
La relación entre el partido de Macri y el oficialismo de Milei atraviesa su momento más tenso. Acusaciones cruzadas, leyes trabadas y estrategias opuestas exponen una disputa que ya no se disimula.
La interna entre el PRO y La Libertad Avanza dejó de ser un rumor de pasillo para convertirse en una disputa pública y cada vez más difícil de encauzar. Lo que comenzó como un apoyo crítico al gobierno de Javier Milei se fue transformando en una serie de desencuentros, reproches y maniobras políticas que hoy fracturan a la derecha argentina.
El quiebre más evidente se dio en marzo de este año, cuando Mauricio Macri rompió con Milei. El expresidente no ocultó su malestar por la falta de lugares para el PRO en el gobierno, y apuntó directamente contra Karina Milei por buscar absorber al partido. Desde LLA le respondieron con dureza, y la tensión estalló durante las elecciones legislativas en la Ciudad, donde Milei se propuso disputarle la hegemonía al macrismo en su propio bastión.
Pero los cortocircuitos venían de antes. En junio de 2024, el PRO ya había publicado un comunicado aclarando que no habría fusión con LLA, a pesar de que figuras como Patricia Bullrich empujaban en esa dirección. El partido buscó marcar su autonomía, apoyando solo aquellas medidas del gobierno que considerara alineadas con sus valores y las promesas de campaña.
La situación se volvió aún más tensa este año cuando una ley anticorrupción impulsada por el PRO cayó en el Congreso por falta de apoyo del oficialismo. La ausencia de varios diputados de LLA encendió la alarma en el macrismo, que los acusó de falta de compromiso. Desde el entorno de Milei minimizaron el tema, pero el daño político ya estaba hecho.
Mientras tanto, el PRO atraviesa su propia crisis. A diez años de su llegada al poder, el partido que supo liderar el rumbo de la oposición se ve debilitado y sin brújula. La aparición de Milei reconfiguró el mapa político y dejó al PRO en una posición incómoda: ni totalmente aliado ni totalmente opositor. La disputa por el rumbo, y por la identidad, está abierta.
Con cada paso, las diferencias entre PRO y LLA se vuelven más difíciles de disimular. Aunque algunos siguen hablando de unidad o integración, los hechos muestran otra cosa: una interna feroz que puede terminar de romper lo poco que queda del frente común de la derecha argentina.