Investigaciones geofísicas advierten que la acelerada pérdida de hielo en el Ártico puede modificar las tensiones sobre la corteza terrestre y favorecer procesos de reajuste isostático capaces de influir en la actividad sísmica regional.
A medida que disminuye la masa de los glaciares de Groenlandia, Svalbard y otras regiones árticas, la corteza pierde parte de la presión ejercida por el hielo y comienza a elevarse de manera desigual.
Este fenómeno puede alterar el estado de tensión de fallas geológicas existentes y, según los estudios citados, contribuir a su reactivación.
Los especialistas también advierten que los movimientos sísmicos en fiordos y regiones montañosas pueden desencadenar desprendimientos de laderas y deslizamientos submarinos capaces de generar tsunamis locales.
La infraestructura costera, los puertos, oleoductos y otras instalaciones de las regiones polares podrían enfrentar mayores riesgos si cambian las condiciones geológicas sobre las que fueron diseñados.
A este escenario se suma el deshielo del permafrost, que reduce la estabilidad del terreno y puede aumentar la vulnerabilidad frente a deslizamientos, hundimientos y daños durante movimientos sísmicos.
Los investigadores plantean la necesidad de actualizar los mapas de riesgo geológico y los criterios de planificación de infraestructura en las regiones circumpolares, incorporando la interacción entre procesos climáticos y geofísicos.
El fenómeno muestra cómo la pérdida acelerada de hielo puede producir efectos que van más allá del aumento del nivel del mar, al modificar también las condiciones mecánicas de la corteza terrestre.
Fuentes: EFEVerde, Agencia EFE, Unión Europea de Geociencias (EGU) y Servicio Geológico de los Estados Unidos (Usgs)