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Caleidoscopio
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El poder nos quiere tristes.
El poder nos quiere tristes.

La actualidad de Spinoza

Para el filósofo francés Gilles Deleuze, muerto en 1995, Benito Spinoza ofrece una "línea de fuga" en el pensamiento occidental; es decir, la posibilidad de evitar situaciones repetitivas, de "escaparse por la tangente", de salir del círculo en que estamos encerrados y que se ha vuelto asfixiante.

Spinoza, Baruch según su nombre de religión, estaba destinado por su familia a ser rabino, pero su actitud crítica hacia la fe mosaica, su cuestionamiento a la inmortalidad del alma, su tendencia a marcar errores en la Biblia, y finalmente su rechazo a aceptar sobornos para silenciar sus opiniones, llevó a que lo excomulgaran a los 25 años, en 1657.

El Herem, la fórmula de excomunión que le aplicaron, posiblemente para no disgustar con otra herejía al poder político calvinista del momento en Holanda, es la más enérgica y es ilevantable: "Por la decisión de los ángeles, y el juicio de los santos, excomulgamos, expulsamos, execramos y maldecimos a Baruch de Spinoza, con la aprobación del Santo Dios y de toda esta Santa comunidad, ante los Santos Libros de la Ley con sus 613 prescripciones, con la excomunión con que Josué excomulgó a Jericó, con la maldición con que Eliseo maldijo a sus hijos y con todas las execraciones escritas en la Ley. Maldito sea de día y maldito sea de noche; maldito sea cuando se acuesta y maldito sea cuando se levanta; maldito sea cuando sale y maldito sea cuando regresa. Que el Señor no lo perdone. Que la cólera y el enojo del Señor se desaten contra este hombre y arrojen sobre él todas las maldiciones escritas en el Libro de la Ley. El Señor borrará su nombre bajo los cielos y lo expulsará de todas las tribus de Israel abandonándolo al Maligno con todas las maldiciones del cielo escritas en el Libro de la Ley. Pero ustedes, que son fieles al Señor vuestro Dios, vivid en paz. Ordenamos que nadie mantenga con él comunicación oral o escrita, que nadie le preste ningún favor, que nadie permanezca con él bajo el mismo techo o a menos de cuatro yardas, que nadie lea nada escrito o trascripto por él."

Un caso ejemplar
Excomulgado, Spinoza quedó sin apoyo moral ni material en plena juventud, pero no cejó en sus convicciones. No pensó en rehacer relaciones con la sinagoga, posiblemente tomando lección del triste destino de Uriel Da Costa.

Seguramente había leído "Ejemplo de una vida humana", el libro que escribió Da Costa antes de suicidarse. Narra allí el origen judío de su familia en Portugal, la conversión familiar al catolicismo, sus dudas, su vuelta al judaísmo, la huida a Holanda para esquivar a la Inquisición; sus diferencias con la sinagoga, la excomunión, la necesidad de volver a la comunidad por no soportar la soledad -débil y cansado como estaba- pero también la imposibilidad de renegar de sus ideas libres. Finalmente, los rabinos aceptaron su arrepentimiento, que no era sincero, pero a condición de someterlo a graves humillaciones: le aplicaron 36 latigazos y lo hicieron echarse al suelo, donde todos los demás lo escupieron. Da Costa se recluyó en su casa y poco después se suicidó.

La vida de un sabio
Spinoza en cambio se refugió en la casa de un amigo calvinista, a pesar de que los calvinistas también lo perseguían, y se ganó la vida como pulidor de lentes hasta su muerte a los 45 años por tuberculosis.

Pasa por racionalista, pero no se basa en la razón como principio sino en el "conatus", en la propiedad de cada cosa de resistir todo intento de destrucción y de perseverar en su ser.

La fama de Spinoza ha ido creciendo con el tiempo. Nunca fue un filósofo central, como Descartes o Kant; pero ha vuelto con fuerza tres siglos y medio después, de la mano de estudiosos modernos como Deleuze y Antonio Negri.

Sostiene que no es posible el control total de algo que es proceso abierto, impredecible. El control total es ilusorio, no tiene sentido lógico porque siempre habrá transformaciones incalculables, líneas de fuga.

Siempre hay lugares, experiencias, situaciones por donde algo o todo puede escapar hacia donde no se sabe qué sucederá, y donde no es posible el control.

Spinoza se aparta de las religiones institucionales como organizadoras del mundo, y abre puertas a posibilidades impensables. Para él la esencia del hombre no es la razón, el pensamiento o el espíritu, sino el conatus, el impulso hacia la perseverancia.

En su época se echaban las bases del mecanicismo, que empezó a considerar la naturaleza como inanimada, pasible de ser pensada, estudiada y dominada como un organismo inerte. Ese modo de pensar y actuar se ha ido desarrollando hasta convertirse en incuestionable, en la naturaleza misma de la ciencia moderna pero también de la razón instrumental. Pero entonces Spinoza ya hablaba de un universo vivo.

El conatus, es decir, el esfuerzo con que cada cosa intenta perseverar en su ser no es nada distinto de la esencia actual de la cosa misma, según la proposición 7 de la Etica ordine geomético, su obra fundamental que no publicó en vida.

El conatus se contrapone con la concepción mecánica, desvitalizada, cuantitativa e instrumental del racionalismo; pero también a la institución religiosa, que toma el control moral como instrumento de dominación, como base de una dictadura espiritual.

La filosofía de su tiempo consideraba que la idea del bien organiza el mundo, pero Spinoza sostiene que la inversa es la verdadera: algo se convierte en bueno para nosotros porque lo deseamos, no lo deseamos porque sea bueno. No hay Bien y Mal sino lo bueno que potencia y lo malo que despotencia.

Esta postura y sus consecuencias, a las que se mantuvo siempre fiel, fue decisiva para la vida de Spinoza, desde su expulsión de la sinagoga hasta sus concepciones políticas.

El pensamiento sustancialista parte de Parménides, que plantea la identidad fija, el no cambio ni intercambio ni movimiento. El pensamiento relacional parte de Heráclito y se interesa en el cambio permanente; no solo del río en que no podemos entrar dos veces sino también el sujeto que no puede regresar sin cambios al río.

La persona se concibe como relación, combinación, composición y descomposición, encuentros y desencuentros. A diferencia de la sustancia única, que es necesaria, los seres humanos son modos contingentes de existir, finitos, siempre relacionales, compuestos con otros cuerpos.

Cuerpo no se refiere al cuerpo extenso, sino al cuerpo como superficie donde se inscribe lo que nos afecta, nos cambia, nos determina, nos pone en relación.
Spinoza piensa al alma y al cuerpo como una misma cosa, concebida ya desde el atributo del pensamiento, ya de la extensión.

Dice Deleuze que según Spinoza nadie ha determinado lo que puede el cuerpo, su potencia, no considerado como cosa extensa sino como superficie donde se inscriben las afecciones.

Tristes o alegres
La Ética viene a criticar a la moral como forma de dominación, como teoría de deberes o mandamientos impuestos por el poder. Define la alegría como una pasión por la que el alma pasa a una mayor perfección y tristeza como una pasión por la que el alma pasa a una menor perfección. No hay Bien ni Mal transcendente, sino composición de los cuerpos de manera que se potencien o se despotencien.

El poder nos quiere débiles y tristes
El poder actúa para entristecernos: nos necesita tristes, depotenciados. Deleuze pone el ejemplo del sacerdote, el esclavo y el tirano como hombres de pasiones tristes. Equiparando el poder con el derecho, dice que cuando dos hombres se ponen de acuerdo, tendrán más poder que separados, y cuanto mayor sea el número de los que se ponen de acuerdo, mayor será su potencia y el derecho de que dispongan. La ayuda mutua es entonces el medio de conservar la vida y cultivar el pensamiento.

El sacerdote se compadece de la tristeza humana, el esclavo es un ser de pasiones tristes en su composición con el tirano, y el tirano es el que se apoya en la tristeza de los otros para ejercer el poder.

El ejercicio del poder es el ejercicio de la tristeza, de la merma de la potencia. Pero pasando al terreno político, puede haber una comunidad institucional por fuera del ejercicio de la tristeza, que no opere reduciendo la potencia.

Spinoza, extranjero y expulsado de la sinagoga, imagina una forma de gobierno que no es privilegio de unos pocos holgazanes, como era la democracia griega. En este sentido, uno de sus estudiosos modernos más conocidos, Antonio Negri, que estuvo preso en Italia acusado de un crimen político que no cometió, considera a Spinoza el fundador teórico de la democracia moderna, un gobierno que derive de la combinación de las potencias de cada uno.

La democracia es una relación posible según el grado de verdad que una comunidad puede darse, puede soportar, en una expresión que anticipa a Nietzsche y a Foucault.
De la Redacción de AIM.

La incidencia del poder tristes Spinoza democracia moderna

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