres cosas se adueñan del alma de tal modo, que apenas puede ésta concebir un bien distinto". Aclara que después del placer viene una profunda tristeza que perturba y embrutece la mente.

Pero a la reputación y a las riquezas no sigue un arrepentimiento, como en el caso del placer, "pues cuanto más se poseen más queremos aumentarlas por la alegría que producen". Es decir, las riquezas no dan tregua nunca y envilecen también a los ancianos a los que el placer sensual suele abandonar.

El vicio moderno
El capital financiero parece hecho a medida para vicio moderno. No importa que los tártaros no lo hubieran entendido: está entre nosotros y gracias al sojuzgamiento que logró de todas las cosas a su poder, hoy el 80 por ciento del dinero está en manos de usureros que solo quieren verlo crecer sin medida. Sólo el 20 por ciento se dedica a los otros usos del dinero.

No es difícil entender a Leo Fariña, ejemplar de financista de poca monta, "valijero" que pasó a la luz pública por escándalos en la farándula y su misturación con el poder político, y de la luz pública pasó casi sin transición a la sombra del calabozo.

Fariña tuvo a su disposición bienes y posibilidades que la publicidad parece ofrecer a todos, pero que en realidad solo muy pocos pueden alcanzar. Sin embargo, la zanahoria permanece ahí, intacta frente al hocico del burro perseverante y ciego.

Cobarde a medida
Notablemente, lo que se desea poseer a toda costa, aquello que cuando más se tiene más que desea aumentar, está reconocido en los manuales de economía por una cualidad que nadie envidiaría: la cobardía. El capital no solo no tiene patria y exige desplazarse sin trabas según convenga, sino que es muy cobarde, se dice con algo de admiración asordinada.

Pero no es tan cierto. Acá, como en todo lo específicamente moderno, la cantidad decide. Un comentarista, redactor de una revista económica, decía hace mucho: "El capital es de condición tímida. Esto es muy cierto, pero no es toda la verdad. El capital experimenta horror por la ausencia de ganancia o por una ganancia muy pequeña, como la naturaleza siente horror por el vacío (según los griegos antiguos). Si la ganancia es adecuada, el capital se vuelve audaz. Un 10 por ciento seguro y se lo podrá emplear dondequiera. 20 por ciento y se pondrá impulsivo. 50 por ciento y llegará positivamente a la temeridad: por 100 por ciento pisoteará todas las leyes humanas. 300 por ciento y no hay crimen que lo arredre, aunque corra el riesgo de que lo ahorquen. Cuando la turbulencia y la refriega producen ganancias, el capital alentará una y otra. Lo pueban el contrabando y la trata de esclavos".

No es de extrañarse entonces que todas las leyes humanas estén pisoteadas y que no haya crimen que parezca excesivo o no se justifique ante el tribunal racional del lucro.

El capital encuentra razones y subterfugios para patentar la vida y decidir la muerte, para esterilizar poblaciones con miras a que su crecimiento no merme los recursos naturales y con ellos la tasa de ganancia, para encontrar razonable enviar la enfermedad y la muerte con fábricas contaminantes a lugares donde se vive poco y mal, los gastos en salud son escasos y los gobiernos flojos y tuertos. No es de extrañarse que promueva guerras y tráfico de drogas, armas y personas por todas partes, no ya antigüedades como el contrabando y la trata de esclavos. Es temeroso, siempre que un número irresistible no le quite el freno.


Tarda la fortuna
Pero ¿qué es un financista? Cuando el papa Rodrigo de Borja compró el papado vendiendo castillos en Europa para sobornar los cardenales que votaban en el concilio, uno de sus "beneficiados" tenía 95 años. El anciano cardenal cobró y votó como se pedía. Solo expresó una pena: ¡que tarde llega la fortuna! No la rechazó sin embargo, por aquello que si bien el cuerpo no da para grandes placeres sensuales a los 95, la mente resiste todavía una inversión formidable, como hizo el futuro papa Alejandro VI, el que repartió América entre España y Portugal en nombre de Dios.

Otro anciano sin ganas en algunos aspectos pero lleno de deseos en otros nos puede ayudar si no a definir, al menos a describir a un financista. George Soros, el multimillonario que fue a entrevistar a los Estados Unidos la presidente Cristina Fernández, ya fue visitado en 2003, tan pronto subió a la presidencia, por Néstor Kirchner. Soros es uno de los dueños de Monsanto, árbitro de la alimentación del mundo, señor de las semillas, de los venenos y de los gobiernos de la vieja Europa, uno de los "buitres" sobre los que no cae la fama de ave carroñera. Como metáfora, ya que los buitres son lo que son sin culpa alguna, pero Soros no.

Un financista con cara de bueno
Soros ha logrado confundir su imagen pública con la de un benefactor, un filántropo capaz de entregar dinero a los pobres a manos llenas mediante sus muchas "fundaciones".

Soros tiene ahora 83 años y ha dejado los detalles en manos de sus hijos, pero no las iniciativas estratégicas. Nació en Budapest, Hungría, en una familia judía. Se radicó en los Estados Unidos a mediados de la década de los 50. Especuló en Wall Street vendiendo acciones que no eran suyas hasta que formó el grupo Quantum, con capitales especulativos que tienen base en Aruba. un paraíso fiscal.

En lo que podría considerarse la profanación insensata de una ciencia tradicional, el libro en que explica la parte explicable de sus procedimientos se llama "La alquimia de las finanzas" donde sienta que "lo que crean los especuladores será más importante que la realidad de la economía".

Soros sabe que la habilidad de los especuladores puede crear oro, quizá por eso el título del libro. Soros maneja con Rotschild el mercado mundial del oro. Pero lo que el llama "alquimia" no es tal, sino el arte profano de los llamados despectivamente "sopladores". Los alquimistas aclararon siempre: "nuestro oro no es el oro del vulgo".

‘Quantum Fund NV” administra fondos de otros por alrededor de 10.000 millones de dólares y tiene relaciones estrechas con una familia de célebres banqueros: los Rotschild, desdibujados a propósito. En la dirección de Quamtum hay gerentes de bancos privados suizos que con gran discreción se ocupan de lavado de dinero y del comercio de armas y drogas de manera sólida, segura, prestigiosa.

Dentro de estas actividades, Soros tuvo participación en la financiación de proyectos de la CIA que afectaron a la Nicaragua sandinista, cuando la presidencia de Ronald Reagan. Entonces el presidente aparecía en televisión ante un gran mapa en que se veía una marea roja proveniente de Nicaragua que invadía los Estados Unidos por Texas. En ese tiempo en Nicaragua había un solo ascensor y ninguna escalera mecánica. No solo lo que crea un financista, también el financista puede hacer creer lo que quiera...

Soros a pesar de que da la imagen de un benefactor e incluso de un intelectual aplicado a analizar el flujo internacional de divisas, algo neutro, necesario al comercio, ha sido rozado varias veces por los negocios de armas y por maniobras de desestabilización con fines especulativos de las monedas europeas, antes del euro.

Sin patria ni bandera
Soros solía relatar cómo sobrevivió a la persecución contra los judíos desatada en Hungría durante la Segunda Guerra Mundial. Dijo que usó una identidad falsa, pero no que lo protegió un hombre que se apoderó de los bienes de los judíos, secundado por el mismo Soros, que demostraba así que el capital no tiene patria ni bandera.

Soros es un conocido patrocinador de la cultura, de eventos sociales y festivales, de conciertos por la paz y promotor de organismos que acuerdan becas a los jóvenes.

Tuvo una participación directa y predominante en el caos financiero, económico y social que se produjo en Europa en 1989. Indujo a gobiernos débiles y desorientados a tomar medidas insensatas y crueles para comprar luego recursos naturales a precios viles.

El "Iluminado" George Soros no arrojará ninguna luz sobre la Argentina. Es posible que se siga quedando con sus recursos naturales como Monsanto ya se ha quedado con el manejo de buena parte de su producción agraria. Tiene en sus manos al "granero del mundo"; se entiende que Cristina trate de descubrir qué tiene pensado para nosotros.

Soros es un financista. Es comprensible entonces la afirmación de Montesquieu: nómades de las estepas como los tártaros no estarían en condiciones de entenderlo; pero tampoco ninguna persona sedentaria y honrada que viva de su trabajo. Financistas como Soros son cada vez menos y más poderosos: un club selecto, muy reservado.

En ellos el capital ha llegado a ser muy osado porque su coraje es proporcional a los rendimientos financieros y a la falta de riesgos. Y puede llegar el momento en que la que timidez natural, que lleva a disimularse tras fachadas como la beneficencia y la filantropía, quede de lado cuando el valor desborde y los políticos se vuelvan figurones inútiles también para pantallar la estrategia del club selecto.
De la Redacción de AIM.

George Soros financista monsanto

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