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La neurociencia detrás del mal comportamiento de los niños

El cuerpo de un niño sufre cambios físicos, y algunos de ellos no son demasiado evidentes. Dentro de este grupo se encuentra una buena parte de los que ocurren en el cerebro. A continuación, explicamos lo que sucede dentro de él y por qué se comportan mal.

En muchas ocasiones, ante los malos actos de nuestros hijos, nos podemos llegar a preguntar, ¿por qué mi hijo se comporta de esta manera? ¿Qué esconde bajo ese mal comportamiento? ¿Qué necesita para reducirlo? A continuación, te explicamos que esconden esas conductas inadecuadas.

Detrás de una mala conducta, puede haber muchos motivos, como una necesidad afectiva que hay que cubrir o unas circunstancias de origen biológico. Es decir, no es algo que “estemos haciendo mal”, sino una situación que viene desde la genética. Existen muchas ciencias que estudian esa relación entre la conducta y la biología, entre ellas se encuentra: la neurociencia.

La neurociencia es una de las disciplinas que se encarga de estudiar nuestro cerebro y sistema nervioso; dentro de él, encontramos la neurociencia cognitiva. Esta se encarga de los procesos biológicos que son la base de nuestro funcionamiento cognitivo, es decir, pensar, recordar, la forma en que tomamos decisiones y en muchos casos, cómo actuamos.

Pero, entonces, ¿qué dice la neurociencia acerca del mal comportamiento en niños? Sin embargo, es importante entender primero un poco el funcionamiento del cerebro.

Áreas del cerebro y sus funciones

Antes de explicar cómo el cerebro influye en el comportamiento, vamos a repasar las diferentes áreas que lo componen y cómo funcionan cada una de ellas.

El cerebro, al ser un órgano sumamente complejo, suele dividir sus diferentes funciones por áreas, es decir, como si fuera una empresa y por departamento, se tuviera un “servicio” para cada solicitud.

Un ejemplo para entenderlo mejor: si te lastimas, esa información llega al cerebro y el “departamento” encargado te hace sentir “dolor” y se lo comunica a otras áreas cerebrales para que gestionen esa situación.

A continuación, te explicaremos cómo funcionan algunas regiones de nuestro cerebro:

La corteza prefrontal: es responsable de la atención, planificación, autorregulación, orientación de la conducta, lo que se conoce como: funciones ejecutivas.

El lóbulo parietal: tacto, presión, equilibrio o coordinación.

Lóbulo occipital: procesamiento visual.

Lóbulo temporal: tareas visuales complejas, procesamiento auditivo, regulación de emociones y motivación.

Cerebelo: ejecución de movimientos precisos, equilibrio, postura y aprendizaje motor.

Área de Broca y Wernicke: producción y comprensión del lenguaje.

Cabe aclarar, que aunque cada lóbulo tenga su especialización, no implica que trabajen de forma individual, al contrario, cada región se comunica con las otras para dar mejor respuesta ante el estímulo.

¿Qué pasa si falla una de estas áreas?

En muchos casos, el fallo de algunas de estas regiones, ya sea adquirida (un accidente en auto, una caída fuerte, etc.) o congénito (que nace con ese problema o dificultad), puede producir trastornos conductuales.

Generalmente, los trastornos conductuales están relacionados con la hiperactividad general y cambios emocionales abruptos como: desinhibición, impulsividad, irritabilidad, agitación psicomotora, agresión, apatía, iniciativa reducida y desmotivación.

El cerebro de los niños

Para explicar algunos engranajes biológicos del cerebro de nuestros niños, primero hay que saber que la corteza prefrontal está en proceso de maduración; muchas investigaciones afirman que no termina de madurar más o menos hasta los veinte a veinticinco años de edad. Además, el menor está comportándose con lo que se conoce como el cerebro más primitivo (o el cerebro reptiliano).

En otras palabras, nuestro cerebro se desarrolla de atrás hacia adelante. Esto quiere decir que lo primero que se activa son las zonas sensibles o de los sentidos (gusto, olfato, tacto y vista), y por ellas pasa la información. Luego se desarrollan las áreas motrices, responsables de los movimientos voluntarios: caminar, hablar y escribir.

Además, es relevante entender que el cerebro se desarrolla desde nuestro hemisferio derecho, es decir, desde nuestra parte más emocional, al lado izquierdo, es decir, el pensamiento, la razón y el lenguaje. Por eso mismo, en general, las emociones impregnan más la conducta de niños que la de los adultos.

Para terminar, vamos a explicar la neurociencia del mal comportamiento:

La neurociencia del mal comportamiento en los niños: ¿en qué consiste?

Paul Maclean, un neurocientífico estadounidense reconocido, dijo que era como si en nuestras cabezas convivieran caimanes, caballos y humanos, y las decisiones se tomaran entre los tres. Sin embargo, no siempre están de acuerdo. Y estaremos de acuerdo en esto con su teoría trinitaria del cerebro (1960), porque nos ayudará a comprenderlo y por ende a respetar más a nuestros hijos e hijas.

La teoría del cerebro triuno nos dice que nuestro cerebro no es único, sino que está compuesto por tres cerebros, y son los siguientes.

El cerebro reptiliano

Está formado por el cerebelo y es necesario para que controlemos las actividades motoras, como andar en bicicleta, tocar un instrumento o dibujar. También está formado por el tronco encefálico, que es el encargado de transmitir la información sensorial.

Este cerebro es el más antiguo, con varios millones de años, y es el encargado de garantizar nuestra existencia y regular nuestra presión arterial, frecuencia respiratoria y temperatura. Esto significa que ante una situación de peligro, dos personas muy diferentes reaccionan de la misma manera.

Por lo tanto, si comparamos este cerebro con la metáfora de Maclean, nos referimos al cocodrilo. Es decir, algunas reacciones de nuestros niños están estrechamente relacionadas con esta parte del cerebro que aún está madurando.

El cerebro límbico

Este es algo más complejo, tiene poco más de 150 millones de años y se encuentra justo encima del reptil. Este cerebro representa emociones como alegría, tristeza, asco, miedo… Y también acumula recuerdos de experiencias pasadas. Esto afecta mucho a nuestro comportamiento.

Por ejemplo, cuando golpeamos la mesa, en respuesta a la ira, cuando tu hijo hace una rabieta, el responsable de esta acción es el cerebro límbico.

Este cerebro estaría representado por el caballo, debido a que en cualquier momento se “puede desbocar”.

El cerebro neocórtex

Finalmente, la parte del cerebro que más evolucionó y con tan solo dos o tres millones de años. Su función principal es la de gestionar el mundo emocional utilizando para ello habilidades cognitivas como la capacidad de concentración, la memoria, las elecciones de comportamiento, la autorreflexión, la resolución de problemas, entre otras.

De este cerebro salen la lógica y la razón, por lo que nos permite leer, planificar, sumar, entre otras cosas. Esta parte nos dirá si la acción que realizamos anteriormente en la mesa fue correcta o no.

En los niños, al ser la última parte que se desarrolla, se puede notar como tienen momentos de poco control en sus emociones y reacciones.

Fuente: La Mente es Maravillosa

Neurociencia niños Conducta

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