El 22 de febrero se cumple otro aniversario del nacimiento del filósofo alemán Arthur Schopenhauer en la entonces ciudad libre de Danzig, junto al mar del Norte en 1778, el mismo año en que Kant, del que se declaró siempre discípulo, publicó su “Crítica de la razón práctica”.
La abuela del filósofo, Anna Renata Soermans, padecía estados de perturbación mental, y se ha dicho que introdujo en la familia un factor enfermizo que se cree reconocer en Arthur, el “gran pesimista”
El padre, Heinrich Floris, era un comerciante enérgico, admirador fanático del modo de vida inglés.
El guardián de la Osa
Llamó a su hijo "Arthur" -que significa en celta "guardián de la Osa" en referencia a la constelación polar- porque el nombre se escribía igual en alemán que en inglés. Murió en el derrumbe de la estantería de un granero en el fondo de su propiedad, donde no tenía nada que hacer, en lo que posiblemente fue un suicidio.
La madre de Schopenhauer, Johanna Trosiener, a diferencia notable del padre adusto y severo, era una escritora de novelas, alegre y comunicativa, extrovertida y sociable, pero muy superficial, y chocó siempre con el joven hosco, reconcentrado y poco sociable que fue Arthur.
En Dresde, la capital de Sajonia y del arte alemán en aquella época, donde residió tras distanciarse de su madre, Schopenhauer escribió su obra fundamental: “El mundo como voluntad y representación” (Die Welt als Wille und Vorstellung), después de la publicación de su primera obra: “Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente”.
“He vivido para escribir un libro, esto está hecho y asegurado el 99% de lo que quería y debía hacer en este mundo, el resto es cosa accesoria, como mi persona y su destino” , escribió en una carta a un amigo después de la publicación de su obra principal.
Tarde, pero consagrado
Pero tres años antes de su muerte, cuando parecía que su obra iba a quedar ignorada, tuvo un éxito inesperado y consagratorio con “Parerga y Paralipomena”, escritos asistemáticos y dispersos, que contienen los “Aforismos sobre la sabiduría de la vida”, que le permitieron salir del anonimato, y también los punzantes y jugosos "Fragmentos sobre la historia de la filosofía", donde va de los elogios a las decapitaciones con filosa contundencia.
Por Parerga y Paralipomena Ricardo Wagner le mandó dedicado un ejemplar del “Anillo de los Nibelungos” y Federico Nietzsche le dedicó una de sus “Consideraciones inactuales”
*Pesimista, pero no tanto*
Uno de los fundadores de la escuela de Frankfurt, Max Horkheimer, tras considerar a Schopenhauer un filófoso “increíble” justifica su doctrina, aunque con reservas acerca de un presunto contenido “religioso”, más particularmente cristiano.
“En Schopenhauer, a mi modo de ver, el pesimismo no es tan incondicionado como correspondería a la situación actual. Este filósofo enseñó que el retorno a la voluntad universal de aquellos que supieron vencer el egoísmo constituye una especie de redención”.
Es decir, para Horkheimer la situación actual de la sociedad humana es tal que merece una respuesta mucho más pesimista que la de Schopenhauer.
La raíz del filosofar de Schopenhauer es una intuición genial: la de la voluntad que subyace más allá del mundo fenoménico y que constituye la “cosa en sí”, que Kant declaró incognoscible. “Toda representación, todo objeto es un fenómeno, una manifestación visible u objetivación de la voluntad”.
Finalmente interpretando a su modo algunos puntos del budismo, Schopenhauer entendió que la realidad del dolor puede ser transcendida mediante el ascetismo que niega el mundo fenoménico y su carácter ilusorio. La negación ascética es el único acto humano de libertad auténtica, pero conduce la paz del hombre libre de deseos, a la nada.
Fue el introductor en occidente de obras del pensamiento oriental, al punto que decía que las Upanishads, escritos hinduistas ortodoxos, eran sus libros de cabecera. Su interpretación del hinduismo no ha sido considerada favorablemente por los especialistas, que han hecho notar que nunca el Vedanta se detiene en el pesimismo ni en el optimismo ni hace valoración alguna de ellos porque no es dualista ni se coloca en ese punto de vista, sino que se abre a posibilidades ilimitadas que no pueden ser contenidas en ningún sistema de filosofía.
De la musique avant toute chose
El libro tercero de "El mundo como voluntad y representación" dedicado al arte, en especial a la música, están posiblemente las mejores páginas que se han escrito sobre el tema. "Cuando los poetas cantan a la mañana alegre, al bello atardecer, a la silenciosa noche de luna, el objeto de su glorificación es el puro sujeto de conocimiento suscitado por esas bellezas naturales y ante cuya aparición la voluntad desaparece de la consciencia, por lo que se alcanza aquella serenidad del corazón que no puede encontrarse fuera de él, en el mundo".
En la experiencia estética el "gran pesimista" ve algo de luz, admite que nos emancipa del dominio de la voluntad. La belleza nos eleva a un orden de cosas donde dejamos de conocer lo particular y alcanzamos el conocimiento de las ideas, de lo universal inmutable.
En la experiencia estética nuestra individualidad existe como "espejo límpido" en el que queda reflejado el objeto contemplado. Nos convertimos en seres eternos que conciben los objetos bajo la forma de la eternidad. Para la sabiduría precolombina de los toltecas de México, sería el espejo sin humo, la cabeza sin nubes que concibe claramente, sin interferencias.
A diferencia de las otras artes, la música permite una aproximación definitiva al ser de las cosas por medio del sentimiento, que anula transitoriamente los movimientos de la voluntad. "La música no habla de las cosas, sino del bienestar y de la aflicción en estado puro, se dirige al corazón, no tiene mucho que decirle a la cabeza" La música aparece esplendente como una luz que hiciera más visible el dominio del Ser.
Schopenhauer llega a decir, retomando la primordialidad del sonido en el hinduísmo y el taoísmo, que la música podría existir sin el mundo porque hace manifiestas las esencias, no es una copia del mundo.
Cómo ve a la mayoría
A Parerga y Paralipomena pertenece la siguiente valoración -o desvaloración- de la gente vulgar, que pudo ser correcta cuando la formuló pero parece más adecuada ahora cuando las multitudes están sometidas a procedimientos científicos para mantenerlas en la pasividad y la ignorancia.
“Es verdaderamente increíble cuán fútil e insignificante transcurre, vista desde fuera, la vida de la mayoría de los hombres, y cuán obtusa e irreflexiva cuando es sentida desde dentro. Es un opaco añorar y atormentarse, una marcha somnolienta a través de las cuatro edades de la vida hasta la muerte, con el acompañamiento de unos cuantos pensamientos triviales.
Se parecen a relojes a los que se ha dado cuerda y marchan sin saber porqué. Cada vez que un hombre es engendrado y nace se da cuerda de nuevo a un reloj de la vida humana para que de nuevo repita, frase por frase, compás por compás, con variaciones insignificantes, la cantilena ya tocada innumerables veces.
Cada individuo, cada rostro humano con su existencia, no es más que un breve ensueño más de la naturaleza infinita, de la eterna voluntad de vivir, no es más que un bosquejo fugitivo más que ella traza jugando sobre su lienzo infinito – el espacio y el tiempo- y que deja subsistir por un instante mínimo para borrarlo y dar lugar a otros.
Y sin embargo, y aquí está el aspecto serio de la vida, cada uno de estos fugitivos esbozos, de estos triviales antojos, tiene que ser pagado por la entera voluntad de vivir con toda violencia, con muchos y hondos dolores, y finalmente, con una amarga muerte largamente temida, pero que a la postre llega”.
De la Redacción de AIM.

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