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Caleidoscopio
Caleidoscopio

Dios murió, el diablo no

El mundo occidental está experimentando un renacimiento del satanismo y de creencias que durante siglos fueron contenidas por la religión y la ciencia. El renacimiento del satanismo en Europa está influido en principio por creencias importadas por los inmigrantes de sus países, sobre todo del África, según el psiquiatra y profesor de la Universidad de Cádiz, Leonardo Casais.

Los fenómenos de posesión diabólica y trance (la creencia delirante o no, que tiene un sujeto de que sus síntomas, experiencias y conducta se encuentran controladas por fuerzas diabólicas) no son raros y están arraigados en varios países, como como Haití y Brasil, cunas del Vudú y de la macumba, entre otras creencias.

No eran raras las posesiones y exorcismos en la Europa de hace 500 años, pero cuando la ciencia y la razón fueron capaces de separar endemoniados y enfermos, apareció una nueva forma del fenómeno, el satanismo. Este resurgimiento devuelve a épocas de pensamiento mágico. En la sociedad actual abunda material como caldo de cultivo de que se pueden nutrir estos tipos de creencias.

Son raros los trastornos paranoides poco comunes, atípicos y exóticos de los que muchos psiquiatras quizás no hayan visto ninguno en toda su vida profesional.

Es largo el olvido
Sin embargo, el acercamiento de Casais no es el único: la cosa viene de muy lejos y quizá sea más persistente y sin dudas mucho más honda que la perturbación psíquica que señala Casais. En su historia del satanismo y de la brujería, Jules Michelet vincula la aparición de una nueva mentalidad con la muerte de Pan, el dios de la Naturaleza, el que inspiraba el pánico con su flauta.

Michelet dice que poco antes de la victoria del cristianismo, una voz misteriosa corría por las riberas del mar Egeo, diciendo: "El gran Pan ha muerto".

Anunciaba el fin del antiguo dios universal de la naturaleza. Se supuso que al morir la naturaleza iba a morir la tentación y que el alma humana iba a descansar finalmente.

Los primeros monumentos cristianos revelan la esperanza de que desaparezca la naturaleza, se apague la vida, llegue el fin del mundo. Es el final de los dioses de la vida, que por tanto tiempo han prolongado la ilusión. Todo cae, se desmorona, se hunde. El todo se convierte en nada: "El gran Pan ha muerto"

La duplicación del mundo en natural y sobrenatural, la valoración de uno y la reprobación de otro, estableció un dualismo que tomó desde entonces muchas formas, una de ellas las brujas que ardieron en las hogueras de la inquisición, y otra los modernos cultos satánicos.

Los Estados Unidos, que no mencionó Casais, es la gran fuente actual de satanismo, como de muchas otras creencias, a veces ingenuas, a veces criminales.

El templo de Satanás
Últimamente ha crecido allí el Templo de Satanás, una organización que paga impuestos y se presenta como benéfica, fundada por Lucien Greaves con la intención de "romper el aburrimiento del ateísmo", rindiendo un culto civilizado al diablo.

Sin embargo, esta versión "light", descafeinada, del satanismo, que parece muy adecuada a la clase media estadounidense, que quisiera llegar lejos mojarse la ropa, tiene un fondo siniestro.

En las décadas de los 70 y 90 del siglo pasado hubo historias sobre una sociedad secreta que asesinaba y abusaba de niños en nombre del diablo. Luego la propia prensa que las había difundido afirmó que no eran reales.

Una formulación más amplia del satanismo moderno nació en la noche de Walpurgis de 1966 (1 de mayo) de la mano de Anton LaVey en California.

Con influencia de Nietzsche y de la escritora reaccionaria Ayn Rand, LaVey codificó sus ideas en la Biblia Satánica.

Ahora se ha abierto otra posibilidad, dentro de la fragmentación de las creencias que acompaña al posmodernismo: la vinculación de algún feminismo con el satanismo.

El recuerdo literario de Lilith, la primera mujer anterior a Eva según alguna tradición hebrea, mencionada por el profeta Isaías, hermosa, libre, rebelde frente a Adán e incluso frente a Dios, es una inspiración de las feministas que se inclinan por el satanismo.

A ella se refiere la escritora y activista española Julia Amigo, que advirtió sobre la posible alianza de satanismo y feminismo: "El diablo danza entre nosotras desde tiempos inmemoriales, pero parece que ahora toma nuevas fuerzas"
De la Redacción de AIM.

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