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Ucraniano neonazi condenado por odio racial que será expulsado del país

Oleksandr Levchenko, apodado “El Rusito”, fue condenado a nueve años y medio de prisión en 2018 junto a otros seis integrantes de una violenta banda skinhead, y será expulsado del país permanentemente.
Oleksandr “El Rusito” Levchenko, ucraniano, de 26 años, uno de los siete integrantes de una violenta banda neonazi que sistemáticamente atacó en Mar del Plata y fue condenado por la Justicia Federal, será expulsado del país.
Cumple su condena en la cárcel de Marcos Paz, pero la Dirección Nacional de Migraciones le quitó el permiso de permanencia; el trámite legal ya está en marcha.
El juez federal que encabezó el Tribunal Oral que pronunció el histórico fallo, Roberto Falcone, autorizó el proceso "de extrañamiento", tal como se llama el trámite contemplado por la Ley de Migraciones 25.871 (artículo 29) para quienes hayan sido condenados o estén cumpliendo condena, cuenten con antecedentes o condena no firme aquí o en el exterior por delitos que merezcan penas privativas de la libertad.
Levchenko deberá abandonar el penal donde cumple la pena de nueve años y seis meses de prisión que recibió en 2018, y regresar a su país natal. Falcone dispuso además la prohibición permanente de reingreso para el imputado.
El joven ucraniano y otros seis jóvenes fueron condenados en mayo de 2018 "por organizar -o formar parte- de una agrupación destinada a imponer sus ideas y combatir las ajenas por la fuerza o el temor; por el delito de pertenecer a una organización y realizar propaganda basada en ideas o teorías de superioridad de una raza, religión o grupo étnico”.
Una condena sin precedentes que castigó una saga de episodios violentos que tenía como a víctimas a mujeres, extranjeros, homosexuales, trans. Mar del Plata, en esos años, fue testigo de actos en los que grupos fascistas reivindicaban al nazismo a golpes y dejando sus mensajes de odio pintados en monumentos, paredes y locales.
Durante el juicio se los vio en video haciendo la reverencia a una cruz esvástica que habían pintado en un paredón; se oyó a sus víctimas, amenazadas de muerte, en algunos casos apaleadas, declarando con miedo, y ellos, desde el banquillo de los acusados, se desligaron de lo que se debatió ante más de cien medidas de prueba, se declararon inocentes y nunca perdieron la sonrisa socarrona.
Es que no esperaban semejante fallo judicial. De hecho, habían oído del fiscal federal Juan Manuel Pettigiani una tibia imputación: quien los acusaba pidió penas menores.
Pero los jueces Falcone, Mario Portela y Bernardo Bibel, por unanimidad, dictaron condenas sin precedentes a los integrantes del grupo que con consignas fascistas y discriminatorias durante poco más de dos años atacó en la ciudad y ordenó, en ese mismo momento, la inmediata detención de ellos, con penas de poco más de nueve años de cárcel.
No todos los imputados estuvieron en los distintos hechos atribuidos a la organización. Los jueces fundamentaron la participación de los condenados en el concepto de la coautoría.
El objetivo de sus ataques fueron miembros de la comunidad trans y defensores de la igualdad de género. Actuaron desde octubre de 2013 a febrero de 2016, cuando fueron detenidos, y desde entonces ya no se registraron hechos de este tipo en la ciudad.
“Los delitos perpetrados por los acusados incitan al odio, a la hostilidad, a la discriminación, a la violencia, todos sentimientos destructivos del orden social y democrático”, leyó la sentencia el juez Falcone, y desestimó el cuadro que habían intentado imponer las defensas: “Se nos ha presentado un falso escenario que sitúa estos delitos de odio como una confrontación de tribus urbanas en una disputa del espacio público”.
El Tribunal entendió que los delitos perpetrados por los acusados incitaban "al odio, a la hostilidad, a la discriminación, a la violencia, todos sentimientos destructivos del orden social y democrático”.
Levchenko, Alan Olea y Gonzalo Paniagua fueron condenados a nueve años y seis meses de prisión; Nicolás Caputo a ocho años y seis meses, Giuliano Spagnolo a cinco años y seis meses, Franco Pozas a cuatro años y seis meses. Marcos Caputo a dos años de tratamiento tutelar y Giardono Spagnolo fue absuelto.
En febrero de 2020 la Cámara Federal de Casación desestimó las apelaciones que habían interpuesto las defensas y ratificó esa decisión judicial.
En los días en que atacaban, los integrantes de la banda se mostraban en las redes saludando a la cámara haciendo la venia nazi y mostraban sus insignias fascistas, tatuales de esvásticas, águilas imperiales, cruces y hasta un campo de concentración.
Los portales de noticias locales publicaban las cruces esvásticas pintadas en muros y luego la imagen de sus víctimas, denunciándolos, o ensangrentados. Años después hicieron el mismo relato para un crudo documental, "El Credo". Hay otra película "La Feliz, continuidades de la violencia", que también repasa la acción de estos grupos.
"El Credo" lo dirigió Alan Sasiain y fue estrenado en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. La figura de Carlos Pampillón, vocero de reclamos policiales en 2013 que luego armó Fonapa (Foro Nacional Patriótico), que se presenta como “nacionalista, católico, defensor del orden, defensor de las fuerzas armadas y policiales”, sobrevuela la hora y media del documental.
La película muestra imágenes de grupos cantando el himno de la SS (la Schutzstaffel), riendo y haciendo el saludo fascista “heil Hitler!”. Se los ve con armas. Muestran que hacen artes marciales. Llevan banderas de “familia, honor y tradición”.
También muestra el contexto en que se dio la actuación de los jóvenes condenados. Primero al monumento de “Memoria, Verdad y Justicia” al que llenan de pintadas. Luego al Centro de Residentes Bolivianos (“Fuera Bolivia. La Patria no se negocia”), los actos en la calle con Alejandro Biondini, político de ideas nazis, fundador del Partido Bandera Vecinal.
Y las ramificaciones de los amigos de Pampillón: El Club de la Vaca, Bandera Negra. Agrupaciones formadas por “jóvenes sin rumbo y viejos dinosaurios”, explica en el documental para el que fue entrevistado. De todos modos, Pampillón no fue acusado, pero los imputados, como Levchenko y compañía, fueron cobijados por sus organizaciones.
"El Rusito" Levchenko llegó de pequeño a la ciudad con sus padres, proveniente de Kiev, Ucrania, donde había nacido. Luego, se crió con su abuela en una casa del barrio de La Perla.
Según contó el diario La Capital, en su adolescencia tenía la obsesión por aprender todo lo posible sobre la Segunda Guerra Mundial, por eso visitaba la biblioteca pública Municipal para leer la historia que tuvo a Adolf Hitler en el centro de la escena.
Su banda comenzó a operar en 2013, cuando atacó a un músico en una plaza, luego protagonizó uno de los casos más violentos: los skinheads atacaron a una mujer trans extranjera durante la noche, en la calle Malvinas y 25 de Mayo. La golpearon, la desnudaron y luego en el piso le arrojaron una piedra de gran tamaño que le fracturó la mandíbula en varias partes. El agresor fue identificado: era Levchenko.
En otro de los ataques, la víctima fue Lucas Baima (se contó en el juicio), integrante de la organización “Acción Antifascista”, que recibió una brutal golpiza con palos de PVC rellenos de cemento por parte de miembros del Fonapa, Bandera Negra y la Banda del Rusito, que también estuvo en los enfrentamientos que se produjeron frente a la Catedral durante la marcha del Encuentro de Mujeres en 2015. Esa vez fue demorado cuando encapuchado, con insignias nazis, agredía a mujeres.
Fuente: Clarin.-

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