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Política
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La derecha en las calles

Foto: TN.
Foto: TN.

El pasado 9 de julio, en el “día de la independencia” (la fecha “patria” no es un dato azaroso)se produjeron numerosas movilizaciones en distintos puntos del país congregando distintos sectores que, supuestamente sin distinción partidaria y “espontáneamente” para los grandes medios de comunicación, salieron a las calles a mostrar su disconformidad con las políticas del gobierno en el contexto de la cuarentena adoptada ante la situación de la pandemia del coronavirus. Por *Alejo Mayor, para AIM.

Sin consignas claras, lo que se expresó en las calles fue un frente muy heterogéneo. Desde aquellos que protestaban contra las restricciones individuales que implica la cuarentena, sectores que necesitan volver a trabajar o reabrir sus comercios, a otros discursos por momentos grotescos que remiten a una parodia de Capusotto: conspiracionistas que se manifiestan en contra del “Nuevo Orden Mundial” que sostienen que detrás del gobierno se encuentran George Soros o Bill Gates. Por caso, el jueves pudo verse un cartel que rezaba “Kristina= Jim Jones”, asimilando a la ex presidenta al pastor estadounidense fundador de la secta Templo del Pueblo que sostenía que el capitalismo era el anti-cristo y promovió el suicidio colectivo de más de 900 personas en 1978. Lo que une a estos sectores, en términos generales, es su oposición a este gobierno, los recorre una estela “antiperonista” clásica de los sectores medios (aunque el clivaje peronismo-antiperonismo es insuficiente para explicar las movilizaciones, más aún en el interior del país) y  se manifiestan en contra de la intervención del Estado.

Uno de los hechos que más se viralizó en torno a la movilización fue el violento ataque al periodista de C5N (también fue atacado un móvil de Crónica) de parte de manifestantes. No sorprende el odio y la violencia que se manifiesta en estos hechos, ya que esos elementos están presentes también en su discurso (contra “Kretina”, “Alverso”, “los negros”, “los planeros”, “los zurdos”, etc. ) pero si la anuencia e inacción ante estos hechos de las fuerzas represivas (¿se imaginan una manifestación obrera donde los trabajadores agarren a golpes a un periodista?¿cómo sería la reacción policial?) y de los medios de comunicación hegemónicos, que alientan y propagandizan estas movilizaciones (incluso las convocan) a la vez que oscurecen o invisibilizan otras como el importante banderazo que hubo ese mismo día en Rosario en favor de la expropiación de Vicentín, de los trabajadores que se manifiestan por la reapertura de paritarias o la desaparición de Facundo Astudillo Castro y los numerosos casos de gatillo fácil y operativos represivos que protagoniza día a día la policía de Berni en provincia de Bs.As.

Una fuerza social de derecha

Un fenómeno relativamente novedoso de la última década de la política argentina es la aparición en el teatro de la calle, de un actor político de derecha con vocación y capacidad de movilización de masas. Este fenómeno, desde ya, no se restringe a las fronteras nacionales, sino que es un fenómeno global, que en nuestro subcontinente tiene sus expresiones con la experiencia de Jair Bolsonaro en Brasil y las movilizaciones derechistas de la medialuna boliviana que se referencian en el liderazgo de Camacho y han apoyado el golpe contra Evo Morales que impuso a la presidenta Añez.

Un hito en la expresión callejera y confrontativa de esta fuerza en la pasada década, fueron los enfrentamientos que conformaron el llamado “conflicto del campo” de 2008. Sin embargo, es menester aclarar que la fuerza  social que se movilizó en defensa de las patronales agrarias que se coordinaban en la Mesa de Enlace involucraba a trabajadores urbanos y rurales organizados e inclusive sectores de izquierda. Pero antes de este conflicto, encontramos antecedentes de esta derecha masiva en las calles en las movilizaciones “por la seguridad” en torno al caso del (falso) ingeniero Blumberg y, a posteriori, con las movilizaciones ante el “caso Nisman” y los sucesivos “cacelorazos” en contra de la corrupción gubernamental que poblaron el último gobierno de Cristina Fernández. El “cacerolazo”, huelga decir, es una expresión de protesta característica de los sectores medios, que encuentra sus raíces históricas en las movilizaciones en contra del gobierno de Salvador Allende en Chile e históricamente se vinculó con reclamos asociados a la derecha política (a pesar del candente recuerdo de las cacerolas del 2001, donde los ahorristas confiscados por las entidades bancarias incidentalmente coincidieron con sectores trabajadores ocupados y desocupados en una alianza que no sobreviviría la recuperación económica que prosiguió a la salida de la convertibilidad.

Esta derecha se nutre a la hora de movilizar, fundamentalmente, de los llamados “sectores medios” (nos referimos a ese amplio y heterogéneo conglomerado poblacional -que no es una clase social- que incluye  a profesionales, comerciantes, pequeños empresarios, cuentapropistas, etc.) pero también de sectores propietarios, algo que se evidenció incluso en la presencia de autos de alta gama en alguna de las caravanas, por no mencionar la preeminencia que históricamente han tenido los propietarios rurales en las localidades de la pampa húmeda en manifestaciones de este tipo.

En el plano discursivo, se expresa en términos clasistas, en abierta defensa de la propiedad privada y del capitalismo (en su variante más liberal), atacando a sectores trabajadores tanto los organizados sindicalmente como los sectores más pauperizados que perciben algún tipo de plan asistencial del Estado (“planeros”), promoviendo el alineamiento internacional con los EE.UU. (en detrimento del “parecernos a” Cuba o Venezuela) e incluso atacando al “comunismo”, referido de manera confusa a cualquier tipo de intervencionismo estatal. Este elemento “clasista” en el discurso de la derecha, contrasta llamativamente (o no tanto) con la ausencia o el “lavado” del mismo en la izquierda criolla con presencia institucional (centralmente la cooperativa electoral trotskista del FIT-U) que omite pronunciarse en contra de la propiedad privada y en favor del comunismo o socialismo. Un fenómeno de época parece ser que la fisura del consenso “centrista” y democrático de la pos guerra fría se produjo por derecha y es en esos sectores donde parecen anidar los nichos de incorrección política.

También hay que destacar la presencia en algunos sectores, que parecen expresarse con mayor fortaleza en localidades del interior del país que en la capital federal en términos relativos, con un discurso religioso (“la misa es un servicio esencial” se pudo leer en carteles en la movilización de la ciudad de Paraná). Son aquellos que se opusieron al matrimonio igualitario y actualmente lo hacen “en favor de las dos vidas” y en contra de la Educación Sexual Integral, y se oponen a cualquier medida en pro de un Estado laico y de la separación de la Iglesia del Estado.

Foto: archivo.
Foto: archivo.

A pesar de la heterogeneidad de las demandas y sectores que se manifestaron, existe una vocación discursiva de homogeneidad en esta fuerza social: del “Todos somos el campo” (inclusive los sectores urbanos) al “Todos somos Vicentín” (inclusive los sectores expropiados de medios de producción). Este discurso homogeneizador cierra con el concepto omnipresente de “Patria” y la bandera nacional que puebla estas protestas, aunque el fenómeno nacionalista es complejo y en nuestro país atraviesa todo el espectro político de derecha a izquierda.

¿Qué hay detrás?

Sería un incurrir en maniqueísmo el presentar a los manifestantes movilizados como privilegiados, efectivamente muchos de ellos también están entre los sectores más golpeados por la economía no solo desde que estalló la pandemia sino producto de la crisis económica pre existente. También habría que evitar caer en la tentación homogeneizadora de presentar como “anticuarentena” a todaslas demandas que encuentran su canal de expresión en las calles: no es lo mismo el que defiende teorías conspiracionistas y sostiene que el virus “no existe” al monotributista que recibió un impuestazo a principios de año y sigue pagando el monotributo sin poder acceder a un bono (que es un paliativo que representa menos de u  tercio de un salario de pobreza) ni tampoco poder trabajar.

Esos sectores medios movilizados expresan su frustración ante casi una década de estancamiento económico. En el plano de la representación política, apostaron mayoritariamente a Cambiemos y se fueron desilusionados por un gobierno que fue incapaz de revertir la crisis económica que lo había llevado al poder y solo favoreció a los sectores más concentrados de la economía. Ese sector sigue buscando un interlocutor político.

Por detrás de estas protestas, existe una fuerte presión de los capitalistas por retomar la actividad económica, el proceso de acumulación y valorización del capital que se vio interrumpido de hecho por la irrupción de la pandemia. En ese sentido, la dicotomía “salud o economía” solo es tal en el marco de las relaciones sociales capitalistas, donde “la economía” implica los intentos desesperados de la clase capitalista por contrarrestar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, aumentando la explotación y poniendo en riesgo la salud de los y las trabajadoras. La enorme masa en disponibilidad del capital que engrosan el ejercito de desocupados allí esta presta a reponer las bajas que el capitalismo este dispuesto a tolerar. Estos sectores capitalistas son los que instrumentalizan a los sectores que se movilizan por múltiples causas: levantar la cuarentena es una necesidad que se les impone ara valorizar sus capitales y obtener ganancias (el protocolo de retorno a clases del ministro Trotta, imposible y delirante para todo aquel que conozca un mínimo las condiciones de infraestructura del sistema educativa público, también es producto de estas presiones).

Lucha de clases, lucha de calles

La calle sigue siendo el escenario privilegiado de expresión de las acciones y demandas políticas. Por derecha y por izquierda, la movilización callejera mantiene y recobra vigencia como una caja de resonancia para imponer demandas y discursos que contrasta con el vaciamiento de ciertos espacios institucionales como el parlamento. La derecha, en el mundo, parece tomar nota de ello y estar a ala ofensiva. En Argentina, por caso, actúan anticipadamente, acusando de comunismo a todo intento de regulación sobre su propiedad. Los desafíos que los tiempos imponen a los trabajadores son los de retomar la iniciativa, empezar a defender intereses propios y no ajenos y construir discursos de clase que pongan en cuestión los pilares sobre los que se asientan las bases de este sistema de explotación y miseria que se puede transformar. Lo bueno es que puede ser para mejor, lo malo es que puede ser para peor. Y los signos parecen indicar esta última opción como la que se va imponiendo. Habrá que organizarse para hacer frente a los enfrentamientos que seguramente vendrán y poder dar vuelta la taba.

* Alejo Mayor. Sociólogo y docente. Miembro del Grupo de Estudios Históricos sobre Clases y Conflictos Sociales en Entre Ríos (Uader) y militante de Agmer.

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