Con la llegada de jornadas más cálidas muchas personas empiezan a preferir comidas frescas, porciones menos pesadas y preparaciones rápidas. El cambio de estación puede ser una buena oportunidad para modificar algunos hábitos, pero no hace falta eliminar grupos enteros de alimentos ni recurrir a dietas extremas, constató AIM.
La clave está en adaptar las comidas al clima manteniendo una alimentación variada que aporte proteínas, carbohidratos, grasas saludables, vitaminas y minerales.
Comer liviano no significa comer poco
Una comida liviana puede ser completa y nutritiva.
Reducir drásticamente las porciones o vivir a ensaladas durante varios días puede generar hambre constante y terminar favoreciendo picoteos posteriores.
Lo ideal es que los platos sigan incluyendo diferentes grupos de alimentos, aunque las preparaciones sean más frescas.
Más verduras en el plato
La primavera permite incorporar con mayor facilidad ensaladas, vegetales grillados, tortillas, salteados y preparaciones frías.
Tomate, zanahoria, pepino, hojas verdes, zapallito, berenjena, morrón y otras verduras pueden combinarse de distintas formas.
Cuanto mayor sea la variedad de colores, mayor será también la diversidad de nutrientes.
No olvidarse de las proteínas
Uno de los errores más frecuentes cuando se intenta comer “liviano” es preparar ensaladas que sólo contienen verduras.
Para que una comida resulte más completa y genere saciedad puede sumarse:
huevo;
pollo;
pescado;
atún;
legumbres;
quesos;
yogur natural;
tofu u otras alternativas vegetales.
Las proteínas ayudan a mantener la masa muscular y prolongan la sensación de saciedad.
Los carbohidratos no tienen que desaparecer
Papas, arroz, pastas, pan, avena y cereales pueden seguir formando parte de las comidas.
En lugar de eliminarlos, conviene ajustar las cantidades y combinarlos con verduras y proteínas.
Una ensalada con arroz, lentejas y vegetales, por ejemplo, puede resultar mucho más completa que un plato de hojas verdes únicamente.
Frutas: una buena opción para los días cálidos
Con el aumento de temperatura también suelen resultar más atractivas las frutas frescas.
Naranja, mandarina, frutilla, banana, manzana y otras frutas de estación aportan agua, fibra, vitaminas y minerales.
Pueden consumirse solas, con yogur o incorporarse a preparaciones como ensaladas de frutas.
Hidratación durante todo el día
Cuando sube la temperatura aumenta también la pérdida de líquido a través de la transpiración.
Por eso es importante tomar agua regularmente y no esperar a tener mucha sed.
Frutas y verduras contribuyen a la hidratación, aunque no reemplazan completamente el consumo de líquidos.
Evitar la trampa de las dietas rápidas
Con la cercanía del verano aumenta la aparición de planes que prometen adelgazar muchos kilos en poco tiempo.
Las dietas extremadamente restrictivas pueden provocar cansancio, pérdida de masa muscular, déficits nutricionales y efecto rebote.
Cambiar hábitos de manera progresiva suele ser más sostenible que recurrir a restricciones intensas durante algunas semanas.
Preparaciones sencillas para incorporar
Algunas opciones que pueden adaptarse bien a los días cálidos son:
ensaladas completas con proteínas;
tartas de verduras;
tortillas;
wraps con vegetales y pollo;
arroz con atún y verduras;
legumbres frías en ensalada;
sándwiches con vegetales y proteínas;
yogur con frutas y avena.
La variedad ayuda a evitar la monotonía y permite mantener una alimentación equilibrada.
Escuchar el hambre también importa
Con el calor algunas personas sienten menos apetito, especialmente durante las horas de mayor temperatura.
En esos casos puede resultar más cómodo repartir la alimentación en varias comidas pequeñas en lugar de realizar platos muy abundantes.
Lo importante es no saltarse comidas sistemáticamente ni pasar muchas horas sin ingerir alimentos si luego eso genera hambre excesiva.
Adaptar, no restringir
El cambio de estación no exige empezar una dieta.
Puede ser simplemente una oportunidad para reemplazar algunas preparaciones pesadas por otras más frescas, sumar frutas y verduras y mantener una alimentación variada.
Comer más liviano no implica comer menos ni eliminar alimentos, sino encontrar combinaciones que resulten agradables, completas y sostenibles durante los meses cálidos.
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