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Política
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Cuarenta días sin fin

El miedo, como herramienta de persuación.
El miedo, como herramienta de persuación.

Los "quaranta giorni" que debía permanecer sin entrar a puerto cualquier buque que llegara a Venecia en medio de la peste en el siglo XIV dieron origen a la palabra "cuarentena", hoy una de las más usuales en el habla cotidiana. Aquellos "cuarenta días" se aplicaban a los marineros que llegaban a Venecia de cualquier parte del mundo, en particular del Oriente en tiempos en que la China era la primera potencia económica mundial.

Ante la sospecha de que ellos tuvieran alguna relación con la peste que mató un tercio de la población de Europa, había que esperar 40 días a que los enfermos murieran o sanaran. No estaba claro entonces que la peste se metía igual, a través de las ratas que bajaban del buque a tierra a través de las amarras cuando el barco tocaba el muelle. Mucho después, para evitarlo, se colocó en los cabos un disco circular en forma de embudo que cortaba el paso de los roedores.

Cuarentenas para enfermos
Cuarentenas ha habido siempre. Las primeras se refieren a la prevención de la lepra en el Oriente medio. La enfermedad era conocida también en Grecia, donde los padres de la medicina, Hipócrates y Galeno, aconsejaban a los enfermos "vete rápido, vete lejos y tarda en regresar"' .

Las cuarentanas se aplicaron siempre a enfermos con la intención de separarlos de los sanos con la presunción de que eran capaces de transmitir su enfermedad, aunque por mecanismos desconocidos porque hasta el siglo XIX no se conoció la influencia de los microorganismos en el proceso.

La gran novedad actual es la instrumentación mundial de cuarentenas para sanos a que a dado lugar la peste de Covid 19, que según los datos iniciales tenía una letalidad mayor que el tres por ciento, pero hoy en día está reducida a menos del 0,3 por ciento. La errónea estimación inicial dio lugar a medidas draconianas de protección que no se modificaron luego a pesar de ser innecesarias.

Modelo falla; intuición, no
El error se generó en un modelo matemático lanzado por el infectólogo Neil Ferguson desde el Imperial College de Londres. No hubo las decenas de millones de muertos por el mundo que predecían los modelos, pero el pánico se creó y persiste. Una de sus consecuencias fue que los gobiernos instrumentaran la cuarentena para sanos por primera vez en la historia con la finalidad de "aplanar la curva". La intención era no desbordar los servicios de salud, a pesar de que en invierno están habitualmente desbordados por enfermedades que parecen desaparecidas, como la gripe común o la tuberculosis. No han desaparecido, pero están descuidadas haciendo su trabajo en silencio bajo el estruendo del Covid 19.

El encierro social obligatorio, la cuarentena para sanos, se basó en predicciones muy erradas, como demostraron rápidamente otros especialistas a quienes los medios no suelen tomar en consideración.

Se alertaba de 40 millones de muertos en el mundo y de dos millones en los Estados Unidos, pero las predicciones apocalípticas no se cumplieron y en Europa el virus ya perdió fuerza y está en retirada.

La pintura se secó
Las cuarentenas son resultado de un error de cálculo del Imperial College y seguir con ellas es persistir en el error sin motivo. Cabe quizá poner el ejemplo del guarda apostado con un fusil junto a un banquito en un cuartel. En un cambio de jefatura, el nuevo jefe quiso conocer las causas de la custodia y pudo averiguar que la guardia se mantenía desde que el banquito había sido pintado hacía décadas para evitar que nadie se sentara sobre la pintura fresca. Pero cuando admitimos que la pintura se secó hace mucho, hay que aceptar que la guardia posterior fue inútil y retirarla.

En casa sí; en prisión, no
"Quedate en casa" se repite incansablemente, pero con poca crítica. Es sabido por las técnicas de manipulación cuánta importancia tiene la repetición de una afirmación para hacerla carne en los que la escuchan.

Sin embargo, no todo está a favor de quedarse en casa para evitar contagios. Salir a la luz y al aire, al movimiento y al sol, a la libertad, es también saludable porque mejora las defensas naturales del organismo. Estar al aire libre detiene la propagación de todas las enfermedades respiratorias y nada prueba que el Covid19 sea diferente en este punto. Por otra parte, algunos estudios parecen establecer relación entre la permanencia al aire libre y la resistencia al contagio debido a la generación de vitamina D por exposición de la piel al sol.

Cuando la inseguridad comenzó a ser un problema serio en la Argentina, hace ya varias décadas, el entonces arzobispo de Córdoba, Raúl Primatesta, hizo notar una paradoja: los delincuentes andaban sueltos en la calle, y los vecinos que no pensaban delinquir debían permanecer encerrados en sus casas tras las rejas. Luego se popularizarían las alarmas, las cámaras de video y finalmente, la compra de armas para intentar liberarse de todo mal.

El Covid ha provocado medidas políticas de apariencia muy errada, a partir de las recomendaciones iniciales basadas en modelos que implicaban pronósticos epidemiológicos que estuvieron lejos de cumplirse.

Las contradicciones toman a veces aspectos sorprendentes, como la decisión de liberar a los presos ante el peligro de que se contagien en la cárcel. Esta libertad convive con la orden de quedarse en casa -justamente para evitar el contagio- dirigida a los sanos que no quieren mantenerse bajo prisión domiciliaria, con amenaza de aplicarles normas del código penal: Los presos libres como pajaritos, los sanos recluidos como animales de zoológico.

En las cárceles de la provincia de Buenos Aires, la más afectada por el Covid, había unos 2.500 presos enfermos; de ellos 233 tuberculosos y 476 con Sida. El peligro de contagiarse de Covid decidió a la cámara de casación a liberarlos, en tanto un decreto nacional obligaba a los sanos a mantenerse recluidos en sus domicilios.
El profesor John Ioannidis, de la universidad de Stanford, pionero en investigación de la investigación científica, expuso un punto de vista diferente al de los políticos y al de sus consejeros. Dijo que el coronavirus no representa un peligro extraordinario y recomendó levantar la cuarentena, no encerrar a sanos sin riesgo, porque la devastación que produce puede ser extrema. "Estaremos matando personas masivamente debido a la cuarentena impulsada por los medios".
De la Redacción de AIM.

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