El 9 de noviembre de 1938 se produjo en la Alemania nazi la "Kristallnacht", o "noche de los cristales rotos", en que fueron destruidas o quemadas la mayoría de las propiedades de judíos en el país, que algunos meses después iba a desatar la segunda guerra mundial.
Tropas de asalto y ciudadanos comunes saquearon hogares y negocios judíos en decenas de ciudades alemanas, destruyendo edificios con mazos y golpeando a gente inocente. Esa noche 30.000 hombres judíos fueron enviados a los campos de concentración. Fue el preanuncio del holocausto.
El pogrom del Kristallnacht siguió a un año de una creciente actividad antisemita en Alemania, de acuerdo con el historiador Eric Johnson. En Alemania y Viena, Austria, el pogrom dañó o destruyó alrededor de 1.500 sinagogas, una gran cantidad de cementerios judíos y más de 7.000 negocios.
Los conflictos étnicos y religiosos, así como la violencia subsiguiente impregnan los titulares de hoy, indicando que la atrocidad de Kristallnacht se encuentra más cercana a nosotros y que no es simplemente una memoria histórica. Es más vital que nunca que todos imitemos el modelo de Wallenberg y de otros salvadores del Holocausto valorando la diversidad, demostrando coraje cívico, compasión y abrazando la causa de la solidaridad.

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