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Caleidoscopio
Caleidoscopio

El solista y el coro

En julio de 1897, Leandro Alem puso fin voluntario a su vida, a los 54 años. "He terminado mi carrera, he concluido mi misión. Para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir. ¡Sí, que se rompa pero que no se doble!" El tiro del final quedó asordinado en el estruendo de los cohetes de los festejos de San Juan, mientras Alem viajaba al Club del Progreso en un coche de alquiler.

Nunca pudo superar el recuerdo de su padre mazorquero fusilado y colgado en la antigua plaza de la Concepción, cuando él tenía 11 años.
Era tío de Hipólito Yrigoyen, que había sido alumno suyo de filosofía en el Colegio de la América del Sur. Alem era Gran Maestre de la Gran Logia Argentina de Libres y Aceptados Masones, sucesor de Sarmiento en ese título e iniciador en la fraternidad de su sobrino Hipólito.

Yrigoyen, dos veces presidente, quiso ejercer desde el poder sus preferencias por el krausismo, un sistema filosófico sin mayor relevancia, que no obstante tuvo éxito en España. El krausismo pretendía sintetizar el teísmo y el panteísmo con el nombre de "panenteísmo", el socialismo y el liberalismo, el individuo y la sociedad, con base en una antropología etérea, optimista y poco preocupada por los factores materiales.

El krausismo en España
En 1843, el ministro masón Pedro Gómez de la Serna envió a Alemania a Julián Sanz del Río, con la misión de traer a España una filosofía que ayudara a sacar al país del atraso.

Gómez de la Serna pertenecía al partido progresista, y el conservador que volvería al poder en breve había preferido hasta entonces el pensamiento francés, por eso no fue Francia sino Alemania la elegida.

Kant había muerto cuatro décadas antes y Hegel en 1831 posiblemente de una úlcera perforada de estómago, aunque escondió su mal a su familia e hizo posible atribuir su muerte a la epidemia de cólera. Eran dos de los filósofos alemanes más conocidos, pero Sanz del Río prefirió a Karl Christian Friedrich Krause, fallecido una década antes a los 49 años. Sanz del Río explicó su elección en carta a un amigo: "No nació de motivos puramente exteriores, sino que era hija de la conformidad que hay entre aquella doctrina y la que yo encuentro dentro de mí mismo".

Krause era desconocido en Alemania, tenía apenas algunos seguidores en Bélgica; había sido masón, pero fue expulsado poco antes de morir porque la Obediencia apreció como desviaciones algunas de sus ideas.

El krausismo en la presidencia
El derrocamiento de Yrigoyen en 1930 terminó con el krausismo en la Argentina y también con el romanticismo político, que si existen todavía son testimoniales.
El krausismo era una filosofía espiritualista de la que Yrigoyen conoció ante todo la versión del belga Guillermo Tiberghien, que había sido alumno de Heinrich Ahrens y éste intérpetre del mismo Krause.

Con seguridad, Yrigoyen estudió el "Ideal de la Humanidad para la vida", de Krause, en la adaptación de Sanz del Río, obras de krausistas españoles y también la "Introducción a la filosofía" de Tiberghien, determinante para la difusión del krausismo en nuestra América.

Tiberghien suponía que el krausismo era la culminación de la tradición filosófica universal; que dios era el principio de la ciencia y que Krause había encontrado los fundamentos de la sociedad, del Estado, de la historia y de la educación.

Yrigoyen incluía los dogmas en que creía en la acción política, nunca propuso la lectura de libros krausistas a sus conocidos. Era retraído, taciturno, parco; prefería la conversación en voz baja a la tribuna, llegó a la presidencia sin siquiera pronunciar un discurso; escribió poco, usaba en artículos periodísticos una prosa trabajosa, enredada, confusa, con tintes místicos y esotéricos que algunos seguidores tomaban por pensamiento profundo, a pesar de que en el fondo expresaba ideas sencillas.
Yrigoyen joven perdió la fe en los dogmas católicos, que reemplazó luego por el "racionalismo armónico" krausista. Su conducta rígida se desplazó hacia el eticismo que puso en la base de la política, y que con intención regenerativa se fundaba exclusivamente en la "idea moral", como en Sarmiento. Este moralismo está en relación directa con preceptos como el "deber por el deber", con el que se oponía al utilitarismo que achacaba al positivismo del "régimen falaz y descreído".

Liberalismo solidario
Yrigoyen introdujo en el liberalismo argentino el concepto de "solidaridad", que a su vez había introducido en la filosofía el francés Pierre Leroux en reemplazo de la caridad cristiana y de la fraternidad que con la libertad y la igualdad fue una de las tres columnas de la revolución francesa. Para Leroux la solidaridad era el fundamento de la vida social; la creía capaz de unir a los hombres y de superar la división de la humanidad en naciones y familias. La palabra proviene de la propiedad de los cuerpos sólidos de mantener constante la distancia entre sus partes ante cualquier movimiento, lo que no acontece con gases ni líquidos.
En Yrigoyen la solidaridad se volvió central, tomó aspecto dogmático y se confundió con la fraternidad cristiana. El liberalismo se sostenía, pero ya no será el individualista de Alberdi, sino "solidarista".

Yrigoyen pretendió fundar en la moral una idea del derecho diferente de la prevaleciente antes y después, sobre todo en el derecho internacional.
Seguiendo a Alem, su tío y profesor, también los partidos políticos debían estar sujetos a esta concepción, porque en todas partes era necesario el "racionalismo armónico". La designación de "partido" no le gustaba; prefería "unión", "fuerza moral" o movimiento ético resultante de una sinergia de opiniones reivindicativas. Había que armonizar el orden con la libertad, pero la armonía no podía surgir sino de la ética.

Un párrafo de las "Confidencias", 300 hojas escritas a máquina encontradas por casualidad en 2019, puede dar idea de la prosa de Yrigoyen: ¿"Cómo podrán justificar sus desaciertos y dar el color ni trazas saludables a las diligencias de tan depravadas empresas, cuando esos escándalos y esas monstruosidades conducen siempre a la ambición sin regla alguna, cayendo en los absurdos y en las reglas más chocantes?".

La construcción enrevesada se une a la exaltación ética para formular una pregunta en parte contradictoria, que debe impresionar por la indignación.
En un telegrama enviado a la juventud política de Montevideo dice que para que una obra sea buena y eficiente debe responder al destino. Esto significa que la vida humana tiene en el destino su orientación superior, es teleológica, se conoce por la historia y la filosofía y se alcanza por la ciencia: krausismo sin fisuras.
Tiberghien -para Yrigoyen "el espíritu más profundo que haya producido la humanidad"- entiende precisamente que los medios de salvación están en la ciencia; "una ciencia imperfecta a veces duele, una ciencia perfecta, cura".

Ezequiel Martínez Estrada tenía algún parecido temperamental con Yrigoyen, pero doctrinalmente partía de una posición pesimista, casi lúgubre, sin ningún arrimo al superficial optimismo antropológico del krausismo.

Algunas décadas más tarde Martínez Estrada dirá que el día que nos gobierne la ciencia estaremos perdidos. No ofreció consuelo pero abrió los ojos recordar esta sentencia anticipatoria en el confinamiento durante la peste por orden del Estado, consecuencia de los consejos de especialistas epidemiólogos que nos gobernaron de hecho en la pandemia que pasó y posiblemente en las que vienen.

Amor y devoción
En el prólogo de "Yrigoyen", Félix Luna dice que es un libro embanderado, escrito con amor y devoción. Ya podemos sospechar entonces que el bien intelectual de la verdad será subalterno allí. En efecto, Luna afirma que Yrigoyen, nuevo Prometeo, quiso "arrebatar el fuego sagrado a los señores del universo para iluminar los espíritus". Lo llama "El Templario de la Libertad" en alusión a los monjes guerreros medievales de la orden del Temple. Quizá haya algo de cierto al menos en el presunto origen de la masonería moderna en el Temple, pero poco más.

Los apologetas suelen dejar en la penumbra la reacción de un espiritualista enfrentado con la realidad de las luchas sociales. El ascenso de las clases medias desplazando a la vieja oligarquía era cosa buena; pero otra diferente, no tan buena, eran las huelgas y la tendencia obrera a cuestionar el poder burgués expresado en el Estado.

Entonces, según una amenaza repetida, los díscolos "oirán tronar el escarmiento", que en tiempos de Yrigoyen estuvo a cargo de la Liga Patriótica, respuesta criminal implicada necesariamente como lado oscuro, invisible pero nunca ausente, en el nebuloso idealismo germano transplantado desde España al Río de la Plata.
Según un estudio que Osvaldo Bayer no pudo terminar, en proporción a la población de cada momento, el presidente que reprimió más, el que provocó más muertes, fue Yrigoyen; el segundo lugar está disputado entre Videla y Perón.

Estrambote
Cada vez que oigamos una exaltación de los altos fines ideales de la política, oigamos también la disonancia del otro lado, el ruido rechinante -a veces el grito- de la parte tenebrosa que los entusiastas ignoran o en la que reconocen solo una armoniosa melodía.
De la Redacción de AIM.

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