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Política
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¿Cómo esta parada Argentina en el mapa de la pandemia?

Por Ignacio Iglesias, de revista PPV, especial AIM. Una radiografía para entender cómo se encuentra el país ante una nueva fase de la cuarentena. Los puntos altos y bajos frente a la crisis sanitaria mundial.

¿Cómo esta parada Argentina en el mapa de la pandemia?
¿Cómo esta parada Argentina en el mapa de la pandemia?

Hace apenas unas semanas, Argentina retomó una cuarentena estricta y parcial para evitar el contagio de Covid-19 en el Área Metropolitana de la Ciudad de Buenos Aires (Amba). Si bien esta debía ser similar a la fase uno llevada adelante en marzo, se exceptuaron algunos servicios, El objetivo de esta nueva fase fue frenar el crecimiento de la curva en el lugar de mayor contagio, ya que alrededor del 90 por ciento de los casos nacionales se concentran en el AMBA, y evitar el colapso del sistema de salud.

Por este motivo, es importante tomar una radiografía de los números hasta antes del inicio de esta nueva fase uno que parece terminar en algunos días, y así repasar aciertos y desaciertos del gobierno con motivo de evitar la propagación del Covid-19. También, es posible tomar esta foto de la actualidad, tanto en el país como en el mundo, para realizar una nueva evaluación.

Algunos indicadores

Para realizar este ejercicio se debe tener en cuenta no sólo los números reales de casos de contagios y fallecimientos, sino también los siguientes indicadores relativos: la morbilidad, que demuestra la propagación del virus sobre la población de cada país; la letalidad, con lo cual se puede ver la proporción de muertes sobre la cantidad de personas infectadas; la mortalidad,  que representa a los decesos en base a la población total; y la recuperación, que implica la cantidad de personas que han obtenido el alto respecto al número de contagios.

En pos de una comparación válida, se tomó una muestra de 40 países representativos como al subcontinente sudamericano, países de América del Norte, las principales economías europeas, los países africanos y asiáticos con mayor desarrollo y otros miembros del G20. Cabe destacar que los números realizados corresponden a aquellos que fueron reportados por cada Estado a la Organización Mundial de la Salud hasta el día 30 de junio. En cuanto a la población de cada uno, se obtuvieron de distintas fuentes como censos más recientes, últimas estimaciones oficiales y proyecciones de Naciones Unidas. En cuanto a los números reales, basta con chequear los distintos mapas online que muestran los principales valores en cada país.

Luego de cuatro meses, el país con mayor cantidad de casos confirmados es Estados Unidos con más de 2,6 millones de personas y Brasil con más de 1,4 millones, seguido por Rusia arriba de los 640 mil casos, India con alrededor de 570 mil y Reino Unido un poco más abajo con un aproximado de 312 mil. Si hacemos una comparación entre los primeros cuatro, se nota el impacto en Estados de gran tamaño y grandes concentraciones de población.

Respecto a los fallecimientos, Estados Unidos concentra el 20 por ciento de los casos a nivel mundial (128.692 de un total de 509.779). Lo sigue nuevamente Brasil con casi 60 mil, Reino Unido cerca de 44 mil, Italia alrededor de 35 mil, Francia cercana a los 30 mil y unos números más abajo España y México. En gran parte, esto tiene que ver no solo con la propagación del virus, sino con las medidas tendientes a su contención, que fueron tomadas de forma tardía. La rápida y libre expansión de los contagios generó diversas crisis en los sistemas sanitarios, los cuales se vieron colapsados por la falta de unidades de terapia intensiva, de equipamiento y de personal médico. Si consideramos los mayores focos de contagio al día de hoy (Estados Unidos, Brasil, India y Rusia), solamente el 44,56 por ciento han recibido el alta, lo cual esta unos puntos por debajo de la media global (51 por ciento). En gran parte esto debe al bajo índice que tiene Estados Unidos (30 por ciento), ya que los demás Estados se encuentran por encima de la media.

Morbilidad: la expansión del virus

El primero de los indicadores, la morbilidad, nos demuestra cómo se ha expandido el Covid-19 en cada Estado ya que se obtiene calculando el número de contagios sobre la población. El crecimiento de este valor depende en gran parte de las capacidades de un gobierno en frenar el avance a través de políticas de aislamiento y detección temprana. De la muestra seleccionada, se destaca en primer lugar el caso de Chile con 14,62 puntos, lo que equivale a decir que el 1,46 por ciento de la población trasandina contrajo la enfermedad. En este orden lo sigue Perú con índice de 8,69 y luego por Estados Unidos (8,12), Brasil (6,65) y Suecia (6,62). Este indicador irá creciendo a medida que los contagios se propaguen en cada país ya que el número de la población permanece relativamente estable, por lo menos en un corto y mediano plazo. Respecto a nuestro país, el índice se encuentra en 1,37. Esto equivale a decir que solamente el 0,13 por ciento de la población ha sido infectada por el Covid-19. A su vez, es un valor aproximado a la media del índice de morbilidad a nivel global (1,33).

Letalidad del virus

En segundo lugar, el índice de letalidad nos permite ver el porcentaje de decesos de acuerdo al número de infectados que tuvo cada país. Este indicador aumenta o se reduce por varias razones. En primer lugar, por la incapacidad de los Estados en poder tratar la enfermedad, lo cual se relaciona principalmente con la estructura de los sistemas de salud y sus colapsos. En segundo lugar, se relaciona con las acciones u omisiones destinadas a propagar la enfermedad. Por ejemplo, si el número de contagios sube y se mantiene el número de fallecimientos, el porcentaje baja. A la inversa, si estos últimos crecen a mayor velocidad que la expansión de casos positivos, el indicador aumentará.

En este sentido, se observa en primer lugar a Francia con un 18,10 por ciento, Bélgica con un 15,86 por ciento, Italia con un 14,45 por ciento, seguido por Reino Unido y México con un 13,98 por ciento y 12,28 por ciento respectivamente. A nivel mundial, el índice de letalidad obtiene un valor del cuatro por ciento de forma estable. De la muestra seleccionada, casi la mitad posee un porcentaje superior a la media global. Argentina, obtiene un valor de 2.05 por ciento, lo cual lo sitúa muy favorablemente por debajo. Esto puede explicarse que, debido a la cuarentena impuesta desde marzo, se ha garantizado la atención a pacientes y se ha evitado la saturación en el sistema de salud.

Mortalidad: cómo impactan las muertes en cada Estado

En tercer lugar, el índice de mortalidad refleja el valor que se obtiene al dividir fallecimientos sobre población de cada Estado. Básicamente nos demuestra como impacta la letalidad del virus en las diferentes comunidades. Al igual que el primero, el dato poblacional será estable hasta que haya una actualización censal a largo plazo; y, al igual que el porcentaje de letalidad, el incremento dependerá de las capacidades de cada gobierno para evitar las muertes por Covid-19. Cabe destacar que, por los volúmenes de poblacional, la propagación temprana en el continente europeo y las acciones políticas llevadas adelante, la mayoría de los Estados del viejo continente han sido los más afectados. Principalmente si tomamos en cuenta los primeros cinco índices de la muestra. Bélgica (0,84), Reino Unido (0,65), España (0,60), Italia (0,57) y Suecia (0,51). En este caso, nuevamente, casi la mitad del muestreo se encuentra por encima de la media mundial (0,06), mientras que Argentina se ubica por debajo con un valor de 0,02 puntos.

Recuperación

Finalmente, el último indicador corresponde al lado positivo de las acciones gubernamentales y tiene que ver con el porcentaje de personas recuperadas sobre las que han contraído la enfermedad en cada país. Esto índice se mueve de forma similar al índice de letalidad, solo en vez de contar fallecimientos, se toman en cuenta las altas médicas. Estas últimas aumentan gracias a políticas de aislamiento social tendientes a preservar el sistema de salud y el desarrollo de éstos de acuerdo a sus niveles tecnológicos, farmacéuticos e inclusivos. En este sentido, pueden observarse países que han combinado uno de estos factores o ambos. El primero de ellos es Nueva Zelanda que posee un 97,12 por ciento de recuperados, seguido por China con un 93,94 por ciento, Suiza con 92,07 por ciento, Noruega con 91,57 por ciento y Alemania obteniendo el 91,47 por ciento. Sobre este indicador cabe hacer varias aclaraciones. La primera tiene que ver con que un rebrote en cada uno de los países produciría un descenso de los porcentajes. En segundo lugar, los valores obtenidos dependen mucho de que se entiende por “paciente recuperado”. El caso de Chile resulta sospechoso en este sentido ya que, mientras aumentan considerablemente los contagios, lo hacen de la misma forma los pacientes dados de alta. En cuanto a Argentina, el porcentaje es de 33,93 por ciento, varios puntos por debajo de la media global (51 por ciento). Para explicar esto, pueden pensarse dos hipótesis. Por un lado, puede entenderse porque el pico en Argentina, y en América Latina en general, ha sido posterior a otras regiones, donde han tenido más tiempos de tratamiento. Pero, por otro lado, algunas deficiencias a la hora de tratar los pacientes podrían impedir mejorar este indicador.

Es posible pensar un quinto indicador, que podemos llamar índice de vitalidad y correspondería a los valores obtenidos a través de dividir recuperados sobre población de un determinado país. Este sería útil si pudiera establecerse científicamente que aquella persona enferma y recuperada de Covid-19 no puede volver a contraer la enfermedad en un futuro, es decir, que adquiere inmunidad frente a ella. Un dato que podría ser útil a la teoría del rebaño, la cual entiende que, a mayor contagio, mayor forma de adquirir anticuerpos y por tanto, más rápido salir de la crisis tanto sanitaria como económica. Pero, de forma contraria este indicador también nos demuestra que por más rápida que sea la propagación de la enfermedad, la posibilidad de rebaño es lenta y destructiva.

Teoría del rebaño

Si tenemos en cuenta el tiempo que lleva la pandemia, las pérdidas humanas, las crisis en los sistemas de salud y la crisis económica, que va más allá de las decisiones que tomen los Estados para paliar la situación, no parece tener mucho sentido aplicar esta teoría. Ejemplo de ellos lo podemos ver en países como Estados Unidos o Brasil, cuyos presidentes han intentado llevarla a la práctica. En ambos casos, la pandemia ha jaqueado sus economías desde marzo y en los cuales han fallecido casi 130 mil, en la potencia del norte, y casi 60.000, en el país sudamericano. Si la teoría del rebaño fuese aceptable y el indicador de vitalidad pudiese ser tomado como válido, esto solo representaría que el 0,25 por ciento de la población estadounidense, o 0,37 por ciento de la ciudadanía brasilera, sea “inmune”. Entonces la pregunta sería ¿Cuánto tiempo debería pasar para que la mitad de la sociedad tenga anticuerpos? ¿Cuántas veces deberían verse los sistemas de salud colapsados en cada Estado? O si introducimos la discusión ética, y totalmente válida, ¿Cuántas vidas deberían perderse en pos de esta teoría?

La solución argentina

En cuanto a Argentina, las distintas fases de la cuarentena, en especial la primera instalada de forma preventiva, ha posibilitado que los índices de morbilidad, letalidad y mortalidad sean muy bajos. Específicamente si tomamos en cuenta los últimos dos que se encuentran por debajo de la media a nivel mundial. A su vez, esto ha evitado la propagación del Covid-19 en todo el territorio ya que se ha logrado contener, más allá de casos en diferentes provincias, el 90 por ciento de la infección en la zona del Amba. Por otro lado, el tiempo que se llevó en cuarentena ha permitido mejorar capacidades sanitarias para afrontar un pico aún mayor como el que ha crecido durante el mes de junio y julio. Sin embargo, el porcentaje de recuperación en Argentina permanece muy bajo en comparación a otros países y a la media mundial. Por lo tanto, tomar medidas tendientes a la propagación del virus y mantener la estabilidad de los sistemas de salud es indispensable, principalmente en las áreas urbanas de mayor población.

 

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