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La minería del cobre en Perú enferma y contamina

El cobre es una materia prima clave para la transición energética. Sin embargo, en Perú muchas comunidades sufren las consecuencias medioambientales de la minería del cobre.

Moisés Larota vive en la provincia de Espinar, una de las más pobres de Perú. Sin embargo, allí se puede encontrar un gran tesoro: el cobre.

El agricultor, de 67 años, aún recuerda cuando empezó a funcionar la primera mina de cobre en Espinar, en los años ochenta. "Vivíamos justo al lado de la mina, y junto a un río. Bebíamos el agua, igual que otras personas y que los animales", dice a DW. A su hijo, quién murió a los 13 años, le gustaba bañarse en el río, a veces durante horas. La mina pertenece ahora a la empresa suiza Glencore, una de las más grandes del país.

El cobre es el producto de exportación más importante del país, y Perú es el segundo productor mundial. El cobre es una materia prima clave para la transición energética: para la construcción de paneles solares, turbinas eólicas y coches eléctricos.

Transición energética a costa de los pobres

"Con la creciente demanda de cobre, aumentan los conflictos en Perú", afirma Paul Maquet, de la organización no gubernamental CooperAcción, en entrevista con DW. Parte de esos conflictos se deben a la falta de planificación por parte del Estado y a las negociaciones poco transparentes entre las empresas mineras y las comunidades. Los conflictos se manifiestan en forma de protesta. Por ejemplo, en el llamado corredor minero, -una carretera de casi 500 kilómetros a lo largo de los cuales circulan casi 300 camiones cargados de cobre, en dirección al puerto de la provincia de Arequipa- personas de la comunidad quechua suelen bloquear la carretera. Eso les permite parar un tercio de la producción de cobre en Perú.

Según Maquet, la transición energética de los países ricos del norte "no debe hacerse a costa de la salud, el medioambiente y la paz social de las comunidades de Perú".


La pobreza enferma

La provincia de Espinar, donde un 80 por ciento de la población es indígena quechua, como Moisés Larota, es una de las que más sufre por la minería. "Me duelen las manos. Estoy perdiendo la vista. Tengo problemas en los riñones, la próstata, el hígado y el corazón", cuenta Larota.

Entre 2016 y 2018 Amnistía Internacional realizó un estudio con voluntarios en 11 comunidades de Espinar, en base a pruebas de sangre y orina. El resultado: 58 por ciento de las personas tenían en su organismo niveles elevados de arsénico; el 29 por ciento, de magnesio, el 12 por ciento, de cadmio, el cuatro por ciento, de plomo y el tres por ciento, de mercurio. Moisés Larota participó en dicho estudio y también en sus pruebas se constataron niveles elevados de arsénico. Este metal fue clasificado como “cancerígeno” por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer. Otros de estos metales son también perjudiciales para la salud.


Glencore: contaminación por "presencia natural" de minerales

En un comunicado de 2022, Glencore rechazó ser responsable de la contaminación en Espinar: "Espinar se encuentra en una zona natural muy mineralizada". La contaminación del agua fue causada "por la presencia natural de minerales en el suelo", señaló.

Según el Carbon Majors Report, Glencore es una de las 100 empresas responsables de más de la mitad de las emisiones mundiales de CO2.


Una transición responsable de materias primas

Karem Luque, bióloga de la organización Derechos Humanos sin Fronteras, viene acompañando desde hace seis años a las comunidades indígenas de Espinar, y afirma que este no es un caso aislado. "Diez millones de peruanos -es decir, uno de cada tres- están contaminados por metales pesados. La mayoría de ellos vive en comunidades indígenas cercanas a proyectos mineros", explica.

Europa tiene una responsabilidad especial, según ella: "De Europa vienen los inversionistas, y en Europa están los consumidores. Por tanto, los países europeos deben desarrollar mecanismos para no consumir productos que han costado vidas humanas”, subraya Luque.

Varias organizaciones defensoras de los derechos humanos y el medioambiente han pedido a Alemania que reduzca drásticamente el consumo de materias primas metálicas que se usan para el cambio energético. Así se podrá proteger al medioambiente y también los derechos humanos de comunidades como las de Moisés Larota.

El norte global, incluidos Europa, EE. UU. y China, tiene la principal responsabilidad por el cambio climático. Las emisiones de CO2 per cápita en Alemania son más de cuatro veces mayores que en Perú; la situación es similar con el consumo de energía. La demanda mundial de materias primas metálicas seguirá aumentando si no disminuye el consumo energético de los países industrializados.

Fuente: Agencia DW

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