Durante los primeros días de junio de 2026, la Península Antártica registró temperaturas excepcionalmente elevadas para esa época del año. ¿Qué tan extraordinario fue este episodio y qué condiciones atmosféricas hicieron posible que ocurriera?
La Antártida suele estar asociada con temperaturas extremadamente bajas, pero eso no significa que esté exenta de episodios de calor intenso. Bajo determinadas condiciones atmosféricas, la temperatura puede aumentar de manera abrupta y alcanzar valores sorprendentemente altos, incluso superiores a los registrados ese mismo día en muchas regiones habitadas del planeta.
Aunque estos fenómenos son poco frecuentes, forman parte de la variabilidad natural del clima antártico. También representan una oportunidad para comprender mejor los procesos atmosféricos que favorecen estos aumentos extremos de temperatura.
Los primeros días de junio de 2026 estuvieron marcados por un episodio de calor excepcional en la Península Antártica. En pleno invierno austral, cuando las temperaturas suelen permanecer por debajo de cero grados, varias estaciones registraron valores inusualmente altos.
La situación plantea una pregunta inevitable: ¿cómo puede producirse una ola de calor de esta magnitud en pleno invierno antártico?
Un récord durante el invierno austral
Las anomalías de temperatura observadas durante los primeros diez días de junio muestran que no se trató de un episodio aislado en una única estación meteorológica.
Gran parte de la Península Antártica registró temperaturas muy superiores a las habituales para esa época del año, con anomalías que en algunos sectores superaron los diez grados respecto del promedio climatológico. Si se considera que junio corresponde al comienzo del invierno austral, se trata de una señal extraordinaria.
Uno de los registros más llamativos se produjo en la Base Esperanza, ubicada en el extremo norte de la Península Antártica. Allí, la temperatura máxima alcanzó los 15,4 grados y estableció un nuevo récord para un mes de junio desde que existen observaciones en la estación.
La serie histórica indica que, aunque las temperaturas máximas presentan una importante variabilidad de un año a otro, el valor registrado en 2026 se destaca claramente por encima del comportamiento habitual para esta época.
Es importante señalar que un episodio como este no significa que toda la Antártida haya experimentado temperaturas cercanas a los 15 grados. La ola de calor se concentró principalmente en la Península Antártica, una región especialmente expuesta a la influencia de masas de aire procedentes de latitudes medias y donde este tipo de fenómenos suele manifestarse con mayor intensidad que en el interior del continente.
La circulación atmosférica que favoreció el episodio
Este evento de calor extremo estuvo relacionado con una configuración atmosférica muy particular. Durante los primeros días de junio se estableció un patrón de circulación que favoreció el transporte de aire relativamente cálido desde latitudes medias hacia la Península Antártica.
La ubicación de un centro de alta presión anómalo en el Atlántico sur y de una baja anómala en el Pacífico sur generó un corredor ideal para el desplazamiento de aire más cálido hacia la Península Antártica.
Además de esta circulación de gran escala, existe la posibilidad de que el calentamiento se haya intensificado localmente por un efecto föehn. Cuando una masa de aire húmedo asciende por la ladera occidental de la cordillera de la península, pierde parte de su humedad mediante precipitaciones.
Luego, al descender por la ladera oriental, el aire se comprime y se calienta rápidamente, lo que favorece la aparición de temperaturas excepcionalmente altas. Este mecanismo ya fue descripto anteriormente para explicar algunos de los episodios cálidos más intensos registrados en la región.
Otra hipótesis surgida a partir de este evento se vincula con el papel del hielo marino. Durante los primeros días de junio, el mar de Bellingshausen presentaba un déficit muy importante de hielo invernal, con una superficie faltante cercana a los 650.000 kilómetros cuadrados.
Esta menor cobertura de hielo podría haber reducido el enfriamiento de las masas de aire que avanzaban desde el norte hacia la Península Antártica, permitiendo que conservaran temperaturas más altas antes de llegar al continente.
Aunque esta hipótesis continúa siendo estudiada, constituye un mecanismo potencialmente relevante para comprender la intensidad alcanzada por esta ola de calor en pleno invierno.
Fuente: Portal MeteoRed