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Caleidoscopio
Caleidoscopio

Palabras como misiles

El golfo de México recibió ese nombre durante la colonia española, recuerdo de los pobladores de la zona anteriores a los europeos: los mexicas. Después de la guerra de 1848 en que Estados Unidos se quedó con más de la mitad del territorio mexicano, el golfo tuvo costas en el sur de la Unión Americana, desde la Florida hasta el estado mexicano de Taumalipas.

El nombre "La Florida" fue impuesto por el conquistador español Juan Ponce de León, que llegó a la península en la pascua de resurrección (pascua florida) de 1513. Y Taumalipas era el nombre anterior a la invasión europea, proveniente del idioma huasteca, que posiblemente significa "lugar de montes altos" o "donde se reza mucho".

En el norte de los Estados Unidos, en la frontera con Canadá, están los grandes lagos, una de las reservas de agua dulce más grandes del mundo junto con el extraño lago Baikal, en Siberia. El más pequeño, que comunica con la cuenca del río San Lorenzo, es el lago Ontario. El nombre proviene de la expresión iroquesa skanadario, "lago hermoso de aguas brillantes".

El dolor de ya no ser
Los Estados Unidos tratan de preservar la imagen de superpotencia que no se puede desafiar, que dispone de recursos ilimitados y de un poder aplastante que nadie puede resistir.

Días antes del ataque militar a Irán de febrero de este año que asesinó al ayalotá Jamenei dentro de un plan para forzar la rendición de los persas, el ex funcionario menemista Jorge Castro, analista político, había pronosticado, como Trump, un fin rápido de la guerra. Dijo que los Estados Unidos habían reunido en la zona un "poder militar abrumador", que sin embargo no abrumó porque las condiciones habían cambiado de modo que Castro se resistía a aceptar.

Poder y rencor
Después de la guerra "mundial" que terminó en 1945 la imagen de superpotencia se correspondía bien con la realidad; Estados Unidos tenían el cinco por ciento de la población mundial y disponían del 50 por ciento de la riqueza del planeta. A la vista de esta realidad sus planificadores, entre ellos George Kennan, quizá el más sagaz, se propusieron mantener el desequilibrio y evitar que los "rencorosos" del resto del mundo pudieran disputarlo.

Y sin embargo, pocas décadas después, el imperio que no tendría fin, cuya historia empequeñecería a Roma, se enfrenta a una declinación que no puede disimular.

La venganza de los humillados
Una potencia emergente, la China, fue la primera potencia comercial del mundo durante varios milenios. Perdió esa posición hace apenas dos siglos a manos del ya desaparecido imperio británico, y aspira a recuperarla a pleno a más tardar para 2.050, cuando se cumplan dos siglos de la "Gran Humillación" de las guerras del opio, impuesta por el imperio británico con fines comerciales.

Yo te bautizo
El reiterado fracaso estadounidenses en varias guerras, desde Corea a Irán, no ha mermado la belicosidad del imperio; pero lo ha llevado a dar más importancia a la lucha semántica, como es el caso del presidente Trump rebautizando al golfo de México, al lago Ontario y ahora al mismísimo océano Pacífico, que aspira a renombrar "Océano americano", no por el nombre del continente sino del de su país.

De paso: un estadounidense ilustre, Ralph Waldo Emerson, cuestionó el nombre asignado a nuestro continente, que aborígenes reunidos en Quito decidieron hace tres décadas renombrar "Abya Yala".

América y el ladrón
Según Emerson "es extraño que el Nuevo Mundo haya tenido tan mala suerte; que la vasta América deba llevar el nombre de un ladrón. Américo Vespucio, el vendedor de encurtidos de Sevilla, que partió en 1499 como subalterno de Ojeda, y cuyo rango naval más alto fue el de segundo contramaestre en una expedición que nunca zarpó, logró en este mundo mentiroso suplantar a Colón y bautizar a la mitad de la Tierra con su propio nombre deshonesto".

El "mundo mentiroso" de Emerson es este mundo, donde el poder renombra para dominar el significado de las palabras y de los relatos, dentro de una lucha semántica que tiene una finalidad política.

Relato sí, balas no
El imperio ha perdido la ventaja militar diferencial: en la guerra del Golfo Pérsico las armas más modernas, los misiles hipersónicos, los tiene Teherán, no Washington.

Pero no es así en la guerra semántica, basta reparar en la importancia mundial, todavía en ascenso, del idioma inglés sobre casi todos los otros, y la recomendación utilitaria de muchos intelectuales bien intencionados de hacer de él de derecho la "lengua franca" que es de hecho.

No se trata de ganar en el campo de batalla, donde la "niebla de la guerra" de que hablaba von Clausewitz perturba y confunde, sino de dominar el relato, de reservarse el poder de definir quién es bueno y quién es malo, porque quien pierde el control del relato a la larga pierde la guerra.

Cambiar intencionalmente el valor de las palabras, su sentido, es una demostración de poder. Trump cambia nombres: el golfo de México, el lago Ontario y el Océano Pacífico. Ha logrado reconocimiento de estos cambios dentro de los Estados Unidos, porque Google sigue reconociendo en los otros países el nombre anterior.

La dificultad que enfrenta, la que le expusieron sin éxito sus generales, es que no tiene poder militar convencional suficiente para imponer cambios por la fuerza a las potencias emergentes. Si no ha podido con Irán ¿podrá enfrentarse victorioso a Rusia o China? ¿Bastará la guerra semántica si se pierden las otras?

Fuente: De la Redacción de AIM.
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