
La Vicepresidenta tomó protagonismo durante el viaje del Presidente, con gestos políticos y diferencias de fondo sobre temas sensibles como la soberanía y la Justicia.
Con Javier Milei fuera del país y en viaje a EE.UU., Victoria Villarruel asumió interinamente la presidencia y aprovechó para mostrar un perfil propio. En paralelo a la visita del mandatario a Donald Trump en Mar-a-Lago, la vicepresidenta encabezó en Tierra del Fuego el acto central por el 2 de abril, donde lanzó una “campaña de malvinización” y cuestionó la idea de “autodeterminación” de los kelpers, una postura en la que se distancia abiertamente de Milei.
La agenda de Villarruel incluyó además una semana de homenajes en el Senado a excombatientes. Sin embargo, uno de los actos estuvo envuelto en polémica por la participación del represor condenado Horacio Losito, quien fue homenajeado por su rol en la guerra, pese a su historial de crímenes de lesa humanidad. La denuncia pública llegó de parte del senador Eduardo “Wado” De Pedro.
En simultáneo, el Senado rechazó los pliegos de los jueces propuestos por el Ejecutivo para la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla, generando un fuerte revés para el oficialismo. Desde el entorno de Villarruel aseguran que ella no intervino en la sesión, pero trascendió que desaconsejó suspenderla pese a que el Gobierno preveía la derrota.
La jornada también sumó tensión interna: un mensaje en redes atribuido a Santiago Caputo, asesor clave de Milei, cuestionó que Villarruel operara desde su despacho en el Senado. Desde su entorno, la respuesta fue directa: “Que haga la denuncia, si alguien se la toma”.
El episodio evidencia las crecientes diferencias entre la Vicepresidenta y el núcleo duro libertario. Mientras Milei apuesta a su relación con Trump y al ajuste, Villarruel busca consolidar un perfil nacionalista, institucional y con base propia.