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Caleidoscopio
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Vivir solos cuesta cada vez más: jóvenes que postergan la independencia

El alto costo de la vivienda y los ingresos insuficientes postergan la emancipación de miles de jóvenes, mientras el crédito se convirtió para muchos en una herramienta para sostener los gastos cotidianos.

Independizarse dejó de ser solamente una decisión personal. Para buena parte de los jóvenes argentinos, alquilar una vivienda, pagar los servicios y cubrir los gastos básicos requiere un nivel de ingresos que no se corresponde con los salarios disponibles. Por eso, permanecer en la casa familiar, compartir una vivienda o recurrir a préstamos se convirtió en parte de las estrategias para atravesar esa etapa de la vida.


Un informe del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Universidad Argentina de la Empresa (Uade) señaló que el 44 por ciento de los jóvenes consultados vivía con su madre o padre. El 26 por ciento residía solo y el 21 por ciento compartía vivienda con amigos o compañeros.


La distancia entre los ingresos y el costo de independizarse también resulta significativa. Según el mismo relevamiento, la denominada canasta de emancipación alcanzaba los 1.321.651 pesos mensuales, mientras que el salario promedio de los jóvenes rondaba los 900.000 pesos.

La diferencia obliga a buscar alternativas. Compartir alquiler permite distribuir los gastos entre varias personas y reducir el peso de la vivienda sobre cada ingreso. Para quienes no cuentan con esa posibilidad, la permanencia en el hogar familiar aparece como una forma de postergar la salida hasta alcanzar una mayor estabilidad económica.


La deuda como forma de llegar a fin de mes
La dificultad para acceder a una vivienda se suma a otro fenómeno: el crecimiento del endeudamiento entre los jóvenes. En el grupo de 18 a 34 años, el 38,4 por ciento de los deudores se encontraba en mora. Entre quienes tenían hasta 24 años, la proporción llegaba al 40,9 por ciento.

El crédito dejó así de estar asociado únicamente a la compra de bienes de alto valor. Los préstamos de bancos, billeteras virtuales y plataformas digitales también se utilizan para cubrir gastos cotidianos, pagar servicios, afrontar alquileres o cancelar otras deudas.


La facilidad para obtener dinero mediante una aplicación puede resolver una urgencia inmediata, pero también puede generar un círculo difícil de romper cuando los ingresos no alcanzan para cubrir los gastos del mes siguiente. En esos casos, una deuda puede convertirse en otra y reducir todavía más el dinero disponible.

La situación también aparece entre jóvenes que lograron alquilar. Un relevamiento del Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels) indicó que el 53 por ciento de los hogares jóvenes inquilinos destinaba más de la mitad de sus ingresos al alquiler. Además, el 29 por ciento había pedido dinero prestado durante el último año y, entre esos hogares, el 77 por ciento utilizó total o parcialmente ese dinero para pagar el alquiler.


Una independencia cada vez más acompañada
La emancipación, entonces, no desapareció, pero cambió su forma. La vivienda compartida, la ayuda económica de padres y familiares y el endeudamiento funcionan como mecanismos para hacer posible una independencia que, con los ingresos actuales, resulta difícil sostener de manera individual.

Detrás de las cifras hay jóvenes que retrasan proyectos, comparten habitaciones o departamentos durante más años de los previstos y permanecen en sus hogares familiares mientras intentan conseguir un empleo estable. También hay quienes consiguen mudarse, pero descubren que una parte demasiado grande de sus ingresos queda comprometida solamente en pagar el techo.


La cuestión habitacional termina así vinculada con una transformación más amplia de la vida adulta. La posibilidad de formar un hogar propio ya no depende solamente de alcanzar determinada edad o conseguir un trabajo, sino de contar con ingresos suficientes, estabilidad laboral y una red familiar capaz de acompañar cuando el salario no alcanza.

En ese escenario, independizarse puede convertirse menos en un paso natural hacia la adultez que en un proyecto que requiere compartir gastos, recibir ayuda o asumir deudas. La casa familiar deja de ser solamente el lugar de origen y, para muchos jóvenes, se transforma en el principal sostén frente a un mercado de vivienda que resulta cada vez más difícil de afrontar.


De la Redacción de AIM.

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